Paisajismo doméstico

Tener plantas en casa es una buena idea. Entretienen, y algunas investigaciones confirman que el verde tranquiliza y hace sentir mejor. He aquí algunas ideas para convertir el hogar en una jungla, aplicando criterios paisajistas y siguiendo los consejos de Pancho Doren y Jesús Monteagudo, fundadores de Casa Protea y autores de Me quiere, no me quiere. Guía para no matar a tus plantas ni de amor ni de pena.

Salón


“En estancias amplias, incorporar una planta de gran tamaño que ordene el espacio es un buen punto de partida. Estas piezas estructurales dan carácter y crean relaciones visuales con el resto de plantas y elementos”, apunta Monteagudo. Por otra parte, “alternar plantas de diferentes tamaños, texturas y colores ayuda a dar profundidad al espacio, evitando que sea plano”, ilustra Doren. Una posible sugerencia para el salón, siempre en función de la luminosidad, es el ficus, “una planta que crece muy rápido y es muy resistente”, detalla Monteagudo. Otra opción clásica es la Monstera deliciosa (o costilla de Adán), “una planta que crece a los lados, en vez de a lo alto”, informa Doren. En Instagram no hay me gusta que se resista a las grandes hojas agujereadas de esta planta tropical que vive en Sudamérica. Eso sí, es importante posicionar las plantas lejos de radiadores, calefacciones, ventiladores y aires acondicionados, ya que pueden alterar la temperatura y la humedad, razón por la que a las plantas no les agradan.

 

Dormitorio

“Es uno de nuestros lugares preferidos para poner plantas. Abrir los ojos al despertar y verlas es una manera genial de empezar el día”, explican Doren y Monteagudo al alimón. “Aunque existe el mito de que las plantas roban el oxígeno, las cantidades que consumen son tan insignificantes que ni aunque durmiéramos en una habitación con treinta plantas nos faltaría el aire, ya que los cuartos nunca son estancos”, tranquiliza Monteagudo. Una sugerencia es la sansevieria o lengua de suegra, una planta que requiere poca agua y absorbe contaminantes ambientales como el benceno, xileno, tolueno, tricloroetileno y formaldehído. 

 

Cocina


“Las cocinas luminosas son idóneas para plantas colgantes. Especies como el Scindapsus pictus, el Epiphyllum anguliger, la Pilea peperomioides o cualquier tipo de tradescatia son buenas elecciones para dar un toque de vida a estos espacios del hogar con acabados más fríos e industriales”, anotan Doren y Monteagudo en su obra. Si se trata de resistir temperaturas elevadas, como las que se dan en la cocina, el potus y la pileas son candidatas claras.

 

Rincones oscuros


La Zamioculcas zamiifolia tolera niveles muy bajos de luz, por lo que es la compañera perfecta para los recodos más lóbregos de la casa. Su rasgo distintivo es que sus hojas son negras (un color muy difícil de encontrar en la naturaleza) y brillantes. También es de las pocas plantas en las que un riego cada tres
o cuatro semanas acostumbra a ser suficiente.

 

¿Funciona el cactus de ordenador?


Cada vez existen más pruebas de que trabajar en compañía de plantas tiene efectos medibles sobre el bienestar. Los encuestados del Informe global de espacios humanos que trabajaron en ambientes verdes resultaron tener un 6% más de productividad, un 15% más de creatividad y mayor salud mental que quienes lo hicieron sin luz natural o plantas. Sin embargo, es un mito que los pequeños cactus que venden algunas tiendas, generalmente al lado de la caja registradora, absorban las radiaciones electromagnéticas emitidas por el ordenador.

 

¿Es peligroso dormir con una planta?


Dormir junto una planta “resta mucho menos oxígeno que yacer en compañía de otra persona o de un gato o un perro”, pondera Ramón Morales, investigador del CSIC. Aunque las plantas transforman por la noche el oxígeno de la atmósfera en dióxido de carbono, algunos especialistas calculan que una orquídea precisaría alrededor de 82.352 horas, más o menos nueve años y cuatro meses, para consumir la totalidad del oxígeno de una habitación de cuatro metros de largo por cuatro de ancho y dos metros y medio de altura, y eso si la estancia permaneciera herméticamente cerrada.