No beber (y otros remedios contra la resaca)

¿El dolor de cabeza, las náuseas y la sequedad del paladar le recuerdan los excesos etílicos de la noche pasada? ¿Piensa en las dos copas de vino de la cena y los dos gin-tonics que cayeron tras esta y se lamenta de no haber parado a tiempo? Pues sí, eso es una resaca en toda regla.

Navidad es la época de exprimir la tarjeta de crédito, de correr de juguetería en juguetería y de las cenas familiares y de empresa regadas con abundante alcohol. Y si bebe más de la cuenta, compra usted muchos números para que le toque el gordo de la resaca: una forma que tiene el organismo de protestar. Si nos ponemos científicos, la resaca es, como explica Enrique Peña Forcada, coordinador del Grupo de Trabajo de Digestivo de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), resultado de la metabolización del alcohol por parte del hígado. “Este órgano transforma el alcohol en acetaldehído y luego en ácido acético. El acetaldehído es un metabolito del alcohol más tóxico que este. La resaca sucede en parte por la exposición prolongada al acetaldehído, responsable del malestar general y el dolor de cabeza”. Pero hay otros factores fisiológicos que contribuyen a que el día después sea un tormento. Beber más copas de la cuenta causa hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en sangre), también responsable del malestar general y la debilidad. Sin olvidar que, debido al efecto diurético del alcohol, señala este experto, el organismo se deshidrata, de ahí también “la sequedad de la boca y el dolor de cabeza”.

 

¿Quiere prevenirla? 

La mejor manera de prevenir la resaca es sustituir el alcohol por algún refresco. Pero si no quiere brindar por el año nuevo con una naranjada, tenga en cuenta al menos algunos consejos: 

 Coma mientras bebe y también antes de empezar a beber. Mejor alimentos ricos en hidratos de carbono (patatas, pasta, arroz, pan, algún que otro polvorón…) y proteínas (carne o pescado). De esta manera, metabolizará mejor el alcohol que si tiene el estómago vacío.

• Evite mezclar bebidas de diferentes tipos, porque parece ser que las combinaciones pueden causar resacas más intensas. Así que nada de un par de cañas antes de la cena, más dos copas de vino durante esta, un vino dulce para bajar los mantecados y algún cubata para animar la fiesta.

 Las bebidas oscuras (como el bourbon o el ron) provocan más resaca que las blancas (como el tequila o el vodka). La explicación es que contienen más congéneres, que son las moléculas tóxicas que se emplean para darles color y sabor.

• Para que se haga una idea, de más a menos efecto resaca, puede tomar nota de la siguiente lista de bebidas: el coñac, el vino tinto, el ron, el whisky, la cerveza, el vino blanco, la ginebra y el vodka.

 Si bebe, mejor no fume. O si fuma, mejor no beba. Según una investigación del Centro de Estudios sobre el Alcohol y Adicciones de la Universidad Brown en Rhode Island (EE.UU.), fumarse unos pitillos empeora la resaca.

 

Cuando es tarde para evitarla

Bueno, qué se le va a hacer. Aparte del consuelo de que la noche valió la pena, aquí tiene algunas ideas para enfrentarse a la temida resaca.

Duerma, descanse, hoy no está para nadie. Deje que su cuerpo dedique el máximo de energía a recuperarse. 

• Beba agua o zumos para combatir la deshidratación que causa el alcohol. 

Si aún oye la música de la disco en su cabeza, y esta parece a punto de estallar, tome un antiinflamatorio tipo ibuprofeno o un paracetamol. 

Coma, aunque le cueste, pero necesita energía para enfrentarse a la resaca. Es importante ingerir alimentos ligeros, nada de fritos o comidas pesadas que irriten todavía más su mucosa gástrica. 

Si el estómago protesta en exceso, tome un antiácido.

Evite tomar en exceso bebidas diuréticas, como el café, que le harían perder todavía más líquido. O si no puede pasar sin el café nada más levantarse, recuerde que es fundamental hidratarse. 

Un chupito del mismo alcohol que bebió el día anterior no le ayudará. Sería algo así como zamparse un buen trozo de pastel para combatir una indigestión. 

 

¿Es usted un acetilador lento?

¿Se ha levantado pensando: “Cuando era joven yo no tenía estas resacas”? Antes de que la resaca derive en crisis de la mediana edad, le queda el consuelo de pensar que es absolutamente normal. Como explica Enrique Peña, “hay personas que tienen un sistema enzimático que trabaja más rápidamente que el de otras”. Hay acetiladores rápidos (raudos a la hora de metabolizar e inactivar el acetaldehído), que son los que apenas se emborrachan, y acetiladores lentos, que cogen el punto con mucha facilidad. “Entre estos últimos, encontramos a las personas de más edad y a las mujeres”, añade Peña.