A ritmo lento

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¿Se acuerdan de Momo? En la novela de Michael Ende, una niña huérfana se enfrenta a los hombres de gris que están usurpando el tiempo a los seres humanos sin que estos tomen conciencia de ello. Cuarenta años después de su publicación parece que la gente ya se está dando cuenta de ello. “Cuando preguntas a las personas qué echan de menos generalmente coinciden en la falta de tiempo para cultivar el mundo de los afectos”, asegura María Novo, presidenta de la Asociación Slow People. “Cuando nos roban tiempo, nos están robando libertad”, recoge en su último libro, El éxito vital (Editorial Kairós). Ya lo apuntaba también Carl Honoré, referente del movimiento por la vida más lenta. Tanto María Novo como la psicóloga Cristina Riera apuntan los primeros pasos que ayudan a que la vida baje de ritmo.

Pararse Primero, pasar un fin de semana solo. No encerrado en casa, sino para dar largos paseos y preguntarse qué es fundamental en la vida de uno. Luego, ya en el día a día, ser capaz de pararse en algún momento y tomar conciencia de la respiración y del estado del cuerpo. Así fluyen las sensaciones y bajan los latidos del corazón.

Decir no. Se acabó asumir todo lo que se nos pida. Aprender a decir no. Es difícil porque las exigencias externas hacen sentir importantes a las personas. Y eso gusta mucho. Es necesario un ejercicio de humildad y aceptar que no se es imprescindible. Además, generalmente la gente encaja mejor de lo que se cree cuando recibe un no.

Apropiarse del tiempo. Decidir en cada instante hacer lo que uno cree que es necesario, sin dejarse influenciar por el entorno. En lugar de ser espectador, mejor convertirse en protagonista. Si algo no va bien hacerlo aquel día o al siguiente, tal vez sí el mes que viene. Esto funciona tanto en el ámbito personal como en el profesional.

Programar la agenda. Hacer una lista de prioridades. Se puede hacer para toda la semana o cada día, en ese caso, la misma mañana o la noche anterior. Establecer qué es imprescindible resolver. Es fundamental para no asumir más responsabilidades si la agenda ya está llena.

Sabor a libertad. Cuando se dan estos pasos hay un momento en que se siente la libertad, una sensación que ya no se quiere perder.

Consecuencias. Es una nueva forma de vivir que va destilando en iniciativas sociales que recogen esta sensibilidad en la recuperación de los tiempos, sea la iniciativa italiana de slow cities o restaurantes slow food.

 

El entorno ayuda
Es la idea de las ciudades slow, que cumplen con unos requisitos para que vivir más lentamente sea más fácil. Se tiene en cuenta criterios como infraestructura, promoción de productos locales y proximidad… El logotipo del caracol las identifica. Es el caso, en España, de Pals, Begur, Rubielos de Mora, Lekeitio, Mungia, Morella, Begues y Balmaseda.