Souvenirs de Burdeos

La ciudad del sur de Francia tiene uno de los centros urbanos más extensos y mejor conservados de los galardonados por la Unesco por su patrimonio arquitectónico

La Cité du Vin, el Guggenheim de Burdeos y su nuevo referente arquitectónico (Piscool)

Finesse. Si hay que elegir una palabra para definir Burdeos es finura. Si se pueden escoger dos, finura y elegancia. Y si en el menú está incluido el postre: finura, elegancia y bouquet, esa característica que habla de sabor, cuerpo, aroma…. Y usted dirá algo así como, “uf, otra ciudad francesa de provincias arregladita’’ o a lo mejor algo asá como “vista una, Toulouse, Lyon, Rouen… vistas todas”. Tal vez y tal vez no, pero qué hay de malo en ser de provincias y, además, a quién le amarga otro bonbon.

Para empezar, Burdeos no es un clásico sino un neoclásico, una mina de edificios y monumentos tan bien preservados y envueltos para regalo que los de la Unesco todavía andan boquiabiertos. Apenas hay edificios feos en el centro de la ciudad que rompan con la continuidad arquitectónica labrada a pulso en los siglos XVIII y XIX. La divisa que perfila esa prestancia se define con un “Está usted entrando en un área de sensibilidad patrimonial”. El aviso denota un peligro evidente… el del enamoramiento sin cursilerías. Cualquier portal, fachada o librería merece una foto. Los cafés franceses, las pastelarias portuguesas y los puestos de comida callejera de los mercados, una parada para retomar el resuello.

Es cierto que en los prospectos no se cita a Stendhal: “Sin discusión, la ciudad más bella de Francia”… en parte porque el temible y agrio escritor-viajero alababa tanto como azotaba. Ejemplo: “El Grand Théâtre no vale nada como arquitectura”. Otro: “la fachada de la iglesia de San Bruno está construida en estilo italiano ridículo”. Eso sí, puestos a despellejar, mejor que te raje Stendhal que Tripadvisor.

Hay una manera de recorrer Burdeos que se podría definir como “de perdidos al río”: callejear con el Garona de faro en un centro bastante alérgico a los coches. Puestos a perderse, mejor donde está la gente, el mercado de Capucines, crudo y auténtico, nada de monerías neogastronómicas; la zona de Saint Pierre; el Jardin Public o el Darwin Ecosystème, espacio de creación y ocio que pide paso.

Reaprovechando espacios que no tienen uso en el siglo XXI, el experimento Darwin está instalado en unos viejos cuarteles del ejército y se rige por leyes menos marciales: manda la economía verde, lo bío, los skates, el trabajo compartido y muchas butacas para pensar y no pensar mientras se entierran los pies en la arena de la playa con vistas al río y al área monumental. A la derecha también se alcanza a ver la imponente Cité du Vin, el Guggenheim de la ciudad girondina, que se retuerce como una cobra que hipnotiza... o serán lo sorbos del Saint Émilion.

IMPERDIBLES

TERRITORIO UNESCO
Hay muchos centros urbanos galardonados por la Unesco por su patrimonio arquitectónico: el de Burdeos es de los más extensos y conservados con edificios que quitan el hipo a simple vista y otros, más anónimos, igual o más bellos en comparación.

MARCHÉ CAPUCINES
El mercado más pintoresco de la ciudad, con sus puestos de frutas y verduras y, especialmente sus restaurantes de cocinas del mundo, donde la sofisticación está en los sabores no en la decoración, ni en los manteles.

LE JARDIN PUBLIC
Es verdad que el Garona se lleva la fama como primera atracción natural de Burdeos, la lana la carda el Jardin Public, 11 hectáreas de extensión, creado en 1746, situado justo fuera del centro. Alberga el Museo de Historia Natural y unos paisajes japónicos preciosos.
 

RUTAS DEL VINO
Merecen un capítulo aparte porque sus nombres son legendarios. Hay cinco recorridos principales del vino en Burdeos: al noroeste, el del Medoc con sus castillos; al sur la ruta Sauternes-Les Graves; al noreste, la région de Saint-Emilion con su pueblo medieval incluido en el paquete; y junto al estuario del Garona, las rutas de Blaye y Bourg. La quinta es la región de Bordeaux-Entre-deux-Mers, bien llamada la Toscana Bordelesa.