Cómo hacer cerveza en casa

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Al igual que Barack Obama fabricó su propia cerveza en la Casa Blanca, otros aficionados están haciendo lo propio en medio mundo arrastrados por la fiebre del home brewing o de la elaboración casera. Se trata de cervezas de autor elaboradas por un número creciente de particulares (según la asociación The Brewers of Europe, en el año 2017 existían en España 465 microcervecerías) que en algunos casos pasan de fabricar 25 litros de cerveza para consumo propio y compartir con los amigos a impulsar pequeñas marcas que se sitúan en las antípodas de la producción estandarizada.
Según Sergi Freixes, coautor junto con Albert Punsola de El mundo de la cerveza artesanal (Larousse), se trata de tener una actitud abierta en la que el único límite es la imaginación. Aunque los ingredientes básicos son agua mineral (el cloro del agua potable aniquila los organismo vivos y se desaconseja), malta, lúpulo y levadura, cada productor cuenta con su librillo, habiéndolos que añaden frutas como la cereza y la frambuesa (las dos más comunes), pero también miel, vainilla, café, arroz, cacao, rosa de Alejandría, coco, galletas, hierbas y plantas de toda clase como romero, anís, tomillo y cilantro. “Por haber, hay quien añade jamón serrano al fermentador”, desvela Jordi Poblador, maestro cervecero de Birra 08, una cerveza artesanal viva (o sea, que evoluciona en botella) surgida en Barcelona.
Por la Península e islas han surgido otras marcas auténticamente locales: Naparbier (Navarra), La Virgen y La Cibeles (Madrid), Dougall’s (Cantabria) Tyris (Valencia), Bizarra (Salamanca), Pirineos Bier (Huesca)… Muchas de ellas son creación de cerveceros que comenzaron como David Comino, un geólogo  que se inició en este arte en el año 2013. “Cuando alguien me dice que no le gusta la cerveza le respondo que eso es porque no la ha probado”, arguye.
Aunque en internet pueden encontrarse kits básicos para elaborar cerveza en casa desde por 30 euros, lo ideal, dice Comino, es invertir un poco más y procurarse una olla de 25 litros, como mínimo, un termómetro, un densímetro para el mosto, un fermentador y una máquina para poder chapar las botellas. Poblador añade un último enser a la lista: “Un intercambiador de placas para enfriar con seguridad y no echar a perder el trabajo de ocho horas”. Básicamente, se trata de diluir el mosto en el agua, añadir los lúpulos, enfriar el líquido, añadir la levadura y volcar en el fermentador. Luego se embotella el producto, se echa una pequeña cantidad de azúcar para generar carbónico, se cierra la botella y listo.
Hay varios consejos para sortear errores típicos. Uno de ellos es “guiarse por una receta hasta dominar el proceso y sólo entonces atreverse a experimentar”, aconseja Freixes. Otro, controlar la higiene, sobre todo, cuando la cerveza deja de estar caliente y se enfría, para no arriesgarse a que una infección oportunista estropee el proceso”, apunta Comino, quien también recomienda tener siempre a mano una fregona y un cubo.
La tercera recomendación es cumplir con los rangos de temperatura que aconseja cada fabricante de levadura. Y el último consejo y más importante: disfrutar. No en vano, la mayoría de cervezas artesanas se elaboran despacio y se beben deprisa, al no pasar por la pasteurización industrial. 

Lecturas cerveceras
Los aficionados cuentan con varios libros de referencia. Uno es El mundo de la cerveza artesanal (Larousse Editorial), obra de Albert Punsola y Sergi Freixes, que está a punto de agotar su tercera edición. Otros manuales para inspirarse e instruirse son La cerveza: poesía líquida. Un manual para cervesiáfilos (Trea), de Steve Husley; How to Brew (Brewers Publications), de John Palmer; La cerveza artesanal (CerveArt), de Francisco Sánchez y Albert Tintó, y El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres (Tusquets), de  Philippe Delerm.

El mejor vaso 
Aunque hay casi tantos vasos como tipos de cerveza, si hay que quedarse con uno (de pinta, pilsner, stange, weizen, spiegelau, jarra clásica, jarra stein...) el elegido por Sergi Freixes es la copa teku. Creada por Teo Muso, de la microcervecería italiana Baladin, y el analista sensorial Lorenzo Dabove, se trata de un recipiente diseñado para potenciar las características organolépticas de la cerveza y optimizar la retención de la espuma. Al margen de esta copa algo más alargada que la de vino, el tradicional vaso inglés de pinta es el más utilizado en las catas.

¿Lata, botella o grifo?
La tradicional pregunta que antecede a la bebida tiene respuesta para los entendidos. “Grifo”, contesta Jordi Obrador, maestro cervecero. “Siempre y cuando el barril esté en buenas condiciones y la cerveza se sirva bien y tenga dos dedos de espuma, ni uno ni cuatro, y el vaso no se llene hasta el tope”, puntualiza. “En barril es donde mejor se mantiene la cerveza. Ahora bien, si el local no ofrece garantías, es preferible la botella, sin duda”, apunta Sergi Freixes, coautor del libro El mundo de la cerveza artesanal. Por su parte, otros aficionados, pese a reconocer que las latas han mejorado mucho y que los barnices internos ya no saben a metal, apuestan por el barril si se trata de compartir y por la botella si la cerveza se toma en solitario.