Toda una orquesta de aromas

LA ORQUESTA SOTO Y MANRIQUE 2014. VINO DE LA TIERRA DE CASTILLA Y LEÓN. BLANCO, 13,5%.  PVP APROXIMADO: 14 €.

Tierras blancas de arena y cal alimentan viñas de verdejo y chardonnay plantadas hace más de 25 años a 850 m de altitud en el valle del Duero. En la bodega de Soto y Manrique, el vino descansa diez meses con las levaduras que lo crearon; la mitad, en barricas de roble muy usadas –hay que respetar su esencia, adornar el fruto sin enmascararlo–; la otra mitad, en ánforas." data-share-imageurl="http://www.magazinedigital.com/sites/default/files/field/image/la-orquesta-01.jpg">

LA ORQUESTA SOTO Y MANRIQUE 2014. VINO DE LA TIERRA DE CASTILLA Y LEÓN. BLANCO, 13,5%.  PVP APROXIMADO: 14 €.

Tierras blancas de arena y cal alimentan viñas de verdejo y chardonnay plantadas hace más de 25 años a 850 m de altitud en el valle del Duero. En la bodega de Soto y Manrique, el vino descansa diez meses con las levaduras que lo crearon; la mitad, en barricas de roble muy usadas –hay que respetar su esencia, adornar el fruto sin enmascararlo–; la otra mitad, en ánforas. Así recibe una microoxigenación que doma la acidez a base de maternales caricias. Descorchada la botella, el vino evoluciona lentamente asentado en la copa: comienza describiendo una interminable retahíla de frutas: melocotón en almíbar, lichis, maracuyá, mango, fresas en yogur, plátanos como gominolas, mermeladas de frutos del bosque, crujientes peras, brillantes cerezas, el zumo de una naranja sanguina e incluso recuerda al típico helado de limón de los restaurantes antiguos. Después transporta a una mesa en la terraza con vistas a la pinada, donde aguarda un delicioso desayuno en el que no faltan tostadas con mantequilla, croissants recién sacados del horno de leña, un cuenco con cereales y almendras sin tostar, una taza de leche salpicada de café, virutas de chocolate blanco y, de postre, un merengue de vainilla. Al beberlo se percibe amplio, goloso y con una acidez que nace de la profundidad de la boca hacia los labios. Su textura es casi tan envolvente como una gelatina, reivindica su crianza sobre lías y sella en el paladar una huella de resinas, cedro, flores y caramelo.