Oslo, la belleza de lo discreto

Oslo es una capital discreta, contenida en el número de habitantes y en las dimensiones de su centro histórico. Ideal para el turista, todo está a una cómoda distancia a pie, desde la histórica fortaleza de Akershus –donde contemplar el fiordo– hasta el emblemático edificio de la ópera, una maravilla hecha de madera, luz y cristal concebida por Snøhetta, el mismo equipo que creó la nueva Biblioteca de Alejandría. Muy cerca, rascacielos y grúas que trabajan día y noche para terminar el ultramoderno barrio de Barcode, que se plantea como dinamizador de la zona este de la ciudad. Al oeste ya tuvo su efecto la remodelación del astillero de Aker Brygge, hoy un centro comercial y terrazas muy apetecibles cuando brilla el sol, cercanas al Nobel Peace Center, espacio que invita a la reflexión. Del mismo muelle parten ferries que llevan a la península de Bygdøy, donde además de los museos dedicados a la memoria de los vikingos y a la expedición de la Kon-Tiki, se extiende un extenso bosque que en tiempos fue coto de caza real. Para acabar el día, la catedral del Salvador, abrazada por un claustro con tiendas y restaurantes con encanto.