Rétino, entre dos aguas

Creta es la más meridional de las islas griegas y, quizá, una de las que han pasado de mano en mano más veces, acumulando historia como consecuencia inevitable. Un claro ejemplo es la ciudad de Rétino, en el centro de la costa norte, que floreció bajo el dominio veneciano en el siglo XVI, pero también fue refugio de personajes ilustrados que huyeron de Constantinopla tras su caída. Todo ello es evidente en el laberinto de callejuelas de su casco antiguo, donde alternan los palacios venecianos con las casas de aire oriental, decoradas con balcones y rejas de forja. Entremedio despliegan su sombra los emparrados, refrescando el camino hacia el puerto. Lo domina la Fortetsa, el baluarte que construyeron los vénetos tras el ataque del pirata Barbarroja. En su interior se encuentran una mezquita y una pequeña iglesia, otro ejemplo de esa mezcla de culturas que es Rétino. Desde la fortaleza, el paseo marítimo parece una única terraza al aire libre, por cuanto se suceden animados cafés y restaurantes que bordean la lengua de arena de su playa. Y es que la vida, en Grecia, se saborea al aire libre.