Destinos elementales

TIERRA

Monte Uluru

AUSTRALIA
El viajero Bruce Chatwin escribió uno de sus libros más célebres inspirado por los “trazos de la canción” de los aborígenes australianos." data-share-imageurl="http://www.magazinedigital.com/sites/default/files/field/image/monte-uluru.jpg">

El fuego, la tierra, el aire y el agua son los cuatro elementos de la naturaleza y, según el psicólogo Carl Gustav Jung, guardan una íntima relación con las cuatro maneras que tenemos las personas de comprender el mundo que nos rodea. Así, el fuego tendría que ver con la intuición, la tierra con las sensaciones, el aire con el pensamiento y el agua con los sentimientos. En la vida cotidiana, alguna o varias de estas aptitudes permanecen dormidas, a la espera de que un estímulo externo las devuelva a la vida. ¿Qué tal un viaje para despertarlas?

Monte Uluru, Australia

TIERRA

Monte Uluru

AUSTRALIA
El viajero Bruce Chatwin escribió uno de sus libros más célebres inspirado por los “trazos de la canción” de los aborígenes australianos. Cada grupo familiar se sabe de memoria una parte de la gran balada del Tiempo de los Sueños, un canto que es a la vez mapa y relato que permite cruzar el desierto sin perderse. Sólo hay que interpretar los símbolos, puesto que una montaña puede ser en realidad un dios canguro recostado. De entre todos los accidentes naturales, el más destacado es el monte Uluru o Ayers Rock, sagrado para la tribu de los pitjantjatjara.
Nota: Uluru atrae al turismo y también a las compañías que ofrecen servicios poco originales y caros. En cambio, si se viaja al Norte, hasta las poblaciones aborígenes de Arnhemland y Kimberley, se podrá contar con un auténtico guía de la región. Imprescindible llegar durante la estación seca (abril-noviembre). 

 

Monument Valley

Estados Unidos
Las clásicas películas del oeste evocan con frecuencia las largas siestas del domingo por la tarde frente al televisor, pero también los increíbles paisajes de Monument Valley, aquellas catedrales de piedra que se sitúan justo en la frontera entre Utah y Arizona. Lejos de todo, estos parajes invitan a descubrir la vida de los últimos nativos americanos, los navajos, hoy encargados de los servicios turísticos que permiten recorrer los casi 30 kilómetros de pistas que bordean las columnas en piedra más reconocibles. Puestos a evocar el espíritu de la aventura, mejor prescindir del todoterreno de alquiler y montar un caballo para realizar el recorrido.
Nota: el cineasta John Ford se enamoró de Monument Valley y rodó buena parte de sus películas allí. Dormía en Goulding’s Lodge, un pequeño hotel que hay que visitar por su reducido museo dedicado al director y para ver “la cabaña de John Wayne”, un edificio anexo que sirve de almacén y en el que se instalaba su actor fetiche. (1000 Main Street. Monument Valley, Utah. Tel.: +1 (435) 727-32-31.

 

Selva del Madre de Dios

AMAZONAS PERUANO
El Madre de Dios es uno de los poderosos afluentes del río Amazonas, pero no se encuentra en Brasil, sino en Perú, como bien saben los aficionados a la ornitología que se acercan a él. El Madre de Dios también es la invitación a explorar la selva del Manu, reserva de la biosfera que se puede visitar en su periferia o acercándose hasta comunidades de indios contactados o semicontactados, como la de Tambopata. Desde su territorio, se parte para conocer las ruinas de Pusharo, unas paredes de piedra cubiertas de petroglifos que aún siguen perdidas en la jungla, a la espera de quien les quite la hiedra.
Nota: si bien es verdad que hay hidroaviones que se posan en lodges instalados en islas del Madre de Dios, resulta más económico y fácil llegar hasta ahí en coche desde la ciudad de Cuzco. La pista de tierra sólo tiene 200 kilómetros de longitud, pero su estado hace que se avance lento y se puedan llegar a ver por el camino aves tan esquivas como el gallito de roca o el quetzal. 

AIRE

Las Eolias 

Italia
Aunque la película Stromboli, protagonizada por Ingrid Bergman, dio cierto renombre a la más característica de las islas de este archipiélago situado frente a la costa de Sicilia, hay que reconocer que el turismo masivo nunca se ha sentido atraído por el destino. Uno de los motivos puede ser lo entretenido que resulta llegar hasta allí a bordo de ferris de singladura interminable. Otro, el viento que sopla en las islas y que honra la memoria del dios Eolo –toda una bendición en los días más calurosos de agosto–. A Ulises le vino muy bien para escapar rumbo a Ítaca...
Nota: cuando el calor aprieta, hay que alquilar una barca y acercarse a la isla de Salina, donde Da Alfredo’s vende el mejor granizado del mundo. Puede que sea exagerado, pero esta salida puede ser la excusa perfecta para ver los escenarios donde Massimo Troisi rodó la película El cartero y Pablo Neruda.

 

Cabo de Hornos

Chile
En otras épocas, cruzar el cabo de Hornos daba derecho a lucir un aro en la oreja izquierda, de modo que quien la mirara, supiera que tenía delante a todo un lobo de mar. A pesar de los avances tecnológicos, la unión de corrientes y vientos sigue aportando una elevada dosis de azar a la travesía. No en vano son los “rugientes 40”, los feroces vendavales que soplan más allá de los 40º de latitud. Para disfrutar de unas buenas ráfagas de viento y de paisajes espectaculares, basta con embarcarse en la población argentina de Ushuaia en alguna de las excursiones de uno o varios días por el canal Beagle, o bien, se puede volar a la isla chilena de Navarino con la misma pretensión.
Nota: para contemplar el mar de Drake desde el cabo de Hornos, conviene viajar durante el invierno austral (el verano europeo), momento en que el océano está más calmado. La alternativa a la visita del cabo de Hornos chileno es la isla de los Estados, en el lado argentino del Beagle. Julio Verne sitúa allí la acción de El faro del fin del mundo.

 

Islas Feroe 

Dinamarca
En medio del mar del Norte se encuentra este archipiélago de islas agachadas para resistir la fuerza del viento. Tanto es así, que todas parecen peinadas hacia la izquierda: por la costa este parecen suaves colinas cubiertas de prados verdes que trepan hacia la cumbre, mientras que por el oeste se precipitan al mar en acantilados de vértigo (foto inferior). Desafiándolos, revolotean los frailecillos, en especial en la isla de Mykenes, famosa por acoger una de las mayores colonias del mundo de estas aves.
Nota: las carreteras en las Feroe están en perfecto estado y disponen de múltiples túneles submarinos y puentes para comunicar una isla con otra. No obstante, el método más rápido de desplazarse es el helicóptero. Al ser considerado de primera necesidad, el precio de cada trayecto no es disparatado.


Monte Cook

Nueva Zelanda
El monte Cook se alza sobre los Alpes neozelandeses, en la isla sur del país. Su silueta resulta familiar por haber aparecido en las diversas adaptaciones cinematográficas de El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien. Lo que no resulta tan evidente a primera vista es que sus 3.724 metros son francamente complicados de escalar debido al fuerte vendaval que azota siempre la cumbre. Al tratarse de una isla, no hay nada que detenga el viento que se cierne sobre la cúspide. De hecho, según los maoríes, el monte Cook o Aoraki es en realidad un náufrago de la Polinesia que murió congelado.
Nota: también es posible disfrutar de la vista del Cook y de los parajes que lo circundan gracias a una excelente red de senderos. Y al final del día, nada como instalarse en el hotel Matuka Lodge, el mismo donde se alojaba Edmund Hillary mientras se entrenaba en la zona para lanzarse más tarde a la conquista del Everest. Old Station Road, Twizel, Nueva Zelanda. Tel.: +64 3-435-0144. 
 

FUEGO

La Araucanía y los lagos

Chile
Hay un lugar del mundo en el que aún se puede contemplar el paisaje tal y como era en la prehistoria. Se trata del parque nacional de Conguillío, en la Araucanía chilena. Esta remota región tiene en el volcán Llaima su imagen más destacada. Es un peculiar volcán que cuenta con dos cráteres en lugar de uno, y del que emerge de forma constante una columna de humo. No en vano, el Llaima ha entrado en erupción más de 30 veces desde 1640. En una de estas se truncó el río TrufulTruful, lo que provocó la aparición de varios embalses naturales como las lagunas Verde, Captrén o Arcoiris. Las rodean frondosos bosques de araucarias, un árbol de hoja perenne y forma de paraguas que llega a vivir más de 1.200 años.
Nota: el sendero de Sierra Nevada y las inmediaciones del lago Conguillío brindan la oportunidad de ver el huemul, un cérvido endémico de Sudamérica en peligro de extinción. Sin hacer ruido, se puede ver buscado piñas, tal y como sugiere la traducción del nombre mapuche de Conguillío: agua con piñones.

 

Volcán Kilauea

 HAWÁI
¿Vale la pena volar hasta el otro lado del mundo para poner el pie sobre una brasa? Si el itinerario de viaje incluye Hawái como destino final, la respuesta es sí. Aislada de todo, como corresponde a un archipiélago que tiene a más de 3.800 kilómetros de distancia cualquier continente donde buscar refugio en caso de erupción, la isla Grande de Hawái no ha dejado de manar lava desde 1983. En concreto, el volcán Kilauea garantiza fogonazos y ríos de lava en cualquier época del año. Eso sí, la ascensión a la cumbre lleva un buen rato. 
Nota: siempre en la isla Grande, el cráter apagado del Mauna Kea es un lugar famoso entre los aficionados a la astronomía. Cuenta con el aliciente añadido de poder contemplar el cielo con el resplandor rojizo del Kilauea como telón de fondo. Y para que el sueño no estropee la velada, nada como tomar una taza del café lona que se cultiva en la isla.

 

Capadocia

TURQUÍA
El hombre siempre se empeña en habitar lo inhabitable. Un buen ejemplo está en Turquía, en la región de Capadocia, donde las cenizas de un volcán, convenientemente enfriadas y modeladas por el viento y los siglos, han dado lugar a un paisaje onírico que se conoce con el nombre de chimeneas de hada. En este singular paisaje de terrenos maleables se han excavado iglesias, casas y establos, construyendo cuevas artificiales que llegan a formar verdaderas ciudades subterráneas.
Nota: puestos a visitar Capadocia desde todos los ángulos, en el valle de Göreme es posible sobrevolar las viviendas trogloditas en globo aerostático. Lo habitual es que alcen el vuelo al amanecer, para ver cómo va saliendo el sol desde el aire. Si el presupuesto es un problema, vale la pena acercarse al pueblo de Uchisar, que ofrece una gran panorámica desde lo alto de su castillo. 


Volcán Snaefellsjökull

ISLANDIA
Un viaje a Islandia es como asistir a un diálogo entre las grandes masas de hielo y las fuerzas ardientes del subsuelo. Con más de 200 volcanes, la isla tiene todos los números para abundar en géiseres y baños termales, así como fumarolas que dibujan paisajes increíbles gracias a los óxidos que tiñen la tierra. Se puede visitar desde el cráter del volcán Snaefellsjökull, donde Julio Verne situó su entrada al centro de la tierra, hasta el glaciar Vatnajökull, en el parque nacional de Skaftafell, el mayor de Europa. Probablemente lo haya visto en alguna escena de la serie Juego de tronos.
Nota: Islandia se recorre cómodamente en coche siguiendo la carretera nacional 1, que rodea su perímetro como un anillo. En parte está asfaltada y en parte no, pero sólo se puede completar en verano. De todos modos, conviene saber que la mayor parte de los vuelos que van y vienen de Islandia tiene cadencia semanal, de manera que hay que planificar rutas de siete o de 14 días.

 

AGUA

Sri Lanka

En poco tiempo se ha convertido en uno de los destinos de moda. La verdad es que no le faltan méritos: la antigua Ceilán disfruta de playas de película (foto inferior) y restos coloniales holandeses en el sur e interesantes ruinas del siglo XI al norte, en especial en las ciudades de Polonnaruwa y Anuradhapura. Y en el centro no hay que olvidar las plantaciones de té y la estación de estilo inglés de Nuwara Eliya, además de la ciudad sagrada de Kandy, donde se guarda un diente sagrado de Buda. Hasta Indiana Jones se dejó caer por aquí para rodar una de sus aventuras, en parte cerca del río Mahaveli Ganga y su reserva de elefantes.
Nota: en la costa sur y no lejos de la ciudad colonial de Galle se encuentra la playa de Welligama, a la que hay que acudir al atardecer para ver los stilt fishermen, los pescadores que pasan las horas muertas en equilibrio sobre un poste plantado en el mar. Aunque no lo parezca, resulta más seguro pescar así que en un bote en este mar embravecido.

 

Mauricio

Es el lugar ideal para aquellos que aman la playa pero quieren hacer algo más que tostarse al sol. A este lugar del Índico llegaron los holandeses, los franceses, oleadas de emigrantes de India… Todos trajeron sus costumbres y tradiciones, por lo que recorriendo la isla se van encontrando templos hinduistas, mezquitas e iglesias en pacífica convivencia. Se diría que más que una república, Mauricio –que incluye esta y otras islas menores: en la foto, un islote– es una utopía hecha realidad. Hasta el mar la respeta, rompiendo las olas contra la barrera de coral, de manera que llega amansado a las playas de arena fina.
Nota: a Mauricio hay que llevar una maleta extra vacía o comprar una allí. Sus habitantes viven del azúcar, del turismo y de la industria textil, por lo que abundan outlets de ropa de marca como The Caudan, en el muelle de Port Louis, la capital. No se trata de imitaciones, sino de confecciones encargadas por verdaderas firmas de moda.

 

Islas Lofoten 

Noruega
Decir Lofoten es tanto como decir industria del bacalao, aunque de entrada no resulta muy atractivo para el turista medio. Claro que la mejor temporada para pescarlo va de febrero a abril, por lo que no suele coincidir con la temporada de vacaciones de la mayoría. En verano, los dos metros de nieve que aquí uno se puede encontrar en la puerta de casa como norma el resto del año se transforman en temperaturas suaves y días interminables, gracias al sol de medianoche. Los fiordos de las Lofoten están rodeados por montes de 1.200 metros, que sin ser mucha altura, resultan muy fotogénicos al precipitarse en el mar de forma abrupta. Son los supervivientes de la última glaciación. 
Nota: para enamorarse de las Lofoten hay que hacer como los noruegos: alquilar una antigua cabaña de pescadores o rorbu junto al mar. Después del largo invierno, cualquier excusa es buena para estar en contacto con el sol y la naturaleza, y quizá el mejor sitio para hacerlo sea Nusfjord, cerca de Flakstad. Se trata de un antiguo poblado reconvertido en cabañas vacacionales, que además cuenta con la consideración de herencia cultural noruega. Tel.: +47-76093020.

 

Maldivas

El mar es el protagonista absoluto del paisaje de las Maldivas, un país insular situado al sudoeste de India y que sólo dispone de un 10% de tierra firme en toda la superficie que ocupa. Incluye 1.200 islas, muchas de las cuales son inhabitables o sólo aptas para el baño. Diversos hoteles se han apoderado de varias, construyendo refugios de privacidad ajenos a la tradición musulmana del país. Pero lo mejor está bajo el agua, donde la vida marina despliega toda su imaginación, como haciéndose eco de los nombres con los que se conocen algunos de sus peces: pez ángel, pez Picasso…
Nota: por mucho que la playa del hotel resulte atractiva, vale la pena acercarse al menos un día al mercado de Malé, la capital. En este caso, conviene recordar que es un país musulmán, por lo que cierta discreción en el atuendo será bien recibida. Además, la intensidad del sol aconseja cubrirse un poco. Dentro de las actividades, la luna llena y las aguas claras permiten la práctica del submarinismo nocturno.