La mirada de oriente: La vitalidad

La vida transita en Occidente siguiendo un plan establecido, con calles geométricas y asépticas que construyen la metrópoli. Poco queda de la urbe medieval con su laberinto de calles formando espirales. En las modernas junglas de asfalto, el hombre corre el riesgo de convertirse en un simple autómata, atrapado por el tedio de su rutina y unas normas que lo pautan todo. 

El orden parece bueno para la convivencia de la muchedumbre solitaria, pero apaga su vitalidad. Vagamos en silencio dentro del metro, hipnotizados por las pantallas de nuestros dispositivos digitales. Circulamos obedientes consumiendo las horas en el tráfico. Vivimos en un mundo perfectamente organizado, olvidándonos del caos que nos devuelve a la vitalidad con la que nacimos. De seguir así, tal vez un día vivamos en ciudades decorado, como en un gigantesco show de Truman, con sistemas de aire acondicionado sustituyendo al viento y focos irradiando luz solar. Mientras esto no nos alcance, sería bueno transitar entre el enjambre humano de un gran bazar, sintiendo ese estallido de vitalidad que nos expande la mente y despierta los sentidos. Penetrar en un mercado constituye un baño de humanidad casi ancestral, recordando que la vitalidad no siempre fue ordenada sino más bien díscola, expansiva y vociferante. Los bazares de Oriente son maravillosos teatros del mundo que el viajero lleva siempre en el corazón. Al regresar se les echa de menos, como al bullicio de las calles donde la vida explota. Deberíamos encontrar el equilibrio entre ese orden nuestro y el caos de aquellos lugares. Celebremos la vida en los mercados porque no hay nada más bello que sentirse vivo rodeado de un montón de humanidad.

Mercado de Chandni Chowk

Chandni Chowk es uno de los mercados más antiguos de Delhi. Discurre por la ciudad amurallada, próximo al Fuerte Rojo. Construido por el gran sha Jahan en el siglo XVII, vende productos al por mayor a lo largo de un laberinto de caóticas callejuelas ordenadas por gremios artesanales. Olores penetrantes y colores intensos se mezclan en un desbordante bazar de humanidad contagiosa. Visitarlo es toda una aventura en la que hay que sortear motos, bicicletas y rickshaws. Dejarse arrastrar por su mar de humanidad, contactando con la bulliciosa hiperactividad, supone una de las mejores entradas a la energía de India.

LA PRÁCTICA: PASEAR POR UN MERCADO

Entra en un mercado sin un plan establecido. Despierta los sentidos y piérdete entre sus paradas, dejándote llevar por la corriente de gente. Escucha los gritos, rastrea los productos, huele las esencias y vibra con los colores. Para acabar, ve a su punto neurálgico, en la entrada o el centro, y deja que las sensaciones te invadan.