Templo de Brihadishvara

En la pequeña localidad de Thanjavur, al sur de India, se erige este monumental templo de granito consagrado al dios Shiva. Se trata de uno de los más bellos exponentes de la arquitectura tamil, perteneciente a la dinastía Chola. Se completó en el 1010 d. C. y hoy es patrimonio de la humanidad. Dentro de un bonito patio porticado, cruzando una inmensa muralla, el templo se aparece como una pirámide de sesenta metros, esculpida con múltiples figuras, escenas y representaciones. Su interior es un viaje ancestral, de la luz a la noche de los tiempos para adorar el lingam o símbolo de Shiva, dios destructor y danzador cósmico que nos recuerda que todo cambia.

Todo cambia

Las antiguas tradiciones orientales coinciden en aceptar que todo está en permanente cambio. Desde el I Ching o libro de las mutaciones, escrito en China hace más de tres mil años, se considera que el universo está regido por el cambio y el baile de los opuestos. Igualmente, el budismo nos habla del concepto de anicca o la impermanencia de las cosas. Mientras en la cultura hinduista más primitiva, vinculada al shivaísmo, se habla de la energía spanda como vibración dinámica y cambiante. Shiva en su forma de Nataraja o danzador cósmico, simboliza el eterno ciclo de evolución y la transmutación de la naturaleza. Como establecen las estaciones, todo cambia y todo regresa, pero en ningún caso podemos aferrar las cosas. Nuestra mente quiere poseer, detener, mantenerse en la zona de confort. Eso puede darnos estabilidad en cierto sentido, pero cuando negamos la naturaleza del cambio, enfermarnos. La rigidez que se opone al cambio conlleva en muchas ocasiones la raíz del sufrimiento. Por el contrario, si danzamos a la vida y fluimos con ella, vivimos más tranquilamente. No es fácil asumir que todo cambia dado que ello implica soltar y dejar ir. Hay muchas cosas que se van, como los hijos cuando crecen o las parejas que ya no se quieren, pero todo regresa tarde o temprano. Shiva, como dios destructor, es quien nos incita a movernos, a quemar lo viejo para dar entrada a lo nuevo. Su energía es el fuego que todo lo transmuta y purifica. 

Hay que entender que el cambio es para bien o simplemente verlo como una consecuencia natural de la vida. No podemos detener el tiempo ni el flujo de las cosas, de modo que dancemos a la vida comprendiendo que todo es cambio. 

 

La práctica: Sat Kriya

Siéntate en postura fácil o sobre los talones. Cruza las manos, elevándolas sobre la cabeza y apunta al cielo con tus dedos índice. Estira bien la columna y lleva la mirada al interior. Empieza a bombear desde el ombligo mientras cantas el mantra sat-nam. Con cada sat, elevas la energía y en nam, relajas. Siente el calor dentro del cuerpo. Sigue unos minutos y experimenta el cambio.