Uganda: el corazón salvaje de África

El cineasta John Huston, según se dice, rodó 'La Reina de África' en Uganda para poder ir de caza. Hoy sólo se permite el safari fotográfico en uno de los países menos masificados y con más variedad de fauna de todo el continente.

El nombre de Uganda se envuelve en perfume de leyenda, de exploraciones intrépidas en busca del lago Victoria, de las fuentes del Nilo o de las Montañas de la Luna. Y en particular, de la fascinación por los gorilas de montaña, aunque los que corrían por la niebla mientras la zoóloga Dian Fossey realizaba sus estudios viven del otro lado de la frontera, en las montañas Virunga de Ruanda.

El perfil volcánico de estos montes está siempre en el horizonte cuando se bordea el parque de la Selva Impenetrable de Bwindi, dos hábitats que se comunicaban en otras épocas menos afectadas por la deforestación, facilitando el tránsito de los primates, que nunca han entendido de fronteras. Sin ­embargo, cuando el avión se acerca al aeropuerto de Entebbe atravesando la noche, las pocas luces que brillan en la oscuridad revelan que el grado de explotación del territorio es menos intenso que en otros lugares del planeta.

Lo que sí hay son infinitos medios de transporte terrestre, concentrados todos en la corta distancia que separa el aeropuerto de la capital, Kampala. Un sólo carril de ida y otro de vuelta componen un suplicio que hay que soportar para seguir hacia el noroeste, hasta las míticas Murchison Falls, donde Humphrey Bogart y Katharine Hepburn rodaron varias escenas de La Reina de África y donde Stewart Granger buscó Las minas del rey Salomón. Una primera visión de las cataratas, todavía lejana, se obtiene tras atravesar el puente de Korama y dejar atrás diversos pueblos de casas de una planta y poblados de chozas con techo de paja entre las que vagan los marabús, aves carroñeras que aquí abundan tanto como las palomas en Europa.

Aparecen elefantes, leones, antílopes... y las jirafas que estuvieron a punto de ser diezmadas en la época del dictador Idi Amin

Y entonces la naturaleza estalla: varios elefantes hacen su aparición poco antes de la puerta del parque nacional en Tangui, paseando por una marisma cubierta de flores blancas. La imagen es de una belleza plástica absoluta. Y es sólo el aperitivo. Algo más allá, espera una manada de leones y a lo lejos corren los ugandan kob (un tipo de antílope) y, justo cuando cae la noche, una manada de hipopótamos huye despavorida chapoteando en las aguas del lago Alberto. Se vengarán con un concierto de berridos hasta el amanecer.

Cuando el Sol despunta, es el momento adecuado para ver jirafas Rothschild. Se diría que tienen los horarios negociados con los elefantes, más activos al atardecer, para no robarse mutuamente la atención de los fotógrafos. Viéndolas con sus andares acompasados, resulta difícil imaginar que en épocas del dictador golpista Idi Amin estuvieron a punto de desaparecer diezmadas por sus tropas, junto con el resto de la fauna de la primera reserva del país. Y eso que Amin se había proclamado “señor de todas las bestias de la tierra y peces del mar”, además de heredero del trono de Escocia.

El ejército era el que llevaba a los reos hasta las cataratas de Murchison para lanzarlos al vacío. Hoy, la plácida navegación que remonta el Nilo Blanco hasta el salto de agua sólo es perturbada por el vuelo de la garza Goliat o la sombra de un cocodrilo en el agua. El último tramo hasta lo alto de las Murchison se recorre a pie, donde se siente más el peso del sol que el desnivel. De los árboles cuelgan unas tiendas de color azul, trampas efectivas contra la mosca tse-tse.

El agua se precipita desde más de 40 metros de altura y su fragor su multiplica en un segundo salto, el Uhuru, libertad en idioma suahili. Esta cascada se formó al partirse oportunamente una roca en el año 1962, coincidiendo con la independencia de Uganda de Gran Bretaña. Las Murchison fueron bautizadas por sir Samuel y Florence Baker, quienes habían prometido al explorador John Hanning Speke –descubridor de las fuentes del Nilo y el lago Victoria– que investigarían otros cauces para disipar cualquier duda sobre el verdadero lugar de nacimiento del río más largo de África. Les dieron el nombre del presidente de la Royal Geographical Society, como hicieron muchos aventureros victorianos en su afán de apoderarse del ­lugar cambiando su nombre original.

Pistas de tierra roja se estiran hacia el suroeste, perfilando el lago Alberto y pasando del antiguo reino de Bunyoro hacia el parque nacional de Kibale. En el camino, el bosque de Budongo es famoso por sus gigantescos árboles de caoba, donde anidan los chimpancés. Sus salvajes aullidos contrastan con la calidez de la población local: basta pasear un trecho para que cualquiera que se cruce en el camino invite al extraño a conocer su casa.

En Uganda viven más de 50 grupos étnicos, aunque a grandes rasgos se puede afirmar que medio país es bantú y el otro medio acholi o perteneciente a diversas tribus nilóticas. Los primeros provienen de la tradición ganadera, frente a las agrícola de los otros, lo cual les ha brindado durante siglos un mayor poder económico, acceso a los estudios y al poder, situación que está en la base de varios conflictos armados africanos presentes y del pasado. “Un país, una raza”, proclama en Kasane y entre risas un grupo de conductores de boda boda (mototaxis ugandesas capaces de cargar a familias enteras), disipando cualquier polémica.

La deforestación y los cultivos han reducido el hábitat de las comunidades de gorilas, pero pueden verse

Desde allí, la pista atraviesa infinitos campos de té, con las Rwenzori o Montañas de la Luna al fondo. Sus picos de hasta 5.000 metros fueron mencionados por Ptolomeo, aunque se atribuye al explorador Henry Morton Stanley su descubrimiento en 1889.

Ya en Kibale, la región abunda en lagos formados dentro de conos de volcanes extintos hace 10.000 años, como en Ruigo, así como en selvas tropicales a las que se arrebatan terrenos para cultivar platanales. El matoke, plátano verde cocido envuelto en hojas del mismo árbol, es la base de la alimentación del país. Los bosques de Kibale tienen su continuidad dentro del parque nacional Queen Elizabeth, aunque una vez atravesada la línea del ecuador el paisaje muta en sabana cubierta de acacias.

Dos grandes lagos, el Edward y el George, comunicados por el canal artificial de Kazinga, dan vida a las aldeas de pescadores que conviven con la fauna salvaje. Reciben cerca del 28% de los ingresos del parque, lo cual es un motivo para quedarse, aunque el visitante albergue sus dudas al ver las colas de los leones balanceándose entre los matorrales. En la parte sur del Queen Elizabeth, en Inshasha, se da el fenómeno de los leones trepadores, único en el mundo. Parece que las leonas copiaron de los leopardos la costumbre de subir sus crías a lo alto, una medida de seguridad para que el macho dominante no las mate para evitar la futura competencia. Los jóvenes gozan de tranquilidad para echarse una siesta y de la mejor atalaya para avistar la caza.

Con la frontera de Congo a escasa distancia, la carretera se interna todavía más al sur para llegar al Bosque Impenetrable de Bwindi. El nombre parece pretencioso hasta que se camina por su interior desde la población de Buhoma, donde del suelo tapizado de musgo brotan helechos gigantes, cascadas y árboles prehistóricos. Aquí es posible encontrar gorilas de montaña, pero hay mejores oportunidades de avistarlos por la parte de Rushaga. La deforestación y los furtivos han ido empujando las comunidades de gorilas de montaña hacia el este, y han reducido su hábitat. El corte entre cultivos y selva es radical: incluso se puede encontrar algunas pequeñas minas de oro explotadas de forma muy rudimentaria. Y sin embargo, los esfuerzos por conservar la fauna obtienen resultados; se calcula que en total sobreviven entre 800 y 900 gorilas, algunos de ellos naturalizados, es decir, habituados a la presencia del hombre por los guardas de los parques. Sólo así es posible acercarse en grupos de ocho personas.

Los trackers localizan los animales al amanecer y luego guían a los visitantes abriéndose paso a golpe de machete. Barro, rasguños y caídas forman parte de la experiencia. También una buena dosis de adrenalina, ya que cuando se contacta con los primates se supone que hay que mantener la distancia, pero son ellos los que deciden si quieren plantarse a pocos centímetros de la cámara. Por eso el tiempo máximo de permanencia con los simios es de una hora. Luego, el “espalda plateada”, jefe de la manada, empieza a rondar al visitante con sus cerca de 250 kilos y cara de pocos amigos. Pero no será hasta más tarde, al relajarse a orillas del lago Bunyonyi con una copa en la mano a la manera de Bogart, cuando se comprenda que se ha echado un vistazo al corazón salvaje de África.

Parques y lagos

BWINDI
El Bosque Impenetrable es patrimonio de la Unesco y uno de los últimos refugios mundiales del gorila de montaña. Los animales se visitan bajo estrictas medidas sanitarias y de protección.

 

KIBALE
Cercana a las Montañas de la Luna, es la región de los lagos en cráteres. En sus bosques habitan 13 especies diferentes de primates entre los que se encuentran los chimpancés o los colobos rojos.

 

QUEEN ELIZABETH
Fundado con el nombre de Kazinga, el parque fue rebautizado tras la visita de la reina Isabel II de Inglaterra. Es uno de los parques más visitados de Uganda, ya que se puede ver elefantes, búfalos de agua, hipopótamos, cocodrilos y leones trepadores.

 

MURCHISON FALLS
Reserva natural a orillas del lago Alberto fundada en 1926, por lo que es la más antigua y la mayor del país. Mítico escenario de diversas películas de culto, es donde se puede ver más fauna salvaje en Uganda.

 

 

LAGO VICTORIA
Baña el litoral de Entebbe y Kampala. Con una extensión de 68.800 km2, podría albergar la casi totalidad de Castilla-La Mancha. Es el segundo lago de agua dulce de la Tierra y una de las fuentes principales del Nilo.

 

BUNYONYI
Lago de aguas apacibles ubicado en el vértice entre Congo y Ruanda. Muy apreciado por su belleza paisajística y la variedad ornitológica. Su nombre se traduce como “lugar de los muchos pájaros pequeños”.