Four Seasons at the Bosphorus
13/05/2012
Este hotel de la cadena Four Seasons, vecino del mítico Ciragan Kempinsky, intenta disputarle su consideración de mejor establecimiento de Estambul. Four Seasons at the Bosphorus ocupa un palacete otomano del siglo XIX conocido como Atik Pasha. Era una de las mansiones que se edificaron en las inmediaciones del palacio de verano del sultán, a lo largo del estrecho del Bósforo. El hotel cuenta con dos alas laterales modernas, que se construyeron con la voluntad de incrementar el número de habitaciones, pero con un diseño que no desentona sin falsear su contemporaneidad. Las habitaciones están decoradas con gusto, con generosas camas, cuidando los pequeños detalles. Un ejemplo son las numerosas amenities del baño, de la marca L’Occitane. El establecimiento abrió sus puertas en el 2008 en el barrio de Besiktas, a corta distancia del estadio de ese popular equipo de fútbol turco donde entrenó Frank Rijkaard.
Estambul sigue siendo una ciudad con un tráfico infernal –en su área metropolitana viven cerca de quince millones de habitantes–, pero que ha mejorado profundamente en los últimos años, gracias al crecimiento que ha experimentado la economía del país. Ello se hace evidente en la limpieza de las aguas del Cuerno de Oro, en la recuperación de fachadas históricas o en la introducción de marcas de lujo en Suleyman Seba. La situación idónea del Four Seasons at the Bosphorus (frente al mar y en un barrio tranquilo) tiene el inconveniente de que requiere el taxi en todos los desplazamientos.
El hotel cuenta con una magnífica piscina de agua templada sobre el mar, en cuyo Pull Bar and Grill puede tomarse una ensalada o un pescado a la barbacoa a mediodía, mientras se disfruta del sol y de las vistas. El restaurante Aqua es una buena opción para cenar, sobre todo especialidades italianas, como los spaghetti alla chitarra con cangrejo real y aceite de chile o el risotto de frutos de mar. Los pescados frescos deben formar parte del menú: atención a los rodaballos, que en Estambul tienen un sabor especial. El spa es magnífico (espectacular la piscina entre columnas), aunque las saunas aquí, como en todos los hoteles del país, las disfrutan por separado hombres y mujeres.
Una terraza en Europa con vistas a Asia. Es una terraza única en el mundo donde tomar el aperitivo a mediodía, el té por la tarde o la copa y el puro por la noche (de hecho, la publicitan como “cigar and cognac terrace”, terraza de cigarro y coñac). Lo que la hace un espacio especial es que está situada en el Estambul europeo, a pie del Bósforo, con el horizonte del Estambul asiático ante los ojos. Nada es barato, pero ante semejante panorámica resulta una ordinariez hablar de dinero.
Datos de contacto
Loews Miami
06/05/2012
El Loews está situado en esa milla considerada zona protegida por la calidad de su arquitectura, lo que no fue obstáculo para que se autorizara al diseñador Leonard Horowitz en los ochenta a cubrir ciento cincuenta edificios con colores pastel. La polémica ya es agua pasada, pues sus defensores han triunfado tras argumentar que así resaltan más los elementos decorativos.
Cuesta pensar que Miami Beach fue hace poco más de un siglo una maraña de manglares y pantanos, hasta que un empresario cuáquero de Nueva Jersey, John Collins, que da nombre a la avenida donde se ubica el hotel, se unió a un grupo de inversores en un proyecto para producir coco (luego intentó cultivar aguacates) sin mucho éxito. Su hijo tuvo la idea de pasar de la agricultura al turismo invernal, lo que multiplicó el precio de las tierras.
Las mejores habitaciones del Loews son las que dan al mar, con terrazas que invitan a extasiarse con las vistas. Las estancias son amplias, cómodas y bien equipadas, y sus camas king size, una delicia para el descanso. La playa –16 kilómetros– se ofrece al visitante como un espacio paradisiaco: el hotel ofrece servicios de hamacas, toallas y bebidas sobre la misma arena. En todo caso, el Loews presume de una espectacular piscina rodeada de palmeras, con un agradable restaurante, el Nautilu’s Bar, que permite comer ensaladas y hamburguesas o tomar un cóctel mientras se disfruta del sol y del agua. Y un spa espectacular. Además dispone de una brasería, sushi bar y cafetería. Como curiosidad, cuenta con una tienda de caramelos donde sirven también helados, batidos y pasteles.
Un restaurante mediterráneo sobre el Atlántico.
Preston’s Brasserie es un agradable restaurante de cocina de mercado cuyo chef ha confeccionado un menú de cocina mediterránea, a pesar de que desde su encantadora terraza se contempla el Atlántico. Se puede empezar por unas tapas en las que no faltan el jamón, las gambas o el manchego, seguir por magníficas ensaladas romanas o griegas y concluir con pasta con frutos de mar o con una langosta (que, desgraciadamente, no es de nuestra costa) de Florida salseada.







