Negresco
29/08/2010
El Negresco es más que un hotel de lujo: es también un castillo real, un enorme museo, un compendio de historia. Próximo a cumplir un siglo de existencia, fue el sueño de un rumano de Bucarest, Henri Negresco, hijo de hosteleros, que con quince años se fue a probar fortuna a Francia y, después de haber trabajado en establecimientos de París y Mónaco, llegó a Niza, donde consiguió ser nombrado director del Casino Municipal, a finales del siglo XIX.
Negresco conoció a las grandes fortunas de la época, como los Rockefeller, los Vanderbilt o los Singer, y pensó que había llegado el momento de levantar un templo para esos ricos americanos a los que les fascinaba la Costa Azul, así que buscó financiación y un arquitecto de talento, Édouard Niermans, figura de la belle époque. El resultado fue espectacular, y cien años después el hotel resulta un símbolo de Niza.
En 1957, lo adquirió Jeanne Augier, quien no sólo respetó su encanto, sino que quiso convertirlo en un verdadero museo, adquiriendo mobiliario y obras de arte del Renacimiento hasta nuestros días, de las que puede disfrutar su selecta clientela.
En el 2003 el hotel Negresco fue catalogado monumento histórico por el Gobierno francés. Las habitaciones son como escenas de la historia del arte; así el huésped puede alojarse en una suite de la época de Luis XV, de estilo imperio o al gusto de Napoleón III. En sus espectaculares salones cuelgan cuadros de Moretti, Dalí o Niki de Saint-Phalle. Su magnífico restaurante, Le Chantecler, regido por el chef Jean-Denis Rieubland, es un comedor de la época regencia, con mullidas alfombras, regios candelabros, sillas forradas en púrpura o arañas de cristal en los techos. Su cocina tiene una estrella Michelin, así que no sólo de decoración gozan sus clientes.
Entre los huéspedes del Negresco figuran escritores de la entidad de Cocteau, Hemingway, Simenon, Pearl S. Buck, Sagan, Malraux o Camus. Aquí Salvador Dalí conoció a Grace Nelly, Scott Fitzgerald organizaba escandalosas fiestas con su esposa Zelda y Paul McCartney compuso The Fool on the Hill. E incluso Romain Gary, quien había trabajado de mozo en el hotel, escribió en una ocasión que había llevado el desayuno en 1936 a sir Basil Zaharoff, negociante de armas, a quien describió como “el mayor traficante de muertos de los tiempos modernos”.
Un tiovivo en el bistrot
El Negresco cuenta con un bistrot, donde se puede comer por unos treinta euros, cuyo encanto es que ha sido decorado como si se tratara de un gran tiovivo de los años veinte, con caballos de madera traspasados por una barra y encantadores autómatas rescatados del olvido.
Datos de contacto
Grand Hôtel de l’Opéra
22/08/2010
Toulouse es una ciudad que invita a una escapada de fin de semana para descubrir sus calles medievales, sus palacetes y sus canales. Resulta una ocasión única para disfrutar de un cassoulet en alguno de sus bistrots o para acercarse a la tienda de Xavier, uno de los más prestigiosos afinadores de quesos de Francia, y conocer su cava.
Uno de los mejores establecimientos de la ciudad es el Grand Hôtel de l’Opéra, situado en la bellísima Place du Capitole, en el corazón de la capital de la región del Midi-Pyrenées. Se trata de un antiguo convento del siglo XVII, reconvertido en un hotel, que cuenta con un patio interior de estilo florentino que la dirección mantiene permanentemente decorado con flores, y resulta un verdadero oasis en mitad de Toulouse.
Las habitaciones clásicas están elegantemente decoradas en tonos rojos y maderas antiguas, aunque resultan algo justas, mientras que las suites son generosas y cuentan, en algunos casos, con amplias terrazas desde las que se pueden admirar los tejados rosados del centro de la ciudad. El servicio es tan bueno como la relación calidad-precio del establecimiento. El Grand Hôtel de l’Opéra dispone de un agradable bar y un lujoso restaurante, Le Jardin de l’Opéra, situado en su patio interior, que regenta el chef Stéphane Tournié.
Entre las celebridades que se han alojado figuran todos los grandes artistas franceses desde Gérard Depardieu a Sylvie Vartan, pasando por Johnny Hallyday. Pero también personalidades internacionales como Phil Collins, Cecilia Bartoli, Charlotte Rampling o el actor catalán Sergi López.
Una brasserie de atmósfera parisina
En la planta baja del hotel se ubica uno de los restaurantes más encantadores de la ciudad, Le Grand Café de l’Opéra, una elegante brasserie parisina que es una verdadera institución en Toulouse. Los grandes espejos, los asientos de cuero, la barra circular de zinc o los camareros con delantales negros le confieren una atmósfera característica. Cuenta con una carta en la que no faltan las ostras de Guillardeau, el entrecot de ternera de Comminges o el San Pedro con salsa bearnesa, y una bodega de vinos más que aceptable.







