Mandarín Oriental Barcelona
01/01/2012
Lo que había sido la sede de un banco es en la actualidad uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad de Barcelona, el Mandarín Oriental. Con un cuidado interiorismo de Patricia Urquiola, una de las diseñadoras más internacionales, el hotel abrió sus puertas en el 2009 y resulta uno de los mejores establecimientos de la capital catalana por su ubicación, sus instalaciones y su servicio. No es de extrañar que lo hayan elegido para alojarse personajes tan distintos como la reina Rania de Jordania, el cantante Lou Reed o el actor Robert De Niro.
Las habitaciones del Mandarín Oriental de Barcelona van de los 32 metros cuadrados de la Deluxe a los 253 de la suite Penthouse. Esta última, en la última planta, cuesta 10.000 euros, pero dispone de dos grandes terrazas, una para poder cenar al aire libre y otra con grandes sofás para ser utilizada como chill-out. Además cuenta con tres baños, dos dormitorios, un salón, una oficina, cocina y bar, sin olvidar un servicio de mayordomía a disposición del huésped. En cualquier caso, todas las habitaciones son muy luminosas y cómodas, de diseño minimalista, y con bañeras ovaladas independientes y generosas duchas; las amenities son de La Prairie. Las camas son king size o extragrandes.
El hotel tiene un restaurante de verano (abierto de mayo a octubre) en el gran patio del interior de manzana, que ha sido ajardinado por Beth Figueras, y dos restaurantes gastronómicos: el Blanc, que dirige Jean-Luc Figueres, y Moments, con una estrella Michelin, al frente del cual figura Carme Ruscalleda. El Bar Banker es uno de los mejores locales de copas de la ciudad, por su concepción y por sus cócteles. Jordi Otero, elegido mejor barman de España del 2010, se ocupa de los combinados y ha creado el martini Bar Banker’s, que es la bebida más servida. En su elaboración no incluye vermut y sí vodka, cardamomo, zumo de limón y sirope de jengibre.
Mención especial merece el spa de mil metros, con una piscina tratada con bromo en lugar de cloro para no perjudicar la piel, en medio de una atmósfera mágica. Entre los múltiples servicios que ofrece figuran dos suites de masaje para parejas, una sala de vapor de hierbas orientales o dos salas con futón para masaje tailandés.
Una terraza con vistas. El hotel dispone de una terraza con piscina de medio fondo desde la que se divisa una impresionante vista sobre el paseo de Gràcia, que permite contemplar de forma privilegiada la llamada “manzana de la discordia”, donde en menos de cien metros se ubican la casa Batlló de Gaudí, la casa Lleó Morera de Domènech i Montaner y la casa Ametller de Puig i Cadafalch. La terraza ajardinada es ideal para tomar el aperitivo al mediodía o una copa al caer la tarde.
Datos de contacto
Hotel de Russie
25/12/2011
En la fachada del hotel de Russie, a apenas cincuenta metros de la plaza del Popolo y a quinientos de la plaza de España, puede verse una placa de piedra en la que se anuncia que allí acabó sus días en 1891 el príncipe Girolamo Napoleone, sobrino de Napoleón Bonaparte y esposo de Clotilde de Saboya, que a su vez era primogénita del rey Víctor Manuel II de Italia. No era mal sitio para despedirse de este mundo un albergo tan reputado, ya en el siglo XIX. El hotel de Russie abrió en 1837, y su estética, obra del arquitecto Valadier, se ganó el favor de la aristocracia europea, en particular de la corte imperial rusa. Eran tantos los nobles del país de los zares, que pronto empezó a ser conocido como el hotel de Rusia o de los rusos, lo que terminó por dar nombre al establecimiento, que pertenece ahora a la cadena Rocco Forte.
El hotel era, y es, muy confortable, aunque se parece poco al original. De nuevo los rusos son una clientela destacada, pero compiten con los estadounidenses en cuanto a importancia. Por cierto, Bill Clinton o Leonardo DiCaprio han sido algunos de sus clientes transatlánticos de los últimos años. Históricamente, han sido muchas las celebridades que lo han ocupado: algunas de ellas dan nombre a sus suites, como es el caso del pintor español Pablo Picasso o del bailarín ruso Vaslav Niyinski. El compositor Igor Stravinski era uno de los clientes más queridos, hasta el punto de que nada menos que el bar lleva su apellido. Un local este que cuenta con vistas a los limoneros de la Piazzeta Valadier, nombre con el que se denomina el patio interior del que nace el célebre jardín del hotel Russie, que tiene fórmula propia para el dry martini (de russie martini). Cocteau dejó escrito que el establecimiento era “un paraíso en la tierra” pues se podía coger las naranjas desde la habitación.
Las habitaciones son realmente hermosas, con bellas fotografías de flores en las paredes, camas algo bajas pero confortables y baños con mosaico romano muy cuidados. El desayuno en Le Jardin de Russie es un placer (excelentes los pasteles) gracias a las vistas y al atento servicio. Esta sala se transforma en un restaurante muy recomendable a partir de mediodía, donde abunda la clientela romana. El spa merece una visita, igual que su gimnasio. Se agradece en el hotel la presencia de grandes centros florales que el profesional Sebastian se encarga de tener en perfecto estado de revista. Contribuyen a aislar al huésped del bullicio callejero con el que se encuentra nada más cruzar la puerta.
Un jardín en el corazón de Roma. Los jardines del hotel de Russie son un oasis de paz en el corazón de Roma, en mitad de una de las calles comerciales más transitadas de la capital romana como es la Via Babuino, que acoge a las principales marcas de moda. Desayunar, comer ligero o tomar una copa entre pinos, naranjos, palmeras y magnolios es un placer al alcance de su cosmopolita clientela durante prácticamente todo el año.








