La glacial fachada del hotel Seeko’o emerge con su blanco radiante en el centro de Burdeos, junto al río Garona y su zona de muelles. El taller de arquitectura King Kong, que firma el proyecto, quiso construir un edificio de fisonomía contemporánea que rompiera con el pasado pero al mismo tiempo se instalara armoniosamente en el lugar. De este modo, en el seno de la antigua ciudad pétrea, situó ese bloque de hielo. Inspirándose en un iceberg (el propio nombre del hotel significa iceberg en inuit), y para lograr ese efecto, los arquitectos optaron por revestir toda la fachada con Corian de color blanco. Este material de síntesis, formado por polvo mineral y plástico acrílico de alta resistencia, hasta ahora sólo se había empleado en objetos, muebles e interiores. Pero por sus propiedades –es moldeable, tallable y se puede pulir–, que favorecen superficies continuas de gran lisura y suavidad, se convirtió en la opción óptima para recrear el volumen de caras facetadas. La tecnología que lo hace posible se basa en la colocación de planchas del material sobre una doble estructura de metal con fijaciones invisibles que sirven de unión. En el interior de este hotel urbano, reina una nítida atmósfera blanca, con sofisticados toques en rojo y negro.