Can Fabes
11/12/2011
Can Fabes nació en 1981 como restaurante, pero desde hace diez años dispone de un edificio anexo con cinco espléndidas habitaciones para quienes desean quedarse a dormir después de cenar en este templo gastronómico que creó Santi Santamaria o para pasar un fin de semana en la localidad de Sant Celoni, al pie del Montseny, un parque natural con el macizo más alto de la cordillera Prelitoral catalana que es reserva de la biosfera. Una atmósfera serena, con materiales nobles, grandes camas y una elegante zona de aguas conforman las habitaciones del hotel, donde se han cuidado todos los detalles. El hotel Can Fabes figura en la guía Relais & Chateaux, y la propiedad presume de que es el más pequeño en número de camas, pero no “en prestaciones”.
Santamaria concibió el hotel como un complemento imprescindible del restaurante, abierto siete días a la semana, incluso cuando el restaurante contiguo cierra (de domingo por la noche a martes). Entonces, un cocinero acude a preparar el desayuno de los clientes para que todo esté a punto y en su punto. La idea es que los clientes puedan ser tanto aquellos que desean quedarse a descansar tras una buena cena como los que quieren disfrutar de unos días de asueto en su entorno natural pudiendo deleitarse con una cocina de categoría.
El prestigioso chef Xavi Pellicer, que se incorporó en septiembre del 2010 como mano derecha de Santi Santamaria, está al frente de los fogones tras el fallecimiento del impulsor de Can Fabes. Su esposa, Àngels Serra, y su hija, Regina Santamaria, mantienen el espíritu del restaurador, que fue el primer cocinero de Cataluña en obtener la tercera estrella. Pellicer, que se formó con Santamaria, aspira a desarrollar su propia cocina basada en el buen producto de proximidad en cada estación del año. El menú de otoño (140 euros sin bebidas) se compone de una decena de platos más los aperitivos y es un espectáculo de los sentidos.
Uno de los lugares únicos de Can Fabes es el Dins Bar, pensado para el instante glorioso del café, en el que está presente la música, que invita a la última conversación del día antes de pasar a las habitaciones. El hotel organiza actividades tan distintas como el golf (a ocho kilómetros hay un campo de nueve hoyos), la caza o las excursiones para su selecta clientela
Un desayuno excepcional. En una masía que ha alcanzado celebridad por el buen comer, el desayuno de los huéspedes de su hotel no podía decepcionar. Resulta un placer excepcional disfrutar de la bollería recién horneada, los panes crujientes, las mermeladas caseras, los embutidos de la comarca, y tortillas y revoltillos hechos con huevos de granja en la gran mesa del llamado Espai Coch. Casi un brunch si el visitante se deja llevar por sus impulsos gustativos.






