Los hermanos Torres se complementan tan bien que al escucharlos casi da envidia no tener un gemelo. A Javier le encanta hacer pan, cocinar la carne de caza o preparar postres. A Sergio le gusta trabajar con flores y hierbas aromáticas o preparar pescado. La suya es una historia de cabezonería compartida. Querían ser cocineros y empezaron, casi niños, lavando platos en un restaurante de Barcelona subidos a una caja porque no llegaban al fregadero. Quisieron formarse en las mejores cocinas, cada uno por su cuenta, para sumar experiencias. Su periplo los llevó a las casas de Subijana, Santamaria, Puncel, Robuchon, Ducasse, Girardet, Rochat (“la catedral”, como ellos llaman al restaurante del que consideran su máximo maestro). Tienen negocios en Alicante, donde son socios del hotel-restaurante Rodat, y en São Paulo, donde hace dos años abrieron el Eñe, de cocina española, que pronto tendrá una sucursal en Río. Acaban de cumplir el sueño de abrir el Doscielos en su ciudad, en la planta 24 del nuevo hotel de lujo Me. Allí ofrecen, además de unas espléndidas vistas urbanas desde el nuevo distrito 22@, lo que ellos mismos describen como su cocina natural. Buscan sabores nítidos y quieren que el paisaje esté presente en todas sus creaciones. Ya sea el del huerto, que les fascina hasta tal punto que se han empeñado en plantar uno en la planta 30 del mismo hotel; el de la selva amazónica, cuyos productos se traen ellos mismos de Brasil, o los que les evocan las tierras alicantinas donde despertó su pasión por los arroces. Y, sobre todo, les gusta recurrir a los paisajes de su infancia, junto al Park Güell, y rendir en muchos de sus platos un homenaje a su abuela Catalina, que tenía el don de hacer milagros en la cocina de su casa.
TerrazaEl restaurante cuenta con una agradable terraza –también con vistas– en la que sirven los aperitivos, se puede cenar o tomar una copa y en la que ofrecerán tapas los domingos y lunes, días en que cierra el restaurante.