En Roma, como en cualquier ciudad europea, hay comedores para todos los públicos y otros que acaban especializándose en una clientela determinada. Pero en la ciudad eterna, además de los establecimientos para turistas, para gente joven, para ejecutivos, para estudiantes o para familias, habría que añadir la categoría de los restaurantes para sacerdotes, entre los que se encuentra, por ejemplo, Il Pozzetto (Borgo Pio, 167-168), muy cerca de la basílica de San Pedro, donde el clergyman es la vestimenta más común. Se trata de una casa de comidas sencilla donde sirven pizzas y buena pasta a un precio razonable. Ratzinger lo frecuentaba antes de convertirse en Papa, y eso es algo que a sus propietarios les gusta recordar. También a Elisabetta Cerlito, del Quirino, le entusiasma explicar que sus cannoli siciliani entusiasmaban a Juan Pablo II. El anterior Papa, que según dicen era muy goloso, los descubrió gracias a Navarro Valls, portavoz del Vaticano y cliente de la casa, que un buen día pidió a la dueña que le preparara una bandeja para llevársela al pontífice. Elisabetta, elegante y persuasiva, no sólo consiguió una audiencia con el pontífice sino también que sus cannoli rebosantes de crema le valieran un premio al mejor restaurante de Roma y que a ella acabaran haciéndole entrevistas para la prensa y las emisoras de radio. Cuando su esposo se hizo cargo del Quirino, que en otros tiempos había sido una vaquería, empezó sirviendo cocina tradicional romana. Hasta que llegó ella, e impuso las especialidades de su tierra, como los rollitos de berenjena a la siciliana, o el envuelto de pez espada al estilo de Messina.
Buena pasta Entre las especialidades de pasta, la paccheri con calamarcitos y huevas de mújol, o los mezze (macarrones gruesos y cortos) con berenjena frita y ricotta salada. Son platos que atraen a una clientela tanto del entorno de la iglesia, como de la universidad o de la política.