Ni están en primera línea de mar ni sirven paellas del montón. Y aunque tienen la playa a dos pasos, los clientes del Bresca no buscan las vistas sino la paz que se respira en este pequeño establecimiento de sólo cinco mesas, donde Xavi Ferraté saca el máximo rendimiento a su minúscula cocina mientras su esposa, Alba Roig (también cocinera), se ocupa de preparar los postres y de atender la sala. Se conocieron en el desaparecido Jean Luc Figueras y con 25 años, “y una mano detrás y otra delante”, decidieron abrir, de eso hace ya siete años, un negocio que siguen llenando prácticamente todas las noches. Ellos dicen que el secreto está en el ambiente íntimo y hablan de las lámparas que por dos duros les hizo un amigo cuando se instalaron en Cambrils. Pero lo que en verdad atrae a los clientes son los platos con pocos ingredientes y sabores muy definidos que prepara Xavi. Han sido esos clientes quienes les han prohibido eliminar de la carta las trufas de paté de conejo que sirven de aperitivo o los arroces. Xavi y Alba no pretenden abarcar más allá de los que dan de sí sus cuatro manos de prestidigitador y todo su entusiasmo: la suya es una carta reducida, con platos tan acertados como el platillo de alcachofas con tripa de bacalao, el arroz de cigalas y longaniza –no hay producto que no se atrevan a combinar con el arroz–, el gallo de San Pedro con patatas nuevas, el rape con coliflor y butifarra negra o el cochinillo con manzana. Pocos ingredientes, “porque nos gusta que la gente recuerde lo que ha comido”. Y poca tecnología, porque no cabría en la cocina y porque forma parte de esa apuesta por la simplicidad.
Con vistas al huertoLa mayor parte de las frutas, las verduras y las hortalizas del Bresca procede del huerto que la pareja tiene en Botarell, el pueblo de Xavi, situado a 11 kilómetros de Cambrils. Allí, junto al huerto, tienen previsto trasladar el restaurante .