La Guía del Magazine
Casamar
18/12/2011
A veces, el paisaje se refleja en la cocina, y otras, además, en el rostro del chef. El restaurante del Casamar, el hotel que fundaron los abuelos de Quim y María Casellas con lo que ganaron durante años de trabajo en Suiza, tiene una vista privilegiada de la playa de Llafranc. Los hermanos, que se ocupan de la cocina y la sala respectivamente, son felices de trabajar en ese lugar maravilloso en el que crecieron. Y se nota: “Tuvimos una infancia de libertad y de jugar por los pasillos del hotel con los niños que se alojaban con sus familias”, explica el chef.
Han logrado transformar un comedor de menús sin ningún interés especial en un restaurante que sin ninguna duda merece la visita de los aficionados a la gastronomía y que acaba de obtener la primera estrella Michelin en un año de escaseces en la guía roja. “Tuvimos la suerte de contar con la confianza de nuestros padres, que nos dejaron hacer realidad un sueño ”. No fue de un día para otro, sino a base de ir modificando poco a poco los platos, cuidando los detalles en la mesa y acomodando la sala, que han reformado recientemente. Querían que el restaurante, que en verano cuenta con una de las terrazas más codiciadas de la zona, resultara también acogedor en invierno. Y lo han conseguido. Quim Casellas aprendió en las cocinas de Joan Piqué, Jean Luc Figueras o Carles Gaig. “Al principio iba siempre con una libretita y cuando regresaba a Llafranc hacía mis propias combinaciones de las ideas de unos y de otros”. Poco a poco fue perfilando su propio estilo, ganando seguridad y teniendo claro que quería apostar por los productos de proximidad –especialmente, el pescado de la zona– sin llegar a considerarse un radical del kilómetro 0.
La visita se produce un domingo de otoño y el menú empieza con una bavaroise de langosta, un acertado carpaccio de gambas con diversas texturas, el pastel de cabra de mar con anémonas, una correcta combinación de naranja con crujiente de té, pan de especias, mousse de mora y micuit de foie. Sube la intensidad de sabores con un exquisito arroz con bogavante a la cazuela, un impecable salteado de setas, jamón Joselito y huevo de corral, con un toque de romero; el estofado de judías con tripa de bacalao y, para acabar, un filete de corzo con crujiente de boniato y salsa de pimiento. De postre, crema de naranja con espuma de crema catalana. Interesante carta de vinos de la que es responsable
Platos clásicos
- Arroz a la cazuela con bogavante. - Espalda de cabrito. - Congrio con estofado de judías del ganxet, tripa de bacalao y butifarra negra.






