Cuando alguien se encuentra en Málaga y recibe la llamada del cocinero marbellí Dani García –firme candidato a la segunda estrella Michelin– advirtiendo que ha descubierto un restaurante en el que está comiendo las mejores cigalas que ha probado en su vida, hay que ir corriendo al lugar de los hechos. Dirigirse hacia el este de la ciudad hasta llegar al barrio del Palo, antigua zona de pescadores que controlan bien los aficionados a los espetos, y llegar hasta la esquina donde se halla el Godoy. No es, ni mucho menos, la última novedad gastronómica de la ciudad, sino un clásico de toda la vida al que acuden quienes pueden pagar el mejor marisco o buscan unas piezas de pescado tan frescas como bien trabajadas. Allí está el chef del Calima, todavía impactado por esos bichos rosados talla king-size de textura y sabor insuperables. Juan Godoy procura siempre comprar las cigalas que proceden de la Caleta, a 30 kilómetros de Málaga, donde asegura que también se consiguen las mejores coquinas y unas centollas que superan a las del norte. Su establecimiento, que ofrece un menú de 8 euros al mediodía, no tiene ningún lujo, pero se enorgullece de ofrecer en la carta las piezas más espectaculares de Málaga y de haber llegado a cocinar un rodaballo de más de once kilos. Teresa Ariza, esposa del propietario, es la experta en la plancha. Nadie más en la casa obtiene los puntos perfectos de cocción en los pescados ni tampoco nadie consigue preparar como ella la salsa para las coquinas. Dicen que la receta es tan simple que no hay quien dé con el secreto.
Entre Málaga y Motril
El salmonete, el abadejo y el rodaballo son los pescados favoritos de Juan Godoy, para quien la mejor despensa se encuentra en las costas que van de Málaga a Motril.