11/11/2007
Extra Vino
Sabia elección
Texto de Cristina Jolonch
Fotos de Carlos González Armesto
Ilustraciones de Flavio Morais
El Magazine repasa lo último en vinos: desde el gran momento que viven los blancos gallegos, al auge de los cavas de autor, el éxito de las botellas mágnum para regalar o los nuevos vinos que se adaptan a los gustos de la gente joven. Además, los mejores sumilleres recomiendan algunos de sus vinos predilectos

LAS GRANDES ZONAS
Tierras como Rioja o Ribera del Duero han dado grandes vinos que se han convertido en clásicos y que hoy siguen gozando de excelente salud. La primera es un claro ejemplo de una excelente adaptación a los nuevos tiempos con productos de calidad.
Pero el panorama se ha ampliado, y Bierzo, La Mancha, Yecla o Montsant ya son mucho más que las nuevas zonas emergentes.
Rioja, mejor que nunca
¿Alguien cree que esta extensa zona vinícola es una especie de mastodonte anclado en el pasado? Nada más lejos de la realidad: Rioja ha sabido a adaptarse a los nuevos tiempos. Allí se están haciendo mejores vinos que nunca y conviven los clásicos, que gozan de una salud excelente, y los más innovadores. Agustín Santolaya, director general de bodegas Roda, una de las pioneras en la modernización de los vinos riojanos, explica que en los años ochenta se produjo un cambio de mentalidad. “Hasta entonces estaba muy dividido el trabajo de los viticultores y el de los enólogos, y se puede decir que cuando entraba la uva en la bodega se acababa el trabajo de los primeros y empezaba el de los segundos. En el momento en que ambos empezaron a ir de la mano se produjo un gran salto de calidad.” Fue entonces cuando empezó a surgir una serie de bodegueros que lanzaron grandes vinos riojanos modernos: como Artadi, como el San Vicente de la familia Eguren; Allende, con Miguel Ángel de Gregorio, o los de Fernando Remírez de Ganuza.
Esos vinos modernos conviven con los más clásicos, que tienen el mérito de llevar muchos años en el mercado y mantienen una salud envidiable. Tanto los consagrados que han sabido modernizarse –como Marqués de Murrieta, Muga o Chirel– como los que se han mantenido estrictamente fieles a la tradición y al estilo que los caracteriza –como Viña Tondonia, Rioja Alta, López Heredia, Bodegas Riojanas o Marqués de Cáceres– aportan prestigio a esta región vinícola que sigue contando con un montón de bodegas entre las más destacadas del país. Tan importante es el papel de los clásicos como el de las bodegas más innovadoras que han sido capaces de elaborar grandes vinos interpretando el paisaje de La Rioja de una nueva forma. No han tenido reparos en deshacerse, cuando les ha parecido necesario, de los términos crianza y reserva, un paso arriesgado en una zona donde el principal control se centra en el tiempo de estancia en barrica y en la botella.
La Rioja es peculiar por muchas razones: porque agrupa tres comunidades autónomas y es tan extensa que incluye desde las marcas blancas a los clásicos o a los más punteros. Hay grandes vinos de Rioja en los mejores restaurantes del mundo. Pero también en la mayoría de las tabernas y los restaurantes españoles los clientes siguen pidiendo su rioja. Para Agustín Santolaya, uno de los aspectos más interesantes es que gracias al vino se han mantenido las tradiciones y la cultura de muchos pueblos. “En la Rioja hay muchísimos pueblos pequeños que se mantienen vivos porque la gente se gana la vida con el vino.”
Las cifras
Rioja cuenta con 62.000 hectáreas de viñedo, de las cuales son productivas más de 60.000. De sus viñedos se extraen anualmente 400 millones de kilos de uva. Según los datos del 2006, salieron de Rioja 349 millones de botellas de vino. Del total, el 69,8 por ciento se destina al mercado interno. Para hacernos una idea de la importancia de esta zona vinícola, basta observar las estadísticas que publica la consultora Nielsen, referidas a la hostelería y la alimentación. Según su informe, de todos los vinos que se venden en España, el 39,4% procede de Rioja. Las siguientes zonas en ventas son Valdepeñas (7,4%), Navarra (7,4%), Ribera del Duero (7,2%), La Mancha (4,8%), Rueda (4,6%), Penedès (3,9%), Ribeiro (3,1%), Rías Baixas (2,2%), Bierzo (1,1%) y Toro (1%). En su tesis doctoral sobre el negocio del vino en Rioja, Mikel Larraina señala que se trata de un sector que mueve cerca del 20% del PIB español.
Lo que vendrá: mucho más que emergentes
El Bierzo, Toro, Jumilla, Yecla, Priorat, Montsant… son zonas de las que hace años se habla como emergentes. De ellas salen algunos de los vinos más interesantes de España. El interés por la variedades de uvas autóctonas y el trabajo que se hace desde algunas pequeñas bodegas de estas zonas vinícolas les está otorgando grandes puntuaciones en las guías más reputadas. Hay que hablar, pues, de la consolidación de los emergentes. Rioja y Ribera del Duero seguirán siendo grandes zonas, pero las rutas de los grandes vinos han crecido y seguirán creciendo.
Tierras como Rioja o Ribera del Duero han dado grandes vinos que se han convertido en clásicos y que hoy siguen gozando de excelente salud. La primera es un claro ejemplo de una excelente adaptación a los nuevos tiempos con productos de calidad.
Pero el panorama se ha ampliado, y Bierzo, La Mancha, Yecla o Montsant ya son mucho más que las nuevas zonas emergentes.
Rioja, mejor que nunca
¿Alguien cree que esta extensa zona vinícola es una especie de mastodonte anclado en el pasado? Nada más lejos de la realidad: Rioja ha sabido a adaptarse a los nuevos tiempos. Allí se están haciendo mejores vinos que nunca y conviven los clásicos, que gozan de una salud excelente, y los más innovadores. Agustín Santolaya, director general de bodegas Roda, una de las pioneras en la modernización de los vinos riojanos, explica que en los años ochenta se produjo un cambio de mentalidad. “Hasta entonces estaba muy dividido el trabajo de los viticultores y el de los enólogos, y se puede decir que cuando entraba la uva en la bodega se acababa el trabajo de los primeros y empezaba el de los segundos. En el momento en que ambos empezaron a ir de la mano se produjo un gran salto de calidad.” Fue entonces cuando empezó a surgir una serie de bodegueros que lanzaron grandes vinos riojanos modernos: como Artadi, como el San Vicente de la familia Eguren; Allende, con Miguel Ángel de Gregorio, o los de Fernando Remírez de Ganuza.
Esos vinos modernos conviven con los más clásicos, que tienen el mérito de llevar muchos años en el mercado y mantienen una salud envidiable. Tanto los consagrados que han sabido modernizarse –como Marqués de Murrieta, Muga o Chirel– como los que se han mantenido estrictamente fieles a la tradición y al estilo que los caracteriza –como Viña Tondonia, Rioja Alta, López Heredia, Bodegas Riojanas o Marqués de Cáceres– aportan prestigio a esta región vinícola que sigue contando con un montón de bodegas entre las más destacadas del país. Tan importante es el papel de los clásicos como el de las bodegas más innovadoras que han sido capaces de elaborar grandes vinos interpretando el paisaje de La Rioja de una nueva forma. No han tenido reparos en deshacerse, cuando les ha parecido necesario, de los términos crianza y reserva, un paso arriesgado en una zona donde el principal control se centra en el tiempo de estancia en barrica y en la botella.
La Rioja es peculiar por muchas razones: porque agrupa tres comunidades autónomas y es tan extensa que incluye desde las marcas blancas a los clásicos o a los más punteros. Hay grandes vinos de Rioja en los mejores restaurantes del mundo. Pero también en la mayoría de las tabernas y los restaurantes españoles los clientes siguen pidiendo su rioja. Para Agustín Santolaya, uno de los aspectos más interesantes es que gracias al vino se han mantenido las tradiciones y la cultura de muchos pueblos. “En la Rioja hay muchísimos pueblos pequeños que se mantienen vivos porque la gente se gana la vida con el vino.”
Las cifras
Rioja cuenta con 62.000 hectáreas de viñedo, de las cuales son productivas más de 60.000. De sus viñedos se extraen anualmente 400 millones de kilos de uva. Según los datos del 2006, salieron de Rioja 349 millones de botellas de vino. Del total, el 69,8 por ciento se destina al mercado interno. Para hacernos una idea de la importancia de esta zona vinícola, basta observar las estadísticas que publica la consultora Nielsen, referidas a la hostelería y la alimentación. Según su informe, de todos los vinos que se venden en España, el 39,4% procede de Rioja. Las siguientes zonas en ventas son Valdepeñas (7,4%), Navarra (7,4%), Ribera del Duero (7,2%), La Mancha (4,8%), Rueda (4,6%), Penedès (3,9%), Ribeiro (3,1%), Rías Baixas (2,2%), Bierzo (1,1%) y Toro (1%). En su tesis doctoral sobre el negocio del vino en Rioja, Mikel Larraina señala que se trata de un sector que mueve cerca del 20% del PIB español.
Lo que vendrá: mucho más que emergentes
El Bierzo, Toro, Jumilla, Yecla, Priorat, Montsant… son zonas de las que hace años se habla como emergentes. De ellas salen algunos de los vinos más interesantes de España. El interés por la variedades de uvas autóctonas y el trabajo que se hace desde algunas pequeñas bodegas de estas zonas vinícolas les está otorgando grandes puntuaciones en las guías más reputadas. Hay que hablar, pues, de la consolidación de los emergentes. Rioja y Ribera del Duero seguirán siendo grandes zonas, pero las rutas de los grandes vinos han crecido y seguirán creciendo.
de: Jose Manuel Lopez Ponce | 25/11/2007
Más que un comentario es una pregunta; después de lo leído sobre el vino turbio mal llamado gallego, juro por Baco que no volveré a beberlo, pero hasta ahora mantenía una disputa con mi suegro que no se si alguien sabrá despejarme, es la siguiente: ¿se debe agitar el vino turbio antes de beber? o por el contrario que su enturbamiento se devenga del hecho de servirlo y se produzca de forma natural y solo a las últimas copas?
de: Israel Rodriguez | 21/11/2007
Soy gallego, y no seré yo precisamente quien discuta la calidad del Rías Baixas, pero me parece que la excelente labor de marketing también ha ayudado lo suyo. Creo que está un pelín sobrevalorado (aunque yo en mi boda también puse un Rías Baixas, ojo). No debéis olvidaros de los vinos D.O.Monterrei, aunténticas joyas, blancos o tintos.
de: Sergio González Gutiérrez | 14/11/2007
Soy gallego y de las rías baixas; aun asi, e intentando que esto no influya, aunque es difícil, la tierra "tira". Sólo puedo decir que me encanta el albariño desde siempre. Pero no por encima de todo o de otros, todo depende de con que se combine. Para mi el maridaje es un factor tan importante como la calidad del vino, la variedad de su uva o el terreno de donde sale. El no combinarlo bien con la comida puede rebajar las buenas sensaciones que un buen vino puede dar. Sólo añadir que me encanta el mundo del vino (no soy ningun experto en el tema) pero aún por encima de los expertos está el gusto individual de cada uno, que tambien se puede educar. Arriba los blancos gallegos.








