27/01/2008
Tombuctú
Diario a las puertas del desierto
Texto de Xavier Aldekoa
Fotos de Llibert Teixídó
En 1828, el francés René Caillié se convirtió en el primer hombre blanco en entrar y salir vivo de Tombuctú, una ciudad perdida en el desierto que las viejas leyendas llenaban de oro y riquezas. A partir de su diario de viaje, el Magazine ha recorrido parte del itinerario del explorador francés y
se ha adentrado en un país, Mali, que permanece ajeno al paso del tiempo
se ha adentrado en un país, Mali, que permanece ajeno al paso del tiempo

El francés René Caillié (izquierda) supo de la muerte del escocés Gordon Laing, el primero en llegar a Tombuctú, durante su viaje.
René Caillié fue el primer blanco en descubrir los secretos de Tombuctú. Pero no el primero en llegar. Ese mérito fue del escocés Gordon Laing, quien resolvió que atravesar el Sahara era mejor opción. Pero su viaje tuvo un dulce imprevisto: antes de salir de Trípoli, se enamoró de la hija del cónsul británico y le pidió matrimonio. Lleno de ira, el cónsul accedió con la condición de que la unión se consumara a su vuelta. Dos días después, Laing partió hacia Tombuctú con el guía Babani, que le traicionó. Contrató a unos tuaregs para protegerle, pero por la noche atacaron e hirieron a Laing. Al borde de la muerte, se ató a la silla de su camello y, milagrosamente, siguió a su comitiva. Su estado era lamentable, como describe en una carta a su amada. “Desde Tombuctú explicaré cómo fui traicionado y casi asesinado, pero ahora enumeraré mis heridas, veintiocho en total, dieciocho muy graves. Tengo cinco tajos en el cráneo y tres en la sien derecha, un corte que me partió la mandíbula y la oreja, una cuchillada horrible en el cuello que afecta la tráquea, dedos rotos, fracturas...” El 13 de agosto de 1826, a los trece meses de su partida, entró renqueante en Tombuctú. Era el primer blanco en lograrlo. Pero no fue bien recibido y poco después lo decapitaron mientras dormía. Sólo quedaron las cartas de amor a su amada. Su memoria permanece a las afueras de la ciudad que le dio la gloria.
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