01/06/2008

El rey de las ferias

Texto de Cristina Jolonch
Fotos de Carlos González Armesto
La tradición de consumir pulpo en las ferias y los mercadillos gallegos se mantiene viva. Los pulpeiros del interior siguen siendo los que tienen fama de dominar mejor el punto de cocción del sabroso pulpo a feira.
Sira Valeira muestra una fotografía familiar en la que se puede ver el método que se utilizaba antes para matar el nervio del pulpo, golpeándolo antes de ponerlo a secar.

Demasiado frío en invierno. Demasiado calor en verano. “La vida de los pulpeiros siempre fue dura”, explica Jorge González Quintela, el marido de Emilia, que compagina las ferias con su trabajo en un centro de educación especial, cerca de Carballiño. Él ha oído contar a su familia política historias del pasado, cuando tenían que caminar kilómetros para encontrar una fuente donde poder lavar los pulpos. Y él mismo recuerda las largas hileras de animales secándose a ambos lados de la carretera de Arcos, un pueblo en el que es raro encontrar alguna familia que no sea de pulpeiros. Había que lavar el animal y ponerlo a secar en unas cuerdas, como si fuera ropa tendida. Luego, darle la vuelta, y al día siguiente, propinarle una auténtica paliza para matar el nervio interior. “Aquello ya es prehistoria. Fue una bendición la congelación, que mata igualmente el nervio.” Lo fue sobre todo para quienes tuvieron que acostumbrarse a vivir con aquel olor intenso y con las moscas que revoloteaban cerca de los pulpos.
Ese hedor no lo ha olvidado aún Concha González, de 61 años. Quienes la conocen dicen que cuida muy bien a sus empleados. Que cuando están en la feria, su gente primero come y después cocina o limpia los cacharros. A esta mujer que a los seis años ya trabajaba no le gusta nada recordar los inviernos en que el agua de la poza se helaba y había que romper el hielo para poder lavar el pulpo. “Con lo que costaba llegar a la feria, luego tenías que echar a andar kilómetros para lavar el pulpo.”
Su sobrina, Isaura González, ocupa un puesto cercano en la feria de Allariz. A Isaura no le duele tanto mirar al pasado. Se siente orgullosa de contar que procede de una familia de arrieros que desde hace cuatro generaciones trabajan como pulpeiros. “Antes las gentes de Carballiño habían sido aceiteros. Llevaban a la costa productos de interior y de vuelta se traían el pulpo a medio secar y en el pueblo acababan el secado.” Siempre fueron ellas, las mujeres, las que trabajaron el pulpo. “Los hombres se ocupaban de la mercancía, ellas vendían y cocían.” Muchos pulpeiros están emparentados, y los que no lo están se conocen de toda la vida. Pero la mayoría cuenta que las cosas ya no son como antes, cuando la gente se ayudaba y no miraban tanto para su casa. Ahora cada cual lo que quiere es conservar a sus clientes y, si puede ser, quitárselos al vecino. Por eso a Jorge González Quintela le gustaría crear una asociación, para fomentar el espíritu gremial de quienes se dedican a este negocio. “Es una lástima, porque cada cual intenta mantener sus zonas de venta, pero no hay conciencia de grupo, y tampoco se nos ayuda desde la Xunta.” A él le gustaría conseguir una denominación de origen y crear cooperativas para poder comprar el producto a mejor precio. De momento, no parece que los pulpeiros estén mucho por esa labor. “Pero cada vez más –explica Jorge González– la gente se interesa por esta tradición gastronómica, y quizás eso nos estimule para organizarnos y trabajar todos en la misma dirección.
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