Fabián Martín, uno de los mejores pizzeros del mundo, propone ocho recetas
Delicatessen para niños
Los anunciantes lo tienen clarísimo. Quienes deciden en buena medida el contenido de la cesta de la compra son, ni más ni menos, los más pequeños de la familia. Afortunadamente hay niños que comen de todo, probablemente porque sus padres se mantuvieron firmes desde el principio y decidieron que también había que educarles el sentido del gusto. Otros, muchísimos, se rindieron ante la cara de asco del hijo frente a un plato de acelgas hervidas o ante la amenaza de una merluza armada con espinas. Apostaron por las barritas con forma de peces saltarines, la pasta con muñequitos de Disney, los sanjacobos congelados, los yogures mágicos… Los reyes de la casa encontraron la manera de convencer a los padres en el supermercado, o aprendieron a introducir a escondidas su producto preferido en el carrito de la compra. Guerra a las verduras, al pescado o a la fruta. Bienvenidos la bollería industrial, los zumos extradulces y los refrescos de cola. Vivan los pobres menús infantiles de los restaurantes. Adiós a una dieta saludable. En la etapa de crecimiento conviene comer de todo. Y es un error tremendo prescindir de algunos alimentos, como el pescado, la fruta, las legumbres o la verdura, ante los que muchos críos muestran rechazo. No hay mejor solución que educar desde el principio intentando que descubrir nuevos sabores no sea una tortura sino algo natural e incluso estimulante. Explicarles el origen de los alimentos, enseñarles que hay productos de temporada y aprovechar que la comida es una de las pocas actividades en la que pueden participar todos los sentidos para que descubran aromas, texturas colores y gustos.

Un croissant
Dos pimientos del piquillo
Cuatro hojas de lechuga hoja de roble
40 g de ventresca de bonito
Abrir el croissant e introducir las hojas de roble, el bonito y el pimiento laminado.

Una piña
Dos vainas de vainilla
Anís estrellado
Una bola de helado de vainilla
200 g de azúcar
Hacer un caramelo poniendo el azúcar al fuego y en cuanto tenga color echarle la vainilla y el anís .
Verter sobre la piña y hornear a 180°C durante 40 minutos. Servir acompañado de una bola de vainilla y alguna fruta exótica.







