La cocina con vocación de arte
Ferran Adrià
Una actuación diaria para 50 personas, sólo 150 noches al año. No es un teatro.Y mucho menos un restaurante convencional. El Magazine descubre en la cocina de El Bulli, al frente de la que se encuentra el mejor cocinero del mundo, las razones por las que muchos se preguntan si lo que allí ocurre es arte.

El papel de flores, uno de los platos de este año.
Adrià acaba de leer la selección de emails de hoy. Nos cuenta que le proponen abrir un restaurante en Tokio y uno en Nueva York, varias actividades benéficas y que suelen llegarle los comentarios más extraños de espontáneos a los que no conoce. Más tarde aprovechará también para responder a un periodista italiano y conceder una entrevista al responsable de la sección de cultura de un diario chileno que se interesa por su presencia en Documenta. Durante los dos días que nos permite acompañarlo, arios grupos de televisión de diferentes países lo entrevistan y filman la actividad de la cocina. Confiesa que cada vez piensa más en su sueño de reducir el servicio a na, dos, tres o cuatro mesas. Seguir disfrutando de lo que hace, pero vivir más tranquilo.
Todo el mundo, incluso quien no se ha acercado jamás a la cala Montjoi, opina sobre lo que es El Bulli. Ferran lo describe como "un lugar en el que buscamos los límites de la alta cocina y queremos compartir el resultado con la gente. En vez de hacernos un regalo, han de pagar." Muchos clientes, además de liquidar la cuenta, entran a la cocina cargados con los obsequios más insólitos. Ayer vimos cómo unos japoneses le traían huevos fosilizados; un amigo griego le regalaba un vino; otro cliente, un queso francés, y otro le acercaba una bolsa con una caja de zapatos.
Explica el jefe de cocina, Albert Raurich, que ha visto gente llorar e incluso arrodillarse después de la cena."Lo que está claro es que la experiencia puede gustarte o no, pero a nadie le deja indiferente".
Hay quien dice que comer en El Bulli se parece a viajar a un país desconocido. Porque no hay nada con que compararlo. Porque nada de lo que allí ocurre es convencional. Marta Arzak, una de las hijas de Juan Mari Arzak, que trabaja en el Museo Guggenheim de Bilbao, ha ayudado junto a Josep Maria Pinto a documentar la relación entre arte y gastronomía para preparar la intervención de Adrià en Documenta. Ella, que conoce bien el mundo de la alta cocina y que considera a Ferran más un creador global que un artista, asegura que no podrá olvidar nunca la sensación de la primera vez que participó del espectáculo. Como dice Ferran Adrià: "al final, es la gente, su pasión, la que hace que para algunas personas esto pueda ser arte".







