Melilla

Al otro lado de la valla

19/08/2007

Texto y fotos de Tate Cabré
  • Atardecer en Melilla, con el monte Gurugú al fondo.

  • Mose Lévy Coen, judío, junto a Miss Melilla, musulmana.

  • Tres niños juegan en la calle.

  • Mazal Lévy Coen sigue con la tradición sefardí de la repostería.

  • Estampa habitual en Melilla: mujer musulmana en una calle de comercios.

  • Bazar de productos marroquíes provenientes de Marrakesh.

  • Kihore prende una barrita de incienso junto al altar hindú de sus antepasados.

  • José Félix Martínez Sanz, en la droguería que su abuelo fundó en 1914.

  • Detalle modernista de la cada de Francisco Garcés, de Enrique Nieto.Puerta art decó, estilo que sucede al modernismo en Melilla.Detalle del edificio de La Reconquista (1914), de Enrique Nieto.Balcón miradore de la casa de David Meldul (1917), de Enrique Nieto.

  • Antiguo hotel Reina Victoria, hoy casa de Cristales.

  • Detalle del palacio de la Asamblea (1944), obra art decó. Edificio de estilo sezession (1911) en la Plaza de España.

Fotos
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Melilla, la ciudad autónoma, es cosmopolita y multiétnica. Circula en 4 x 4, practica la náutica y los deportes de aventura, presume de gastronomía y de patrimonio modernista y aspira a consolidarse como bisagra entre dos continentes: puerta hacia Europa para el comercio africano y puerta hacia África para el turismo europeo. Los actuales melillenses –66.775 censados– son españoles mediterráneos que beben de sus cinco culturas históricas y se mueven en un perímetro de seis kilómetros cuadrados. Salvador Cardona, con 40 años de experiencia como delegado del Instituto Nacional de Estadística (INE), resume en unas cuantas cifras el perfil de la población: cristianos, 60%; musulmanes bereberes, 38%; judíos-sefardíes, 1,5%; hindúes sind y romanís, 0,5%.

La religión originaria de Melilla es la musulmana y existen 14 mezquitas activas. El imán Mohamed nos abre las puertas de la mezquita Central (1945) en la calle García Cabrelles, donde un grupo de mujeres recibe catequesis: "En Melilla no hay fricciones entre etnias, vivimos en paz", comenta. La religión católica llegó en el siglo XV con la colonización española, cuando Pedro de Estopiñán arrebató la plaza al rey de Fez, y mantiene el culto en ocho iglesias. La mitad de la población cristiana es funcionaria de las múltiples delegaciones oficiales con sede en la ciudad.

Los judíos melillenses poseen seis sinagogas y un colegio público hispano-israelí, y sus rabinos tienen fama internacional. Proceden del grupo sefardí instalado en Marruecos en la diáspora provocada por los Reyes Católicos en 1492. El rabino principal, Yamin Bittan, que habla ocho idiomas, refiere que su comunidad ha ido en regresión debido al descenso de la natalidad y porque varias familias han partido a Israel. Le comentamos que no tiene deje andaluz, y replica: "¿Pero cómo voy a tener acento andaluz si soy melillense de nacimiento?".

La repostera sefardí Mazal Levy Cohen, cuyo marido regenta una carnicería "kosher", explica que su familia vivió siempre en Marruecos hasta que sus padres se trasladaron a Israel, donde nacieron sus hermanos y ella. "Nos marchamos de allá por la guerra de los Seis Días. Nosotros nos instalamos en Melilla, y mi hermana lo hizo en Málaga", apunta Mazal, mientras prepara una bandeja de bourekas, petissues y otras golosinas sefardíes en su pequeña tienda de la calle Capitán Viñals.

Su hermano Mose, encargado de la discoteca Joker del puerto deportivo, el lugar de moda para el ocio, se ofrece como cicerone: "Yo me relaciono con moros y cristianos, con los de abajo y con los de arriba". En una tarde, Mose nos pasea desde el barrio musulmán de "la Cañada de la Muerte", donde saludamos a los porteros árabes de su discoteca, hasta el puerto deportivo, donde nos presenta a las autoridades locales: Juan José Imbroda, presidente de la ciudad autónoma, y Guillermo Frías, consejero de Hacienda.

Cerca de los Levy-Cohen visitamos el templo hindú, un pequeño local en la céntrica calle Castelar, cerrado temporalmente debido al derrumbe del techo. Lachmi Ghanshandas, cuya sobrina Kissy Ramesh es la vicepresidenta segunda de la ciudad autónoma de Ceuta, cuenta que llegaron en los años 50 del siglo pasado procedentes del Sind, una región de la India occidental, antes unida a Pakistán. "Nos dedicamos al comercio y solemos tener un templo pequeño en la trastienda de cada bazar." En el minitemplo de Casa Pepe Indio, en la principal arteria comercial urbana, la calle Ejército Español, fotografiamos al nieto del fundador, Viyey Kihore, junto al altar donde la familia rinde culto a sus antepasados.

Simi Chocrón Chocrón, consejera de Cultura de Melilla, pertenece a la minoría hebrea. Cada año organiza desde el Gobierno autónomo el ciclo intercultural "Conozcámonos" para que las cinco comunidades compartan sus tradiciones y su gastronomía. El fotógrafo judeomelillense afincado en Holanda Marcelo Bendahán ha plasmado en el libro "Melilla viva" el perfil humano de la ciudad, a partir de retratos de cada una de las comunidades. Bendahán se mostró "gratamente sorprendido de cómo ha mejorado Melilla en los últimos años". La consejera de Cultura impulsa este tipo de trabajos "para que no sólo se nos conozca por el problema de la inmigración, para que se conozca nuestra historia y nuestra cultura".

A pesar de los esfuerzos en favor de la integración, el constructor Mustafá Mohamed, con tres nacionalidades y residencia entre Melilla y París, no cree que los resultados sean satisfactorios: "Lo de las cinco culturas es un cuento, fíjese que no hay ningún morito en el Gobierno, cuando es la comunidad que más crece y la que tiene la llave del futuro. Y eso es así porque todavía existe el miedo al moro", concluye. Para el constructor, propietario de un magnífico edificio (1934) de Enrique Nieto en la calle Teniente Coronel Seguí, "el problema es que nuestros políticos son cuatro empresarios que se lo reparten todo y no invierten en el futuro, confían en las transfusiones financieras desde Madrid y Bruselas".

Otro de los problemas, apunta un empresario que prefiere no identificarse, señalando hacia un barrio en el que abundan las grúas y los edificios en construcción, "es el del dinero del blanqueo de la droga procedente de la costa marroquí. Entra por todas partes y está creando un paraíso artificial de riqueza sin fundamento que puede desmoronarse en cualquier momento".

Josefa Sanz Pepita, su madre, de 82 años, recuerda que "en la época de esplendor de Melilla, los desfiles y los carnavales eran más suntuosos que los de Tenerife". El padre y el suegro de Pepita fueron comerciantes de peso, con cargos en la Cámara de Comercio y en múltiples instituciones civiles. Melilla vivió hasta la Guerra Civil su edad de oro, y la ausencia de otro periodo de bonanza desde entonces justifica que los edificios modernistas no fueran demolidos y se conserven en cantidad tan elevada.

Con la independencia de Marruecos en 1957, Melilla perdió sus fuentes de ingresos tradicionales: las minas del Rif, la pesca y la industria conservera. La entrada en la Unión Europea acabó con su privilegio de puerto franco, y la posterior supresión del servicio militar obligatorio dio al traste con toda la actividad económica que se generaba a su alrededor. Desde entonces, su fuente de ingresos son las subvenciones oficiales –con las que se financia la omnipresente obra pública– y la venta de productos europeos a Marruecos, un comercio con futuro si finalmente no es aniquilado por el gran puerto en proyecto en la vecina Nador.

Como alternativa, la ciudad autónoma invierte en el turismo europeo, al que ofrece su patrimonio arquitectonico, multiétnico y los viajes de aventura al desierto marroquí. Una apuesta a la que solamente le queda un problema por solucionar: las comunicaciones. Llegar a Melilla sigue costando demasiado tiempo en barco –seis horas– y demasiado dinero en avión –una media de 300 euros por billete, con escala en Málaga–.

El futuro de Melilla está en su buena articulación como ciudad bisagra entre Europa y África, y la ciudad lo busca con ahínco sumida en su propio vértigo.

La huella de Enrique Nieto
Melilla posee un impresionante conjunto de 148 edificios modernistas igual que Madrid (148), superior en número al de ciudades emblemáticas de la Península como Terrassa (115) o Reus (92), y sólo por detrás de Barcelona (2.216) y Valencia (216). El arquitecto gaudinista Salvador Tarragó, actualmente presidente de SOS Monuments, fue el primero en documentarlo. Tarragó dio por casualidad con los soberbios edificios cuando realizaba su mili en 1968 y confiesa su reacción de gran sorpresa: "No podía imaginar encontrar en una ciudad del norte de África una concentración de modernismo tan rica".

El último en catalogarlos ha sido Valentí Pons, que en su "Inventario general del modernismo" (marzo del 2007), atribuye 49 de ellos al prolífico Enrique Nieto Nieto, y el resto, mayoritariamente, a ingenieros militares formados en la academia de Guadalajara. Pons argumenta que "le contabilizo a Nieto sólo 49 edificios modernistas porque también proyectó en otros estilos, como el art déco". Nieto firmó más de 1.000 proyectos en la ciudad, según el exhaustivo inventario de Antonio Bravo Nieto, "La ciudad de Melilla y sus autores" (1997).

Enrique Nieto Nieto fue un imaginativo y precoz arquitecto barcelonés que antes de partir hacia Melilla se movió entre los grandes del modernismo: tuvo como profesor a Domènech i Montaner, y como compañeros de promoción a célebres modernistas como Josep Maria Jujol, Rafael Masó o Josep Maria Pericas. Fue colaborador de Gaudí en las obras de la Pedrera desde 1906 hasta que partió a Melilla en junio de 1909. Tenía 25 años y acababa de recibir su título. Eran días de descontento social en Barcelona, con la guerra contra Marruecos a punto de estallar. El embarque de tropas hacia Melilla desencadenaría al cabo de unos días la desdichada Setmana Tràgica, en la que ardieron decenas de conventos e iglesias.

Irónicamente, las crisis provocadas en la Península por las guerras del Rif se traducían en Melilla en oleadas de bonanza económica. José Félix Martínez, propietario de uno de los más bellos edificios melillenses, regenta en los bajos de éste la droguería que fundó su abuelo en 1914, la Casa Vicente Martínez: "Los promotores de los edificios modernistas solían ser proveedores del ejército que se enriquecieron durante las guerras del Rif. Mi abuelo y su socio le suministraban los desinfectantes para los cuarteles, especialmente el Zotal".
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