Extra viajes Maravillas del mundo
Europa. Bruselas desde las esferas
27/05/2007
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Seis de las nueve esferas del restaurado Atomium son accesibles.
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Un grupo de turistas observa la ciudad desde una de las esferas.
Bélgica acaba de recuperar uno de sus monumentos más emblemáticos. A pesar de su edad, el Atomium, nacido en 1958, no defrauda. Su tamaño engaña a la vista y sobrecoge en las distancias cortas. Con esta gigantesca molécula de acero, Bélgica mostró al mundo su deseo de entrar en la modernidad y su fe en el progreso científico
El Atomium, símbolo de Bruselas creado por André Waterkeyn para la exposición universal de 1958, luce de nuevo tras dos años de restauración. Seis de sus nueve esferas son accesibles a través de unas futuristas escaleras mecánicas encajadas en los tubos que sostienen la estructura, de 102 metros de altura y 2.400 toneladas de peso. Ingo Maurer, el artista alemán que se ha encargado de la iluminación, recuerda que sintió “un flechazo instantáneo, puro amor”, al verlo por primera vez. “Era como estar embarcado en una antigua nave espacial rusa”.
El Atomium sobrevivió a la decisión de derribarlo al cierre de la Expo del 58, a la furia de los elementos y a la desidia de las autoridades. Su estado de conservación antes de las obras era simplemente lamentable, aunque hoy algunos románticos echen de menos ese encanto de lo decadente. Penurias económicas y burocráticas retrasaron las obras durante años, tanto que varias empresas se ofrecieron a contribuir a cambio de colocar su publicidad en las famosas bolas. Los belgas, orgullosos de su emblemática creación, no lo permitieron. Al fin, con 27,5 millones de euros de por medio, la renovación ha sido total.
Los 9.000 metros cuadrados de las roñosas placas de acero han sido renovados por completo y brillan aún más que en el 58, gracias a los nuevos circuitos instalados en su exterior, alimentados por energía verde, en armonía con los nuevos tiempos. Hábiles obreros-trapecistas se han encargado de colocar los 20 kilómetros de juntas de silicona que sustentan el acero.
En el interior, un ascensor de vidrio nos transporta como un cohete espacial a la esfera superior en 20 segundos. Desde allí se puede disfrutar de las vistas del palacio Real de Laeken, edificios de la Expo del 58, el parque Mini Europa o el tristemente célebre estadio de fútbol de Heysel, donde en 1985 murieron 39 espectadores a consecuencia de una avalancha. Y poco más, porque el “skyline” de Bruselas no reserva muchas más joyas. En la misma esfera está el restaurante panorámico, decorado con mobiliario de diseño de los años 50, fabricado en el omnipresente plástico. En el trayecto entre las esferas sorprende la sensación de mareo y desorientación al divisar las demás bolas por los ojos de buey.
En la esfera central, las esculturas lumínicas de Maurer atraen la mirada hacia la estructura del edificio y alimentan su atmósfera cósmica. Una de las atracciones más esperadas es la esfera de los niños, diseñada por la artista barcelonesa Alicia Framis. El Atomium lo publicita como un hotel infantil, para que cuando caiga la noche los niños se hagan dueños del edificio. Pero de momento tendrán que conformarse con verlo a través del cristal, porque las “moléculas de lluvia” que Framis ha convertido en camas colgantes sólo están abiertas a visitas escolares organizadas.
“Es la más belga de las construcciones, tan surrealista como el país mismo”, afirma Framis, admirada por “el atrevimiento artístico que supuso la construcción en su momento”. Ocurría en 1958, cuando el Sputnik se lanzaba al espacio, los Beatles sacudían a la juventud de medio mundo y Bélgica nadaba en la abundancia gracias a la riqueza de su colonia africana, Congo, que poco después alcanzó la independencia. Al margen de los vaivenes políticos y económicos, sobre Bruselas siempre se elevar á el Atomium.
El verano de los países bálticos
La entrada de las denominadas repúblicas bálticas en la Unión Europea el año 2004 situó a Estonia, Letonia y Lituania en el mapa turístico internacional. Desde entonces, la demanda para conocer estos tres países ha ido aumentando progresivamente, hasta el punto de convertirse este año en uno de los principales destinos por descubrir. A pesar de las diferencias culturales, lingüísticas y sociales que existen entre ellos, los tres países bálticos tienen en común su historia y su diversidad natural. Los cascos antiguos de las tres capitales bálticas –Tallin, Riga y Vilnius, respectivamente–, de estilos arquitectónicos diferenciados, han sido declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Por otro lado, Estonia está repleta de lagos y alberga más de 1.500 islas. En Letonia, los bosques cubren un 40% del territorio, y dispone de 400 kilómetros de playas, más de 2.000 lagos y unos 12.000 ríos. La diversidad paisajística se concentra en Lituania en la península de Curonia, donde unos 100 kilómetros de dunas de arena conviven con extensas áreas boscosas del parque nacional de Aukstaitija. Estel Huguet
Más información sobre Estonia, www.estemb.es y www.visitestonia.com (en inglés). Sobre Letonia, www.latviatourism.lv (oficina de turismo de Letonia). Acerca de Lituania, www.visitlithuania.net y www.travel.lt.






