Europa se adorna de mercados
12/12/2010
Texto de Rafael Lozano
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Casetas ante el Ayuntamiento de Lugano (Suiza)
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Vista aérea de la plaza de la Ciudad Vieja de Praga (Chequia)
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Una pareja tomando vino caliente con especias en Augsburgo (Alemania)
No hay churros este año en el mercado navideño de Estrasburgo. El alcalde los ha prohibido porque en la capital alsaciana no resultan “auténticos”. La medida da idea de hasta qué punto en gran parte de Europa los mercadillos de Adviento están arraigados en el sentimiento popular.
Desde Alsacia hasta Estonia, desde Chequia hasta Suecia, en Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Polonia…, entre finales de noviembre y Nochebuena los centros históricos se adornan, se iluminan con guirnaldas de bombillas y se cubren con casetas decoradas donde se vende cerveza, vino caliente, dulces y comidas típicas, juguetes y artesanía.
El primer mercado de Navidad documentado fue el de Dresde de 1434, pero la tradición data del siglo XIV, y en Alemania, su cuna, se vive con especial intensidad y participación. Sólo en Berlín hay más de 60, y en Munich, Nüremberg, Colonia y casi cualquier pueblo, aunque el frío y la nieve aprieten, pocos son los que en estos días dejan de dar un paseo entre los tenderetes y tomar un bocado caliente con una taza de vino especiado, e incluso se arrancan a cantar en un coro improvisado. En Suiza tienen fama los mercados de Montreux, Berna y Basilea, y en Chequia, el de Praga. Para quien esté de viaje por Europa o pueda programar una escapada, los mercadillos de Adviento ofrecen una manera cálida de acercarse a las Navidades más frías.
Desde Alsacia hasta Estonia, desde Chequia hasta Suecia, en Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Polonia…, entre finales de noviembre y Nochebuena los centros históricos se adornan, se iluminan con guirnaldas de bombillas y se cubren con casetas decoradas donde se vende cerveza, vino caliente, dulces y comidas típicas, juguetes y artesanía.
El primer mercado de Navidad documentado fue el de Dresde de 1434, pero la tradición data del siglo XIV, y en Alemania, su cuna, se vive con especial intensidad y participación. Sólo en Berlín hay más de 60, y en Munich, Nüremberg, Colonia y casi cualquier pueblo, aunque el frío y la nieve aprieten, pocos son los que en estos días dejan de dar un paseo entre los tenderetes y tomar un bocado caliente con una taza de vino especiado, e incluso se arrancan a cantar en un coro improvisado. En Suiza tienen fama los mercados de Montreux, Berna y Basilea, y en Chequia, el de Praga. Para quien esté de viaje por Europa o pueda programar una escapada, los mercadillos de Adviento ofrecen una manera cálida de acercarse a las Navidades más frías.








