El arte de viajar
02/12/2012
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PARÍS-ALEMANIA-POLONIA Imágenes del primer día de viaje, mientras el tren deja París a primera hora de la mañana
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POLÒNIA-BIELORRUSIA-RUSIA Colorida cafetería de tren en el segundo día de viaje
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RUSIA,MOSCÚ Smolensk, en Rusia occidental
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RÚSIA-MOSCÚ Imágenes de un Moscú cálido y monumental
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RUSIA , MOSCÚ
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RUSIA,PERM Quinto día de viaje: el tren deja Moscú en su ruta hacia Oriente
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RUSIA,PERM
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RUSIA,SIBERIA Una llamativa estación de tren en el oeste de Siberia
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RUSIA-SIBERIA Paisaje de verano en Siberia
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SLUYDANKA - ULAN UD - NAUSHKI - LAGO BAIKAL Uno de los estrechamientos del lago Baikal y una vieja locomotora soviética
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SLUYDANKA - ULAN UD - NAUSHKI - LAGO BAIKAL
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DARKHAN - ULAN BATOR - DESIERTO DE GOBI
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DARKHAN - ULAN BATOR - DESIERTO DE GOBI Un vagón con decoración de madera tallada y el equipaje de la marca integrado en la estética
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CHINA - DATUN Llegada a China, tras haber cruzado el desierto de Gobi
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CHINA - PEKÍN Un rincón con encanto en Pekín
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CHINA - SHANGHAI Llegada a la siempre llamativa Shanghai tras un último tramo en tren de alta velocidad
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CHINA - SHANGHAI
El chemin de fer (literalmente, camino de hierro) conectaba ciudades, países y continentes. Desde el interior de los vagones, los viajeros experimentaban una doble sensación. Por una parte, a través de las ventanas, el paisaje les transmitía el efecto de que las distancias se acortaban. Por otra, la atmósfera interior del tren trasladaba a los pasajeros la sensación de que el tiempo se había detenido y de que aquel tren era su nuevo mundo. Allí se entablaban nuevas amistades, se cerraban negocios y, en numerosas ocasiones, se soñaba con iniciar una nueva vida cuando se llegase a la ciudad de destino.
Eran unos tiempos en que en las estaciones de las grandes ciudades era habitual ver a los mozos traquetear por los andenes con baúles y maletas siguiendo a grandes damas que emprendían largos viajes, concebidos como puro placer de viajar y no sólo para acompañar a sus maridos para realizar transacciones comerciales.
Este verano, la firma de lujo francesa Louis Vuitton retomó los sueños y las ilusiones de aquellas travesías y recuperó la mística de los viajes transcontinentales con un trayecto en tren de doce días de duración que unió dos ciudades míticas, como son París y Shanghai, el París de Oriente. Se trataba de recordar el compromiso de Louis Vuitton con los grandes viajes y en particular con la época dorada del ferrocarril.
Para ello encomendó al fotógrafo neoyorquino Todd Shelby que reviviera aquellos tiempos y que demostrara que la mayoría de las veces el trayecto es casi más importante que la última parada. Para ello, Shelby publicó un videoblog, a lo largo de doce días, en el que a modo de diario personal narró sus experiencias cotidianas con fotos, vídeos e ilustraciones.
Shelby emprendió su viaje desde París y en la primera jornada atravesó el corazón de Europa. Dejó atrás la capital francesa, llegó a Berlín y prosiguió hacia Polonia, con objetivo de llegar a Moscú y, una vez allí, embarcarse en el Transiberiano. En su segundo día de viaje, atravesando Bielorrusia, camino de Moscú, Shelby escribió de forma sucinta sus impresiones: “Bielorrusia en verano; cemento gris, praderas verdes, campos marrones y en algunos momentos claros azules”.
Tras dos días en la capitalrusa, ya a bordo del Transiberiano, el fotógrafo neoyorquino describió mediante imágenes, dibujos y algún que otro comentario los cuatro días que tardó en atravesar Siberia. Subrayó que la presencia de fábricas dio paso poco a poco a paisajes más agrestes, donde predominan una tierra oscura y unos bosques fríos. Unas vistas monótonas e inacabables que le empujaron a escribir “¡Siberia es grande!” y al cuarto día de viaje preguntarse, mientras atravesaba el lago Baikal: “¿Esto todavía es Siberia?” Y a responderse a sí mismo: “Sí, aún lo es”.
Al noveno día de viaje, desde la comodidad de los vagones del Transmongoliano, Todd Shelby descubrió otro paisaje mítico: el del famoso desierto de Gobi. Estaba atravesando Mongolia. Una tierra de parajes desérticos con yurtas –las tiendas de campaña que usan los pueblos nómadas de la región– diseminadas a lo largo de las planicies que atravesaba el ferrocarril.
Un día más tarde, el tren se adentró, por fin, en las tierras del Imperio del Centro. Todd Shelby, cual Marco Polo del siglo XXI, hacía su entrada en China tras atravesar Europa, Rusia, Siberia y Mongolia. Constató la existencia de la Gran Muralla y al día siguiente llegó a Pekín. Allí cambió el misticismo de los ferrocarriles históricos, como el Transiberiano y el Transmongoliano, por la rapidez y la comodidad de un tren de alta velocidad, que en pocas horas le permitió hacer su entrada en la estación de Hongqiao de Shanghai. La aventura había llegado a su fin. Ese día, Louis Vuitton presentó en la ciudad china su nueva tienda y la colección de otoño-invierno 2012-2013, así como todo un elenco de bolsos, maletas y baúles que demuestran que viajar también es un arte.







