Las Meninas
01/06/2008
-
LAS MENINAS. NUEVO MÉXICO JOEL-PETER WITKIN. 1987 Una de las elaboradas fotografías de Witkin repasa la pintura española CORTESÍA DE JOEL-PETER WITKIN
-
EL RECINTE. EQUIPO CRÓNICA. 1971 Rafael Solbes y Manolo Valdés hicieron una relectura de los grandes maestro. COLECCIÓN PARTICULAR, VEGAP
-
LA INFANTA MARÍA TERESA DE ESPAÑA. VELÁZQUEZ. 1651-54 Retrato de la hija de Felipe IV y de Isabel de Borbón que se casó con Luis XIV
-
MENINAS EN CUCLILLAS.LOUIS CANE. 1982 Además de Picasso, el pintor y escultor francés reconoce la influencia de Monet COLECCIÓN LOUIS CANE
Es la primera vez que el museo de la calle Montcada se abre a un largo recorrido, del siglo XVII al XXI, y no podía haberlo hecho mejor, ya que uno de sus capitales mayores es la serie picassiana de Las meninas del año 1957, legada por el artista íntegramente a la ciudad en 1968.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez pintó la tela para él mismo, entre 1655 y 1656, cuatro años antes de morir. Pocos la vieron en los aposentos reales del Alcázar durante siete décadas, pero no pasó inadvertida para los pintores de su tiempo, desde su yerno a otro pintor de la corte y admirador, Goya. Empezó a generar lecturas y a ofrecer lecciones visionarias de generosidad enorme. Informa de que el cuadro sabe más que el autor, de quien puede decirse que debe aplicarse a conciencia a obedecer al cuadro y terminarlo. Velázquez tenía 57 años. Las meninas contienen un enigma, son el relato de un misterio que comienza así: ¿a quién pinta Velázquez? ¿A quién tiene delante? Pues el cuadro no muestra de manera convencional a la familia real (una pista de ello es su título, Las meninas, las infantas, no el conjunto familiar)… Lo maravilloso del cuadro es que, mediado el siglo XVII, Velázquez pinta ya la mirada del espectador: somos nosotros quienes estamos viendo la escena de cómo él pinta. Nos mira a nosotros. Todos nos miran desde los siglos, incluso el tipo que en el fondo se recorta en el umbral.
En el XVIII el cuadro fue descubierto para todos y colgado en el Prado gracias a Jovellanos y a Goya, que dejó testimonio del influjo en La familia del infante don Luis de Borbón (1783). Y entonces empezó la revolución velazqueña.
La exposición del Museu Picasso reúne unas sesenta obras, entre pintura, escultura, dibujo, grabado, fotografía y videoarte. Las obras proceden de colecciones españolas e internacionales. No hace falta que esté el cuadro de Velázquez, que no sale del Prado. Empieza con el soberbio y dulce Retrato de doña Inés de Zúñiga, condesa de Monterrey de Juan Carreño de Miranda, pintado entre 1660 y 1670. Termina, en las salas bajas del museo, con dos vídeos sensacionales, uno de 1974 de Juan Downey (1940-1993), chileno afincado en Nueva York, y otro de la londinense Eve Sussman (1961), del 2004, que triunfó en la Whitney Biennial de aquel mismo año, una elegante y hasta decorativa pantalla sensual sobre lo que podría estar sucediendo en el taller de Velázquez mientras pinta Las meninas, atento sólo a la tela y a su trabajo, sin mirar a nadie en ningún momento. De arriba abajo del Museu Picasso, las obras reunidas hablan del influjo perenne del cuadro velazqueño, artista de quien el franquismo se apropió y que fue rescatado para siempre por Picasso en su serie de 1957. Relato histórico en clave española que el mejor arte pop del lugar, el valenciano Equipo Crónica, actualizó a conciencia en 1971 y en 1981. Hasta el 28 de septiembre. No se la pierdan.






