Cultura / Arte 

Mitologías cotidianas

Pop europeo

14/09/2008

Texto de Mercè Ibarz
  • Album le rouge1, Gérard Fromanger, 2006. Centre Pompidou, Musée National d’Art Moderne, París

  • La antesala, Equipo Crónica, 1968. Fundación Juan March, Madrid

  • El caballero español, Eduardo Arroyo, 1970. Centre Pompidou, Musée National d’Art Moderne, París

  • Le grand Méchoui ou douze ans d’histoire, Coopérative des Malassis, 1972. Musée des Beaux-arts, Dole (Francia)

  • Marx Freud Mao, Henri Cueco, 1969-1970. Musée d’Art Moderne de la Ville de París

  • American interior n°9, Erró, 1968. Museum Moderner Kunst Stiftung Ludwig, Viena (Austria)

  • Vietnam, la bataille du riz, Gilles Aillaud, 1968. Col. particular, París.Cortesía Galerie de France

  • My darling Clémentine, 1963. Hervé Télémaque, Centre Pompidou, Musée National d’Art Moderne, París

Fotos
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El arte pop ya había nacido –a finales de los años 50– en Londres y en Estados Unidos, y era en América donde su impacto se estaba revelando de gran calado al tiempo que se intuía su deslizamiento hacia la sátira trivial y decorativa por imperativos del negocio artístico. En 1964, la Bienal de Venecia proclamaba el pop americano con el Gran Premio de pintura a Robert Rauschenberg. Aquel mismo año, el Musée National d’Art Moderne de París, hoy en el Centre Pompidou, organizaba una exposición que con el tiempo devendría la respuesta europea al pop americano, Mitologías cotidianas, reuniendo a 34 artistas, entre ellos Eduardo Arroyo, afincado en París por su antifranquismo. Eran artistas cuyos nombres y obras poco dicen hoy a tantos buenos aficionados al arte, una prueba más de hasta qué punto el mercado del arte engulle a quien no está en el centro de los negocios, entonces Nueva York sin discusión. Pasadas cuatro décadas, los museos europeos han recuperado ya a los pop británicos, tan intensos y sutiles, al Equipo Crónica por nuestros lares (aunque no aún a todos los pop), y llega el momento de los pop franceses y otros europeos, gracias a la elocuente exposición que esta semana abre el Ivam y en primavera se vio en el Centre Pompidou parisino. La muestra, patrocinada por Bancaja y organizada por la Réunion des Musées Nationaux, el Centre Pompidou y el museo valenciano, presenta más de cien pinturas, objetos y películas, y el catálogo incluye entrevistas actuales a nueve artistas y críticos que analizan y rememoran aquellos años y su legado.
Como suele suceder, la figuración narrativa no fue una tendencia proclamada como tal sino la denominación de un crítico,  Gérald Gassiot-Talabot, y de dos pintores, Bernard Rancillac y Hervé Télémaque, que organizaron juntos la exposición de 1964. ¿Por qué figuración narrativa? El término alude a las imágenes reconocibles, figurativas, narrativas por cuanto contienen relatos. Relatos contrarios al arte abstracto y a la figuración burguesa, en palabra muy de la época, que dominaban las galerías parisinas. Eran artistas de izquierdas o extrema izquierda inspirados en el cómic, la foto, el cine, las imágenes de actualidad y un fuerte sentido del color y de la superficie plana. Los formatos y las cosas cobraban nueva libertad para exhibir “los objetos sagrados de una civilización volcada al culto de los bienes de consumo” y denunciar “los gestos brutales de un orden fundado en la fuerza y en la artimaña, el choque de señales, las movidas y exigencias que traumatizan diariamente al hombre moderno”. Una exposición para no perderse, que prefigura buena parte del presente como prefiguró entonces el 68.

Exposición

Figuración narrativa. París 1960-1972.
Del 18 de septiembre al 11 de enero en el IVAM. Valencia
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