No es de extrañar que La conspiración del pánico haya llegado al número 1 de la taquilla estadounidense. Es una de esas películas delineadas para ello desde su génesis. El productor es Steven Spielberg, responsable, además, de la idea original. Una organización secreta utiliza la tecnología inseparablemente amarrada a nuestro día a día para convertir a dos personas normales y corrientes en los fugitivos más buscados del país. Él es un chaval bastante desmotivado y en paro que, de la noche a la mañana, descubre que su cuenta bancaria rebosa salud y su lugar de trabajo está lleno de armas terroristas de fabricación casera, con idéntico estupor. Desde ese momento comenzará a recibir órdenes a través del móvil o de los anuncios luminosos que abarrotan las fachadas de la ciudad. Por su parte, ella es una joven madre que cree que su hijo está de excursión hasta que una llamada le indica que ha sido secuestrado y se lo demuestra a través de imágenes insertadas en una enorme pantalla de televisión de las que se usan para publicidad en la calle. Las instrucciones que reciben ambos acaban reuniéndoles y, aunque desconfían mutuamente, terminarán comprendiendo que están viviendo la misma pesadilla. Aparte del carácter inquietante de la historia, que el director D. J. Caruso se encarga de rodar como el filme de suspense y acción trepidante que es, este se beneficia de que su cartel esté encabezado por dos de las estrellas emergentes más taquilleras del momento: Michelle Monaghan, que fue protagonista de La boda de mi novia y Misión: Imposible III, y Shia LaBeouf, definitivamente lanzado tras la última de la serie Indiana Jones y el éxito de Transformers.
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