21/12/2008

Daniel Barenboim

“La música nos ayuda a entender al ser humano”

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
Músico y director de orquesta, Daniel Barenboim es una de las grandes personalidades de nuestro tiempo y un ciudadano del mundo en el sentido más exacto y elogioso que puede tener esa expresión. El encuentro con él es el primero de una nueva serie del Magazine en la que los reporteros que entrevistaron a los premios Nobel de Literatura se disponen a hablar con genios de hoy

Daniel Barenboim dirige a la Staatskapelle de Berlín en un concierto

Berlín es todo un paraíso para los amantes de la música clásica. No hay muchas ciudades en el mundo que puedan presumir de cuatro óperas, tres grandes salas de música sinfónica y varias orquestas de primer nivel. Todo tiene su explicación: tras la fusión en 1990 de las dos ciudades, la comunista y la capitalista, las autoridades decidieron que no iban a reducir sus formaciones musicales y las mantuvieron a todas. Acompañando unos días por las gélidas calles de la capital alemana al director Daniel Barenboim –que vive aquí desde 1991, al frente de la Ópera Estatal y su Staatskapelle–, nos damos cuenta del porqué: hay afición. La gente le saluda, le detiene, e incluso una mujer le abraza ante nosotros diciéndole: “¡Maestro! ¡Anoche me emocionó usted tanto!”. Se refería al concierto que, la noche anterior, había dirigido en la Filarmónica de Berlín. Schönberg, levantando pasiones como en nuestras tierras lo haría un futbolista.

Lo primero que llama la atención del maestro –así le llama todo el mundo– es su don de lenguas. Le hemos visto discutir con alguien en ruso por teléfono móvil, despachar en alemán con su secretaria en sus oficinas de la ópera, responder al saludo de un amigo en italiano, bromear en hebreo en su camerino… “Sí –cuenta–, hablo inglés, francés, español, alemán, italiano, hebreo y ruso. Pero los únicos idiomas que realmente estudié fueron el español, en la escuela en Buenos Aires, hasta que nos fuimos cuando tenía nueve años, y entonces en Israel, de repente, aterricé en una escuela donde todo era en hebreo, una lengua de la que nada comprendía.”

Su último libro, El sonido es vida, lo ha escrito originariamente en inglés. “Es el idioma que más uso, era la segunda lengua del colegio israelí.” Con él, establece paralelismos entre la creación musical y la esencia de la condición humana. “Es un libro filosófico, resultado de muchos años de reflexión. Mi padre me enseñó no solamente a tocar el piano sino a pensar. Desde una edad muy precoz, los diez años, estoy acostumbrado a reflexionar sobre lo que hago y todo lo que hay a mi alrededor.”

Mientras un músico callejero toca el acordeón frente al edificio de la ópera, Barenboim se aprieta el cuello del abrigo y pone un ejemplo de su método musical aplicado a la política. “Las fracasadas negociaciones de paz de Oslo entre palestinos e israelíes, que empezaron en 1993, tuvieron un problema de tempo. La idea en sí era positiva: encontrar una solución pacífica al conflicto, pero cuando vi cómo se desarrollaba, ya intuí su fracaso. ¿Qué nos enseña la música? Que la velocidad determina la efectividad. Y, en Oslo, la preparación de las discusiones fue demasiado rápida, mientras que el proceso de discusiones fue muy lento y con interrupciones frecuentes, justo al revés de lo correcto. La elección del tempo, tanto en política como en música, determina inexorablemente lo que vendrá, el éxito o el fracaso de nuestra tentativa.”

El director, durante un ensayo con la formación de cámara de la Ópera Estatal de Berlín

Ya en su oficina, bromea diciendo: “He estado pensando en utilizar este pasaporte para mi próximo viaje a EE.UU.”, y nos muestra un documento palestino. “Aunque tal vez me iban a interrogar durante varias horas…”, dice antes de cerrarlo. No es solamente que hable siete lenguas, es que este hombre, además, tiene cuatro nacionalidades: la argentina (por nacimiento), la israelí (desde pequeño), la española (por sus actividades a favor de la paz) y la palestina, que obtuvo este año 2008 en reconocimiento a su activismo político. Y sus orígenes se remontan más allá todavía: “Mis cuatro abuelos eran judíos rusos que emigraron a Argentina por los pogromos. Nací en 1942 en Buenos Aires, cuando era una ciudad eminentemente ­musical”.

Fue premiado en el 2002 con el Príncipe de Asturias de la Concordia, por haber creado, junto al fallecido Edward Said, la West Eastern Divan Orchestra, una formación musical que solamente funciona en verano y que reúne a jóvenes músicos de países enfrentados en Oriente Medio: palestinos, israelíes, sirios, egipcios… “De hecho, ahora hay un 15 o 20% de andaluces, porque el presidente de la Junta, Manuel Chaves, nos ofreció un hogar en Andalucía para este proyecto, con una escuela de música incluida.”

Cuando todo un director como Barenboim, acostumbrado a trabajar con los mejores intérpretes del mundo, decidió dirigir a un grupo de jóvenes árabes y judíos –alguno de los cuales no había pisado jamás un escenario–, algunos creyeron que no duraría mucho. “Pues ya llevamos nueve años –responde–, con altibajos, pero con una mejora notable del nivel; algunos de ellos forman parte de orquestas profesionales en distintos países. Yo no siento ninguna diferencia cuando les dirijo a ellos o a mi orquesta en Berlín, yo exijo siempre el máximo.”

Su mayor satisfacción es que los componentes de la formación “ven ahora el mundo de otra manera. ¿Qué significa tocar en una orquesta de manera inteligente? Que tienes que dar el máximo de ti, porque, si no, no aportas suficiente contribución a la colectividad, pero al mismo tiempo tienes que escuchar y oír a los otros instrumentos. ¡Qué lección para la vida! Tener que exprimirse al máximo y simultáneamente oír a los demás. En la orquesta del Divan, cuando los chicos se sientan a cenar, tras siete horas de ensayos, es muy difícil que no escuchen al otro, porque han pasado todo el día tratando de entenderse. A través de la música es posible imaginar un modelo social alternativo, ver cómo debería funcionar el mundo. Ver que el bienestar del uno no existe sin el del otro. Hacer música es un diálogo, en el que es muy importante conocer el papel que cada uno tiene en el conjunto, al igual que es importante conocer nuestro lugar en la sociedad. Saber a quién tienes que seguir, darte cuenta de que los acompañamientos son fundamentales, que los elementos rítmicos subrayan la grandeza de la melodía... La música solamente nace cuando hay una unidad, cuando la orquesta tiene un pulmón colectivo que respira de la misma forma”.

Bajo la dirección de Barenboim, la Staatskapelle interpreta piezas de Bruckner y Schönberg en
el edificio de la Filarmónica de Berlín


Planificar las actuaciones de la orquesta del Divan parece, en ocasiones, una película de espías, con intervenciones de jefes de Estado incluidas. “En el año 2005 conseguimos tocar en Ramala, pero tuvieron que intervenir Zapatero, Felipe González, el presidente sirio y los gobiernos alemán e israelí. Los músicos israelíes tenían prohibido por ley entrar en Palestina, y otra ley impedía a los sirios y libaneses atravesar territorio israelí. Al final, España nos concedió pasaporte diplomático a toda la orquesta para que pudiéramos atravesar cualquier frontera. Después de la guerra de Líbano del 2006, la cosa ha em­peorado mucho, no hemos podido ir este verano a Jordania, por ejemplo.”

Su programa de actuaciones parece el de un atleta. El primer día que nos recibió daba, por la noche, un concierto de Bruckner y Schönberg en la Filarmónica, lo repetía al día siguiente en la Konzerthaus y, a los tres días, ya actuaba en las matinales de la Staatsoper. Enciende un puro y reconoce: “Me encanta hacer música. Si fuera solamente una profesión o un deber, la mitad de lo que hago sería demasiado. Ayer experimenté un placer enorme con esa sinfonía de Bruckner, que hace casi 40 años que la estoy dirigiendo, pero que trabajé con la Staatskapelle por primera vez. Ver a toda esta gente, a los músicos que he visto crecer, escuchar cómo tocan ahora, ¡fue magnífico! Y hoy repito otra vez. ¿Qué quiere que le diga? ¿Que sufro? ¿Que me aterra la posibilidad de dirigir otra vez el mismo concierto? ¡Pues no! Estoy contentísimo, ¿Qué haría yo hoy con más gusto esta noche que irme a dirigir la cuarta de Bruckner otra vez? ¡Nada!”.

Y vuelve a unir música y vida. “Mire, Schönberg realizó una ruptura radical con la jerarquía de la música tonal, rompió con el orden precedente al crear el sistema dodecafónico. Para mí, eso es un ejemplo perfecto de las contradicciones de la naturaleza humana: una parte nuestra lucha por la libertad y la independencia sin tener en cuenta las consecuencias (como esa batalla musical por alejarse de la tonalidad), y otra parte de nuestra psique busca la seguridad de la jerarquía, la autoridad y lo familiar.” En el suelo de su despacho, descansan, desperdigadas, partituras de Elliott Carter, compositor cuyo centenario ha celebrado con un concierto en Boston a principios de diciembre.

“Hay algo que encuentro lamentable –prosigue–: que existan millones de seres humanos que no necesitan la música para nada, no porque no tengan la educación para comprenderla, sino simplemente porque no han entrado en contacto con ella. En los últimos 100 años hemos alejado a la música del resto de la vida, del resto de la cultura. Hemos erigido una especie de torre de marfil, a la cual tiene acceso un número reducido de personas, una minoría muy pequeña de apasionados, a la que le encanta lo que hacemos, cierto, y lo último que quiero es criticarlos, pero la conexión de la música con la actividad social y lo que es el ser humano se ha hecho cada vez más floja. Mucha gente, para olvidarse de que tuvieron un día malo, de que se enfadaron con su mujer o con su amiga, o con ambas, de que fueron al dentista, de todas las cosas terribles y desagradables que nos suceden a todos todos los días, al terminar la jornada, van a su casa y se ponen un disco. Eso no es malo, pero yo creo que la música es algo más que un instrumento de evasión, creo que nos ayuda a entender lo que es el ser humano, la sociedad, lo que somos nosotros.”

Conversaciones con genio 1 | 2 | siguiente
de: Yolanda Vásquez | 24/01/2009
Extraordinario, la Música es un medio Psicoteraútico. Mis felicitaciones.
de: Roser Micaló | 06/01/2009
Para mi, la música me ayuda cada dia en mi trabajo como creadora. Sirvió en su momento para motivarme en los estudios y a seguir adelante en la escuela. Lo he redactado en dos noticias de mi blog (El radiocasette) www.rosermicalo.com/blog
de: Begoña Martínez | 21/12/2008
Per als alumnes d'orquestra

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