14/10/2007

Marina Litvinenko

“Habrá problemas con Putin. El asesinato de Litvinenko"

Texto de José Martí Gómez
Fotos de Carlos González Armesto

es la viuda del espía ruso que murió envenenado por polonio 210 en Londres. Junto al hasta ahora científico y disidente ruso Alex Goldfarb firma Muerte de un disidente. La siniestra historia de la muerte de Litvinenko tiene altas dosis de corrupción y poderosos personajes y explica una parte de la Rusia actual.

El 23 de noviembre del 2006, jueves, a las veintiuna horas veintiún minutos, moría en el University College Hospital de Londres el disidente ruso Alexander Litvinenko. Según los informes médicos había sido envenenado con polonio 210, una de las sustancias más tóxicas que se conocen. Según los informes policiales, el envenenamiento lo llevó a cabo un ex agente ruso que puso la dosis mortal de polonio 210 en la tetera de la que se servía Litvinenko en el Pine Bar del hotel Millenium, en Piccadilly. Ha sido, que se sepa, el crimen político más sofisticado cometido hasta ahora. Una dosis mínima de polonio 210 es letal. El padre de Litvinenko tenía razón cuando en la puerta del hospital dijo que a su hijo lo habían matado introduciendo en su cuerpo una diminuta bomba nuclear.

Marina Litvinenko, viuda del que fue espía, firma el libro Muerte de un disidente, editado por Taurus, que ha escrito Alex Goldfarb, disidente que como científico trabajó en Estados Unidos y actualmente es director ejecutivo de la International Foundation for Civil Liberties, fundada por Boris Berezovsky, un potentado que quiere destruir a Vladimir Putin tras haber sido, como hombre fuerte enriquecido en el entorno de Boris Yeltsin, uno de los hombres poderosos que actuando en los entresijos del Kremlin le convenció para que aceptará el poder.
Como en todo drama, también en esta historia siniestra de la que poca gente sale bien parada hay un amplio reparto. Ciñámonos a los personajes principales:

Alexander Litvinenko. Fue espía antes de abandonar Rusia.
Boris Berezovsky. Oligarca ruso que se enriqueció rápidamente  con las privatizaciones al caer el comunismo. Hoy vive exiliado. Litvinenko trabajaba para él.
George Soros. Filántropo norteamericano que hizo negocios con Boris y acabó rompiendo con él y con Alex Goldfarb, coautor del libro y durante varios años su hombre de confianza para las conexiones filantrópicas y financieras en Rusia. 
Ahmed Zakayev. Ex actor. Ministro de Cultura y de Asuntos Exteriores de Chechenia. En el exilio desde el 2002.
Vladimir Putin. Ex jefe de espías, hoy presidente de Rusia. Su origen es muy humilde. Sigue siendo un hombre austero. Lo que le apasiona es el poder. No el dinero. 
Andrei Lugovoi. Hombre de negocios ruso. Ex espía.

Hecha la sinopsis de la obra y presentados algunos de los actores, dialoguemos con dos de los protagonistas.

En su libro, escriben que Litvinenko no supo de los gulags hasta los años noventa. ¿Cómo es posible, siendo como era un hombre de los servicios de inteligencia?
MARINA LITVINENKO. En Rusia todo el mundo lo sabía, pero no se podía reaccionar. Era un problema que si no te afectaba te permitía seguir viviendo con normalidad.

¿Litvinenko era políticamente un ingenuo?
ALEX GOLDFARB. Por supuesto que políticamente no estaba formado. Creció en un pueblo pequeño en el seno de una familia militar, y su formación se basó en la escuela, el ejército y los servicios de inteligencia. Las revelaciones sobre la historia en los años de Stalin salieron a la luz muchos años después y no penetraron hasta mucho más tarde en el sector de la sociedad con el que Litvinenko se relacionaba. En términos generales, él sí conocía la existencia de los gulags porque veía la televisión, pero Rusia no era ni es lo que fue la Alemania de la posguerra, que vivió un sentido de culpa por los crímenes del nazismo en los campos de exterminio. En Rusia el estalinismo se ha vivido de forma distinta. Sólo hay que observar cómo Stalin ha sido rehabilitado. A principios de los años noventa, con el apoyo de la fundación Soros, los libros de historia de Rusia se reescribieron para dar una versión objetiva. Ahora se han vuelto a reescribir para valorar a Stalin como uno de los mejores líderes de Rusia.

Boris Berezovsky, magnate ruso exilado para el que trabajaba Litvinenko en el momento de ser asesinado, ¿no forma parte de lo que su ex socio George Soros define como el club de los barones del robo?
A.G. Es una cuestión de definición. Depende de qué entendamos en esos términos. Lo de barones del robo es un término que viene de la historia del capitalismo norteamericano y en ese sentido, sí: Boris es, por supuesto, un barón del robo porque es una persona que amasa rápidamente una inmensa fortuna personal, como la amasaron los barones del robo en Estados Unidos: Morgan con la banca, Carnegie con el acero, Vanderbilt con los ferrocarriles, Rockefeller con el petróleo...

¿Qué separa a Soros de Boris, antes socios, hoy distanciados?
A.G. Para la mayoría de las personas, sobre todo en Rusia, los dos son lo mismo: forman parte de la conspiración judía internacional que aspira a que Rusia se someta al imperialismo norteamericano. Pero por supuesto sí existen diferencias entre Soros y Boris, en sus visiones personales y económicas. Soros está muy cercano al socialismo y al pensamiento de Keynes en el sentido de que los gobiernos deben regular los mercados. Boris es un capitalista más clásico, próximo a la vieja escuela del dejar hacer, en el sentido de Adam Smith.

Cuenta usted que un día preguntó a Boris si se había vuelto altruista y que él le respondió que su cambio de actitud no era cosa de altruismo sino de instinto de supervivencia.
A.G. La clave que define la paradoja de Boris en la política rusa hay que buscarla el día que va a ver a Putin cuando éste ya ocupa el poder y empieza a darle instrucciones sobre lo que debería hacer, y Putin le corta de forma abrupta preguntándole: “¿Tú quien eres?; el presidente soy yo”, a lo que Boris responde: “Te hemos coloca- do en este cargo y tienes que hacer lo que te digamos”. Le decía que no se metiese en Chechenia, que no apretase a las televisiones independientes, que no rebajase los poderes de las regiones, que les dejase seguir ganando dinero. Lo que hizo Putin fue todo lo contrario. El resultado es una dictadura fascista y Boris en el exilio.
En la Rusia de hoy, ¿más peligroso que el comunismo no es el capitalismo salvaje?
A.G. Es lo que piensa Soros. Yo pienso de forma distinta. Lo que amenaza a Rusia es la consolidación de una dictadura corrupta.

Está muy callada, señora Litvinenko.
M.L. No voy a comentar nada sobre política. Alex lo puede contar mejor.

Hace veinte años entrevisté en Londres a Annabel Markov. Como usted, era rubia, tenía los ojos entre verdes y azules y un rostro sereno y bello. A su marido, un disidente  búlgaro, le asesinaron también de forma sofisticada: cuando atravesaba el puente de Waterloo le pincharon, de forma que en principio parecía un accidente casual, con la contera de un paraguas que contenía un veneno mortal. Annabel, con una hija de la edad que ahora tiene su hijo, había abandonado la esperanza de saber quién asesinó a su marido. ¿Sabrá usted quién asesino a su esposo?
M.L. Probablemente se sabrá algún día porque los investigadores ingleses trabajan sin presiones del Gobierno, son independientes. El aspecto negativo es que el principal sospechoso reside en Rusia y el Gobierno ruso se niega a extraditarlo. Cuando me reuní con los fiscales que llevan el caso recibí la firme promesa de llegar hasta el final.

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de: Lucía Menéndez González | 19/10/2007
Soy una lectora dominical de esta revista de 20 años, me ha impresionado muchísimo esta entrevista, de verdad. Es la 1º vez que tengo una visión tan acertada sobre Rusia y su política. Ya que la desconocía. Excelente entrevista, enhorabuena. Besos y saludos desde Avilés, Asturias.
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