Eric Hobsbawm
"El mundo necesita recuperar los valores de la Ilustración para afrontar el futuro"

Eric J. Hobsbawm, nacido en Alejandría en 1917, es el historiador vivo más leído del mundo. A sus 90 años, sus libros siguen despertando un interés masivo entre un público interesado por el siglo XX y por el presente. Recientemente estuvo en Barcelona, donde de la mano de la editorial Crítica, pronunció una conferencia (12 de noviembre, en el CCCB) y el amplísimo sótano de la institución se quedó pequeño por la gran afluencia de personas, que superó, de largo, los siete centenares. Esta capacidad de convocatoria de Hobsbawm se explica porque, además de ser miembro del grupo de historiadores marxistas británicos, es un analista muy influyente entre la izquierda en el mundo.
El autor de las eras históricas contemporáneas, que concreta en la de la revolución (1789-1848), la del capital (1848-1875), la del imperio (1875-1914) y la de los contrastes, convertida ésta en una canónica Historia del siglo XX, es un referente intelectual por su claridad teórica, capacidad generalizadora y perspicacia por los detalles. Sus argumentos, basados en el saber crítico y en documentados razonamientos, convierten su lectura en una sugestiva tormenta de ideas sobre el presente y las perspectivas de futuro. Todo ello al margen de que se esté o no de acuerdo, por ejemplo, con respecto a su posición euroescéptica, por citar una de las cuestiones. Aprovechando su estancia entre nosotros, hemos recabado su opinión acerca de ocho grandes temas del presente: la hegemonía mundial, la guerra del siglo XXI, la dualidad entre derecha e izquierda, el futuro de Europa, la tendencia fundamentalista en las grandes religiones, las grandes migraciones, la complejidad del presente y la receta para entender el mundo actual.
¿Qué sustituirá al viejo sistema de hegemonías que regía el mundo?
Estamos en un momento de declive de la hegemonía mundial. Estados Unidos sigue siendo el país más potente y hegemónico, pero a raíz de lo acontecido en la guerra de Iraq, no está en condiciones de desempeñar el papel que ha tenido hasta ahora y el que pretendía el presidente George W. Bush seguir desempeñando. Nos encontramos, pues, al final de un periodo de la historia occidental que se ha distinguido por un gran crecimiento económico y tecnológico que ha traído como consecuencia una gran acumulación de riqueza. Sin embargo, y a pesar de este declive, la hegemonía occidental está en disposición de proyectar su enorme influencia por el gran capital acumulado en la educación y en las instituciones científicas.
Por otra parte, China está adquiriendo fuerza para convertirse en una primera potencia mundial, aunque los dirigentes chinos no han demostrado hasta el momento tener las aspiraciones hegemónicas que en el pasado tuvieron Gran Bretaña y, más tarde, Estados Unidos. Por tanto, la cuestión es en la actualidad la caída de poderes hegemónicos y la emergencia de otros países, fundamentalmente China.
¿Vamos, pues, hacia un nuevo equilibrio mundial?
Según mi opinión, el principal cambio que se está produciendo es de orden político y tiene dos vertientes. Por una parte, el mundo se encuentra en un proceso de balcanización, de emergencia de pequeños poderes. Piense en Europa, por ejemplo. En 1913 había apenas 20 países. Todavía no ha transcurrido un siglo y ya son el doble. Paralelamente a este proceso, los países grandes se vuelven más poderosos, y no sólo las grandes potencias industriales tradicionales, sino los países con economías emergentes, como son la citada China, India, Brasil y otros. Esto obliga a los primeros a negociar con los segundos en condiciones de igualdad en plataformas como la Organización Mundial del Comercio o instancias similares. Por tanto, el nuevo equilibrio tendrá que producirse entre las antiguas potencias y las emergentes.
Hay quien piensa que el nuevo equilibrio se dará entre Estados Unidos y la Unión Europea. No es seguro, entre otras razones porque las políticas europeas han estado alineadas con las estadounidenses. Si ha habido un cierto enfrentamiento ha sido únicamente en el aspecto económico. Por otra parte, hay problemas de equilibrio que no son globales sino regionales. Y la mayoría de estos problemas surgen en Oriente Medio y en el Sudeste Asiático. Allí es donde aparece hoy el principal peligro para el equilibrio mundial, porque, junto con África, son las áreas donde surgen las grandes guerras y las catástrofes sociales.
¿Cómo será la guerra del siglo XXI?
Grandes guerras como las de la primera mitad del siglo XX, que conforman el siglo más sangriento de la historia, son posibles pero no probables. Las grandes guerras entre países creo que están prácticamente excluidas. De hecho, ya han estado ausentes en el siglo XX en las Américas (con la salvedad de la guerra del Chaco, entre 1932 y 1935, entre Bolivia y Paraguay) y es muy difícil imaginarlas, ahora, en la Europa occidental y central. En Asia sigue siendo una posibilidad, pero creo que el equilibrio entre China, India y Pakistán la hacen menos probable.
En cambio, lo que es más corriente en la actualidad son los conflictos bélicos dentro de un estado con la intervención militar desde otros estados, desde fuera. Esta es la situación en Oriente Medio y en Afganistán. Y la característica principal de estos conflictos es que la actividad militar es relativamente pequeña, pero sus efectos sobre la población civil es desproporcionadamente grande. En la actualidad, la proporción de víctimas civiles de cualquier guerra se sitúa entre el 80 y el 90%, cuando en la Primera Guerra Mundial la cifra sólo fue del 5%. En cambio, el personal militar y el número de soldados que interviene en los conflictos es relativamente pequeño.







