16/12/2007

Jean-Jaques Picart

"La mezcla de inteligencia y fantasía será la felicidad en la moda futura"

Texto de Ima Sanchís
Fotos de paolo Roversi
Es un gurú de la moda, un estratega que ha estado en los principales momentos de las grandes marcas de este enorme negocio. Picart está convencido de que no es ya época de lujo y excesos, de cambiar de ropa a golpe de tendencia marcada. La receta para el futuro de la moda cree que incluirá buen tejido, buen color, buena forma y las fantasías
“No basta con ser bueno en lo que haces, tienes que demostrar a primera vista que eres el mejor, por eso hay una gran valoración de la apariencia”

Consultor estratégico de excepción, se ha convertido en la sombra de los grandes de la moda. En algunos casos ha creado, en otros ha lanzado, mantenido y singularizado importantes marcas de moda, siendo capaz de conducir a creadores, mánagers, empresarios y diseñadores, todos animales de piel fina.
Nació en Camboya, su madre es vietnamita y su padre francés. Él es parisino. Pero es quizá esa mezcla la que le hace no encajar en el estereotipo del glamour y la moda, donde todas las estilistas visten de negro y lucen gafas de sol en los desfiles, y donde es tan importante el producto como quién se sienta en primera fila de las pasarelas que importan. Iba para ginecólogo, quería traer bebés al mundo, pero los psicólogos de orientación profesional le propusieron la comunicación y él obedeció. Por sus maneras, muy femeninas, nadie sospecharía que está casado, con una periodista de moda de Le Figaro, y tiene dos hijos. Su trato es entusiasta y amable, y su discurso, en un mundo en el que sobran mariposas del glamour, es profundo e inteligente.

¿Llegó al lugar adecuado en el momento oportuno?
Sí, llegué en plena transformación, era la década de los sesenta, todo bullía, en la sociedad se imponía lo joven, queríamos cambiar el mundo y, por una vez, lo conseguimos. En moda se pasó de los interminables y aburridos desfiles de las casas de moda a la alegría de Courrèges o Paco Rabanne, que sacaron a las modelos a la calle haciéndolas desfilar al ritmo de la música en jardines y garajes.

¿Y qué ocurrió en la industria?
Lo mismo, se inició la explosión de la moda industrial que todavía perdura. Hasta entonces el panorama se reducía a la alta costura, las modistas que copiaban y adaptaban la alta moda y la ropa más básica y barata. A partir del 68 empiezan a aparecer las marcas industriales con creatividad. Yo creé mi despacho de relaciones con la prensa en ese momento de cambio en el que lo barato singular parecía más excitante que lo caro. Se trataba de una revolución política, intelectual y social.

La sociedad de masas.
Exactamente. Los desfiles entraron en el mundo televisivo, acudir a ellos se convirtió en un valor social añadido. En el mundo de los creadores ya no bastaba con trabajar el diseño y el acabado, había que dar espectáculo, una tendencia que no ha parado de crecer. En ese contexto mi trabajo no se limitó a contar a la prensa lo que los diseñadores proponían, llegué a aconsejar a los diseñadores y a todas esas nuevas marcas que surgían, cómo posicionarse y comunicar su singularidad. Comencé a trabajar con clientes tan diferentes como Hermès, Thierry Mugler, Cacharel, Emanuel Ungaro, Kenzo, Jean-Charles de Castelbajac, Daniel Hechter, Helmut Lang, Jil Sander, Jean Patou, La Redoute, o marcas extremadamente industriales como Newman o Levi’s .

Ejerció usted de coaching de la moda y sus grandes industrias cuarenta años antes de que se inventara ese término.
No lo había pensado, pero sí, porque mi trabajo consiste en entrenar y aconsejar a los mánagers y presidentes de estas grandes empresas que normalmente están solos con todos sus problemas. Les ayudo a tomar decisiones y elecciones como negocio: imagen, comunicación y desarrollo. Por otro lado, trabajo con los diseñadores que esperan de mí un training para exprimir mejor su identidad, comunicar mejor su estilo, determinar y explotar su diferencia, y ampliar su potencialidad en el éxito de la marca.

En un mundo tan subjetivo eso no debe de ser fácil.
Como todo, la moda es un producto bien envuelto y comunicado. Es negocio, empleo e industria, y el momento decisivo se da cuando la prenda se enfrenta al cliente en el probador. Pero también es cierto que en la moda hay poca gente normal.

Hay prendas imposibles.
Algunos desfiles muestran la colección que luego se venderá en las tiendas, pero para muchos el desfile es un show con el que llamar la atención de la prensa de moda que va de ciudad en ciudad y de desfile en desfile. Un desfile es el tráiler de la colección, pero nunca es la colección. Como en el cine, ese tráiler debe invitar a la prensa y los compradores a ver la película, pero no es la película. Crea el deseo de conocer más.

En 1987 creó la casa de alta costura Christian Lacroix. ¿De dónde salió Lacroix?
Siempre me ha gustado trabajar con jóvenes creadores, con Ricardo Tisci estuve dos años y logré que entrara en Givenchy y escogí a Hedi Slimane para Dior hombre. Lacroix era mi asistente, pero me di cuenta de que era un couturier y no un diseñador.
¿Pero no decía que la alta costura estaba superada?
Comprendí que si la alta costura permanecía sólo como una actividad comercial moriría, pero si se convertía en una expresión artística global podía haber un futuro. Bernard Arnault acababa de comprar Dior, y le propuse que invirtiera.

Pero si ya tenía Dior.
Eso mismo me dijo Arnault: “¿Por qué quieres que invierta en una casa de costura si ya tengo a Dior?”. Dior pertenece ahora mismo al pasado, le expliqué, y Lacroix será el futuro, de manera que tendrás una casa histórica y una de vanguardia. Era una operación esencialmente mediática.

La moda es cada día más ecléctica. ¿Ha llegado el momento de su desmitificación?
Estamos en un momento importantísimo, ante el fin de una larga historia sin que todavía haya comenzado algo realmente nuevo. Estamos como pasajeros en tránsito. Hemos descendido de un avión en el que Tom Ford, Gucci, John Galiano, Arnault, Chanel, Yves Saint Laurent y todos los grandes grupos de lujo hacían que la moda y el negocio fueran una misma cosa con un éxito espectacular que se ha mantenido durante quince años.

Años dorados para ellos, sin duda.
Pero hoy los hijos de las primeras clientas empiezan a convertirse en consumidores, y sus expectativas no son las mismas. Pronto tomaremos otro avión en el que no sólo habrá grandes marcas, tendrán que hacer sitio a cosas nuevas: colecciones más marginales, más artesanales y diferenciadas.

¿Ya está en la calle?
Sí, desde luego. La mujer avanzada en moda hoy puede llevar un tejano que le sienta bien, una camiseta de H&M de un bonito color y unos zapatos carísimos de Jimmy Choo o de Manolo Blahnik. De manera que lo razonable no impide el capricho. Y por encima de esa camiseta se pone un cinturón que compró en México y lleva el anillo de casada que heredó de la abuela de su marido. Esta es la actitud fundamental del consumidor moderno. Ya nadie hace looks completos de marcas de lujo.
¿La gente ha aprendido a vestir según su criterio o es una moda?
Los tiempos y las circunstancias han cambiado. Ahora cada uno quiere expresar su personalidad y su diferencia, porque es en esta diferencia en la que se valora la personalidad. Todos nos movemos en un contexto económico difícil, inseguro; no basta con ser bueno en lo que haces, tienes que demostrar, a primera vista, que eres el mejor en lo tuyo, que eres singular; por lo tanto hay una gran valoración de la apariencia.

Pues va a tener usted que dar muchos consejos a todas esas casas que nos proponen ropa llena de marcas visibles que rozan la caricatura.
Eso se acabó. Se acabó la creatividad de apariencia de superficie, viene una creatividad de sentido. El futuro pertenecerá a marcas donde el producto mezcle calidad e integridad y no simplemente el efecto. Empieza a notarse en los círculos que marcan tendencia una rebelión y resistencia frente a llevar las siglas como bandera. La moda hoy día es importante, pero ya no es capital, porque la sociedad capitalista consumista nos ha llevado a todos a un clima de ansiedad. Cuando el día a día esta marcado por la ansiedad, los valores cambian, ya no tenemos necesidad de comprarnos un nuevo vestuario cada temporada porque tenemos el armario lleno de ropa que nos sienta bien y con ese dinero podemos comprar otras cosas más esenciales.

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