03/02/2008

Maya Picasso

"Todo el mundo se cruzó con Picasso quiere tener algo que contar"

Texto de Ima Sanchís
Fotos de Inma Sainz de Baranda
Maya Picasso no sólo heredó  un extraordinario parecido físico con su padre sino que es también la más ferviente defensora de un hombre del que dice  que era simplemente normal, como tantos,
y al que muchas biografías presentan  casi como a un monstruo. Es la hija que  más tiempo vivió con el pintor y ha acabado por convertirse en la guardiana de su imagen, incluso frente a otros miembros de la familia que recuerdan al genio con odio.
“Durante la guerra corría detrás del papel, porque no había, y a partir del nacimiento de Paloma, cuando ya tenía la edad de ser abuelo, empezó a correr detrás del tiempo.”
La veo bajar por las escaleras del hotel Colón de Barcelona sonándose la nariz. “Sí, hace frío”, le digo, y ella se pone a cantar: “Tápame, tápame, tápame, que tengo frío”. Tiene 72 años, ella dice que nació en la edad media en París, es la hija de Marie-Thérèse Walter y Pablo Picasso, con el que guarda un parecido asombroso que le gusta exagerar, porque abre mucho los ojos y te apunta con su gran nariz, idéntica a la de su padre. También comparte con él una vitalidad envidiable, un humor cáustico y cierto descreimiento y desprendimiento de gentes y objetos. “Mi padre cogía una foto suya, pintaba mi pelo rubio sobre ella y me decía: Así serás cuando tengas sesenta años.”
Cuatro de los diez cuadros más valorados del mundo son de su padre, su prolífica obra ha solucionado la vida de su amplia descendencia, y su nutrida vida sentimental ha alimentado a un amplio abanico de biógrafos, directores de cine y buscavidas que se presentan en casa de Maya con supuestas obras de su padre que ella y su hermano Claude, el hijo de Picasso y Françoise Gilot, certifican o no, y que les ha llevado varias veces ante los tribunales.
De los cuatro hijos que tuvo Picasso, Maya es la que más años vivió con él y la que nunca ha sacado partido de su padre, no ha escrito biografías y no vende obra. Presta, cede y, si puede, compra: “Me gusta coleccionar la obra en la que aparecen mi abuelo, mi abuela, los retratos de mi madre y los míos. Son para mí como fotos de familia”.
Cuando le nombro los profundos ojos de Anthony Hopkins interpretando a su padre en la película de James Ivory Life with Picasso, basada en el libro de Françoise Gilot, que recibió excelentes críticas, Maya, pese a no haberla visto, empieza a enumerarme una serie de sinsentidos y pormenores: “Nos pintan como unos esnobs desinhibidos. Mi padre, Françoise, mi madre y yo tomando el té y hablando en inglés. Mi  madre odiaba el té, Françoise odiaba a mi madre, y mi padre nunca se hubiera metido en ese lío. La verdad es que me da cierta rabia. La misma que me dio aquella serie que rodaron en España sobre los años jóvenes de mi padre en la que olvidaron la miseria que vivió y lo pintaban como un señorito. Pero así es, todo el mundo que se cruzó con Picasso quiere tener algo que contar. John Richardson (biógrafo de Picasso) pretendió darse notoriedad inventando una nueva amante, Sara Murphy, aprovechando que los Murphy coincidieron un verano con él en la Costa Azul. Y antes de eso llegó a encontrarle a mi padre un hermanito desconocido. Hay cosas peores, cuanto más muerto está Picasso, más perverso se vuelve el personaje, del que dicen que era fumador de opio, homosexual y que le apasionaban las menores de edad. Se olvidan de que mi padre pintaba dieciséis horas al día y ni siquiera bebía porque tenía una úlcera de estómago. Mi padre tenía mucho talento, pero es el dinero lo que le ha hecho excepcional para la mayoría”.
Entre los nietos de Picasso también hay defensores y detractores. Marina Picasso, nieta de Olga Koklova, la primera mujer del pintor, dijo de su abuelo: “Era una combinación de promesas incumplidas, abuso de poder, mortificación, autosuficiencia e incomunicación”. Para poner un poco de orden, Maya Picasso abrió su caja de Pandora y pasó a uno de sus tres hijos, Olivier Widmaier, abogado, documentos, fotos y cartas que jamás habían sido hechos públicos para que escribiera Picasso. Retratos de familia, que pre-senta a su abuelo como lo ve su ma-dre: “Un hombre complejo, un genio de la pintura, pero un padre cariñoso, generoso y atento. Un hombre más bien clásico, como tantos”.
De la madre de Maya, una joven y hermosa suiza que conoció a Picasso con 50 años, se hace todo tipo de juicios de valor. Picasso se casó en 1918 con Olga Koklova, una bailarina rusa con la que tuvo a su primer hijo, Paulo. Nueve años después conoció a Marie-Thérèse. “Yo tenía 17 años
–relató ella años más tarde–. Era una joven inocente. No sabía nada, ni de la vida ni de Picasso. Había acudido a las galerías Lafayette a hacer unas compras, y Picasso me vio al salir del metro. Simplemente me cogió del brazo y me dijo: ‘¡Soy Picasso! Tú y yo vamos a hacer grandes cosas juntos’.” Dicen que por ella Picasso abandonó a Olga, el cubismo y el surrealismo, para pintar formas más sensuales y eróticas, todos los retratos y esculturas que hizo de Marie-Thérèse. El 5 de octubre de 1935 nació Maya, y Picasso pidió el divorcio a Koklova, que se negó. Acordaron que ella se quedara con Paulo y con Boisgeloup, la casa de Normandía, y Picasso con su nueva familia. En este punto empiezan las versiones sobre la relación que mantuvieron la madre de Maya y Picasso. Para algunos, las limitaciones intelectuales de Marie-Thérèse exasperaban al pintor, que pronto estableció una nueva relación con la fotógrafa Dora Maar, de la que afirman que fue la mujer más importante de la vida del artista. Para otros, incluida su propia hija, el hogar que formó con ellas (todos los jueves y los fines de semana, Picasso, pese a Dora, seguía durmiendo en la casa de Marie-Thérèse y Maya) y su unión con Marie Thérèse fueron los más duraderos y perduraron, de una u otra manera, hasta la muerte.
El 20 de octubre de 1977, cincuenta años después de haberlo conocido y cuatro años después de la muerte de Picasso, Marie-Thérèse Walter se ahorcó en el garaje de su casa de Juanles-Pins. Se despidió de su hija en una carta. “No fue solamente la muerte de mi padre lo que la llevó al suicidio –escribiría Maya–; fue mucho más que eso… La relación entre ellos era una locura. Ella creía que tenía que cuidar de él, incluso después de muerto.”
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de: Rómulo-Antonio Tenés | 19/07/2008
Marie Thérèse Walter fue violada [Détournement des mineurs] cuando era menor de edad por Pablo Ruiz Picasso. Marie Thérèse, sin duda alguna, era una persona dependiente; por ello, sin saberlo, acomplejada, necesitaba de la protección económica paternal, de "alguien". Pablo, a su vez, necesitaba expandir su testosterona en espacio fértil. Huvo una anterior violación de menores perpetrada por Picasso: Raymonde, de trece años, hija adptiva de nuestro artista y Fernande Olivier, en 1906. El "apasionado" de Picasso, Guillaume Apollinaire, camufló los datos a fin de que Picasso no fuera condenado y expulsado de Francia. Fdo: Rómulo-Antonio Tenés, Autor del libro "Picasso 1891-1905 Fraude"
12 de octubre
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