03/02/2008

Maya Picasso

"Todo el mundo se cruzó con Picasso quiere tener algo que contar"

Texto de Ima Sanchís
Fotos de Inma Sainz de Baranda
Maya Picasso no sólo heredó  un extraordinario parecido físico con su padre sino que es también la más ferviente defensora de un hombre del que dice  que era simplemente normal, como tantos,
y al que muchas biografías presentan  casi como a un monstruo. Es la hija que  más tiempo vivió con el pintor y ha acabado por convertirse en la guardiana de su imagen, incluso frente a otros miembros de la familia que recuerdan al genio con odio.

Picasso, en los toros, en Vallauris (Francia), en 1955, flanqueado por su última compañera, Jacqueline Roque,  y su amigo Jean Cocteau, y con su hija Maya detrás de él

Sobrevivir a Picasso...
No la he visto, con el tráiler tuve bastante, es una película estúpida. No era ningún loco bohemio, despreocupado de sus hijos, todo eso es mentira, pero cuando un hombre es muy famoso, todo el mundo parece saber más de él que sus allegados, fíjese que quienes le critican son, entre otros, algunos nietos que convivieron con él bien poco.

Cuando usted tenía 12 años nació Claude y dos años más tarde Paloma. ¿Cómo le sentó?
Me gustó mucho. Yo no he tenido problemas ni con Françoise ni con Jacqueline, que llegó después. Y no tenía problemas porque yo no era la mujer, la madre ni la amante; era la hija. ¡A mí qué más me daba!

Supongo que le dolería por su madre.
No es tan fácil de explicar, mi abuela siempre le decía a mi padre: “Si tú quisieras ser monaguillo, acabarías siendo Papa; si tú quisieras ser soldado, serías general”. Mi padre se iba con facilidad al extremo de todo. Además, se las apañaba siempre para que todo fuera bien y para que todos estuvieran más o menos contentos.

Su madre adoraba a su padre, pero él la abandonó.
Eso no es cierto. Si mi madre le hubiera pedido la luna a mi padre, él se la hubiera dado. A pesar de todo, ellos eran su molde de amor. A mi madre nunca le oí criticar a mi padre, y a mi padre jamás le oí decir algo despectivo sobre mi madre. Una vez, mi hermano mayor, Paulo, criticó a Marie-Thérèse, y mi padre, muy serio, le dijo: “Te prohíbo decir lo que sea en contra de Marie-Thérèse”.

¿Usted las conoció a todas?
Sí, a Dora Maar la conocí cuando tenía 5 años. Pero la conocí verdaderamente cuando murió y tuve que ordenar sus cosas. Había guardado todo lo que tuviera relación con mi padre, lo más insignificante. Él había dibujado en la pared unos mosquitos, y ella les ponía círculos; pintaba el resto de la pared, pero esos circulillos mugrientos, jamás. Ella estaba chalada, hipnotizada por Picasso. Con Françoise me llevaba muy bien, tenía la misma edad que mi hermano mayor, veintipocos. Mi papá era especial para todo el mundo, incluso para los homosexuales, todos querían ser tocados por la magia de Picasso. Pero había muchos y muchas impresionadas por la fama, el dinero, la gloria. Pensaban que ellas iban a ser las reinas, que serían inmortalizadas y aparecerían en los libros, pero no lo han sido. A él, lo que le interesaba de la mayoría de ellas era un detalle, una manera de sentarse, unas piernas, una nariz…

¿Se embelesaba de pedacitos?
A él lo que más le gustaba en este mundo era pintar. Ellas se entregaban, proponían, y él aceptaba o no porque ya tenía mucha edad e iba corriendo detrás del tiempo. Durante la guerra corría detrás del papel, porque no había, y a partir del nacimiento de Paloma, cuando ya tenía la edad de ser abuelo,  empezó a correr detrás del tiempo. Nunca hablamos de la muerte, no era de los que se cuidan mucho, pero sabía que el tiempo se iba.

El caso de Jacqueline Rocque también es muy curioso.
Su marido era ingeniero del ferrocarril y se la llevó a África. Allí, sola, bajo el asfixiante calor y con la nada alrededor, vivió ella aburrida hasta que regresó a Francia. Su marido le pasaba una pequeña pensión para ella y su hija. Jacqueline tenía un futuro algo sombrío.

Su padre tenía casi ochenta años.
No fastidie, nunca podrá encontrar el porqué. A esas mujeres con hijos no las querían los hombres, la pueden querer a ella, ¿pero hacerse cargo de los hijos?... Además, bajita, como mi padre, no demasiado hermosa... Ella era su secretaria y su enfermera.

Pero Jacqueline se suicidó por amor.
Hay gente que se mata sin que te des cuenta. Bebía bastante, por no decir mucho. Ella ya no podía hablar más con mi papá, tan entretenido, estaba sola...

Usted es la única mujer que ha abandonado a Picasso.
Más tonterías que se dicen. La madre de Claude y Paloma también se marchó de su lado y se casó con otro. Los niños venían a ver al papá. Pero mi padre no podía aceptar ver a Françoise con otro hombre.

¡¿Ah, no?!
No; es así, es así, es así y tú te callas. Así que Claude y Paloma venían solos. Françoise tampoco quería que Jacqueline cuidara de sus hijos, así que la persona ideal era yo. Pero yo tenía 20 años y le dije: “¡Pero Françoise...!”. Y me enviaron a una negra de las Antillas para ayudarme y para que sus hijos no estuvieran a solas com mi padre y Jacqueline, que tenía casi mi edad. De esa manera todo iba como una seda para ellos. Pero yo quería hacer mi vida y eso hice, tres hijos preciosos.

Entrevistas anterior 1 | 2 | 3 |
de: Rómulo-Antonio Tenés | 19/07/2008
Marie Thérèse Walter fue violada [Détournement des mineurs] cuando era menor de edad por Pablo Ruiz Picasso. Marie Thérèse, sin duda alguna, era una persona dependiente; por ello, sin saberlo, acomplejada, necesitaba de la protección económica paternal, de "alguien". Pablo, a su vez, necesitaba expandir su testosterona en espacio fértil. Huvo una anterior violación de menores perpetrada por Picasso: Raymonde, de trece años, hija adptiva de nuestro artista y Fernande Olivier, en 1906. El "apasionado" de Picasso, Guillaume Apollinaire, camufló los datos a fin de que Picasso no fuera condenado y expulsado de Francia. Fdo: Rómulo-Antonio Tenés, Autor del libro "Picasso 1891-1905 Fraude"
23 de noviembre
23 de noviembre
Publicidad
Buscar en