06/02/2008

Manuel J. Borja-Villel

"Me gustaría crear en tres años una ciudad dentro del Reina Sofía"

Texto de José Martí Gómez
Fotos de Mané Espinosa
Manuel J. Borja-Villel es el nuevo director del centro de arte Reina Sofía de Madrid, donde piensa aplicar su experiencia al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. El papel de un museo, argumenta, es educar a la gente. De ahí su proyecto: crear un espacio de libertad
para  las ideas, una ciudad en la que pueda vivirse una experiencia lúdica que se refleje en el conocimiento
“Uno de los retos de los museos de hoy está en romper con los cánones de la modernidad clásica”

El señor Manuel J. Borja-Villel aparece en la puerta de su despacho en el primer piso del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) con un vaso en la mano. Van a dar las diez de la mañana, y le da a la cucharita para que se acabe de disolver bien la aspirina. “Me duele la cabeza”, dice.
Pensó el entrevistador que era por las tensiones propias del traslado del señor Borja-Villel a Madrid para dirigir el Reina Sofía, pero resultó ser por algo aparentemente más sencillo, pero que en muchos casos provoca desajustes fisiológicos: el dolor de cabeza le venía de haber madrugado para ir a una entrevista matinal en un programa de televisión en el que apenas le habían dejado hablar. “La verdad es que todavía no sé para qué me llamaron”, ha comentado sorbiendo con fruición la aspirina.
Nos sentamos. Sobre la mesa, dos tazas con café. Una es para el entrevistador, y otra, para el señor Borja-Villel. Como el entrevistador ya ha tomado su café y declina la invitación, el entrevistado lo agradece y se bebe los dos: “Me irán bien para ayudar a la aspirina a despejarme la cabeza”.
El despacho es agradable por lo que tiene de espacio anticonvencional. El horizonte que se divisa a través de los amplios ventanales es el de las fachadas de las casas vecinas y refleja el contraste entre lo que de moderno tiene el museo y lo que de neorrealista tiene lo que queda en pie del viejo barrio del Raval. De una de las fachadas basta decir que el collage no lo supera una pintura.
Borja-Villel, nacido en Burriana (Castellón) en 1957, ha sido director del museo de  la Fundación Antoni Tàpies y ha dirigido el Macba desde el año 1998. Ahora, este hombre cordial, de baja estatura y con pinta de hiperactivo deja Barcelona y el Macba y se traslada a Madrid para dirigir el Reina Sofía. Hay quien no se lo perdona, y hay quien ve en su marcha un nuevo dato que demuestra la pérdida de peso cultural de Barcelona. “Déjeme coger un papel y un bolígrafo”, ha dicho el señor Borja-Villel, formado en Estados Unidos. Tiene un hablar fluido. A ratos, torrencial. El papel y el bolígrafo los necesita porque mientras responde tiene necesidad de hacer lo que denomina “dibujitos”. Dice que no puede remediarlo. No es porque se sienta un artista frustrado. Se habituó a hacer dibujitos como apoyo a su reflexión verbal en tiempos de estudiante e influido por un profesor.

¿De qué hablan los directores de museos cuando no hablan de arte o presupuestos?
En un museo todo va absolutamente ligado. Es como ser director de una película, en la que confluyen elementos plásticos, historia y presupuesto. Pero la vieja historia del artista de la edad media que iba de un lugar a otro contando historias creo que sigue siendo válida porque tiene que ver con la vida. Sabemos que en sus bellísimas, geniales partituras, Beethoven introducía notas de gastos. Yo, cuando no hablo de artes plásticas, tengo dos temas de conversación: la literatura y el cine. La literatura, porque durante muchos años, ahora se me está curando supongo que por la vejez, sufrí insomnio y eso me permitió leer mucho, sobre todo literatura del XIX hasta hoy. El cine, por ser un arte que siempre me ha interesado mucho. El arte en general es textual, incluso el más abstracto. A veces son historias sin argumento. Es cierto que cine y fotografía son las dos grandes artes de la modernidad que empieza con los poetas.
 
Los museos de hoy parecen estar más influenciados por el cine que por la literatura del XIX.
Aparentemente. Como género, sí. Estamos influenciados por la división hecha en la modernidad según la cual lo visual tenía que ir con lo visual, la pintura tenía que ser pictórica, la literatura debía ser literaria... Es una división absolutamente ficticia, porque hay literatura muy plástica y pintura muy literaria y no ocurre absolutamente nada por ello. A partir de esa división, y dado que los museos se formaron en el tiempo de la modernidad, se organizaron pensando que tenían que ser vistos con los ojos, debían ser depositarios de las artes visuales. Es un punto de vista falso. La gran figura de la modernidad plástica fue Mallarmé. Su influencia ha sido extraordinaria incluso en Picasso. Y Mallarmé fue un poeta. Uno de los retos de los museos de hoy está en romper con los cánones de la modernidad clásica.

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