24/02/2008

Alex Pattakos

"La vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti"

Texto de Ima Sanchís
Fotos de Xavier Gómez
Alex Pattakos invita a verle el lado bueno al estúpido del jefe. Es un experto en evaluación de programas, asesora a empresas, políticos y situaciones catastróficas, pero sobre todo es un seguidor de Victor Frankl en su búsqueda de sentido a la vida. Asegura que cada uno puede darle la vuelta, provocar el cambio en cada momento de su vida. Y que esa impronta personal, como la cortesía del taxista, tiene efectos en los demás.

El experto en ciencias políticas y psicología Alex Pattakos, en una reciente visita a Barcelona

“Todos los días de nuestra vida están llenos de respuestas con sentido, pero hay que detenerse el tiempo suficiente para apreciarlas"

En los campos de exterminio nazis, Victor Frankl vio como algunos hombres se paseaban entre los barracones ayudando a los demás, dándoles su último pedazo de pan. “Puede que fueran pocos en número –escribió–, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante las circunstancias para decidir su propio camino.”
La vida y el trabajo del neurólogo y psiquiatra austriaco Victor Frankl han tenido una influencia muy profunda en el mundo; sus reflexiones sobre la vida humana han sido punto de partida para destacados psicólogos y también políticos, filósofos, líderes religiosos y educadores. Su obra "El hombre en busca del sentido último", uno de los diez libros más influyentes en EE.UU., según la Biblioteca del Congreso, narra sus experiencias en los campos de concentración donde puso en practica la logoterapia, forma de psicoterapia humanista que se basa en el concepto del sentido de la vida.
Alex Pattakos, doctor en Ciencias Políticas y Psicología, asesor de las cincuenta primeras empresas americanas y de numerosos políticos en Estados Unidos (entre otros, los equipos de Bill Clinton, Ronald Reagan, Jimmy Carter), fue discípulo y seguidor de los principios de Frankl, con los que ha trabajado en las grandes catástrofes medioambientales, como el huracán Katrina del 2005. En su libro En busca del sentido (Paidós), traducido ya a once idiomas, aplica la filosofía de Frankl al mundo del trabajo, analiza cómo nos posicionamos ante él y ante la vida. Porque, como han podido comprobar los que han asistido a su seminario En busca del sentido en el trabajo (organizado por la consultora Solo Com), vida y trabajo están entretejidos, al igual que dentro y fuera, yo y los otros. “Un año antes de su muerte –explica Pattakos–, estando yo sentado junto al doctor Frankl, me cogió del brazo y me dijo: ‘¡Alex, el mundo necesita tu libro!’...” Y ese fue el empujón definitivo para que este hombre insista en ese legado vitalista.

Nos pasamos la vida buscando el sentido…
El sentido se halla en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida. Pero se nos escapa el tiempo, y con él, el sentido. La fragmentación de nuestras vidas, el implacable ritmo de las cosas, nos despojan de sentido. ¿Para qué todo esto?, nos preguntamos entonces el día que la vida nos obliga a detenernos.

Eso, ¿para qué?
Para encontrar la respuesta a la gran pregunta debemos primero responder a preguntas más modestas: ¿por qué hacemos lo que hacemos?, ¿qué significa nuestra vida para nosotros?, ¿qué significado tiene nuestro trabajo? Todos los días de nuestra vida están llenos de respuestas significativas, pero hay que detenerse el tiempo suficiente para apreciarlas. Es esencial estar ahí para detectar y reconocer el sentido, y la mayoría del tiempo nos hallamos en otro lugar. Cada momento encierra dentro una semilla de sentido, y cada uno es responsable de encontrarlo.

¿Cómo?
Encontrando los valores centrales de cada uno, abriéndonos a nuestra propia autenticidad e integridad. Saber por qué hacemos las cosas es esencial para saber cuál es el sentido de nuestras vidas, pero no siempre es fácil averiguarlo. Para Frankl, las dos cosas que nos motivan más son el amor y la conciencia.

Nadie lo diría…
Servimos mesas en un restaurante para criar a nuestros hijos, alimentar a nuestro perro y pagar el recibo de la luz; damos consejo a nuestros amigos para que puedan sobrellevar mejor el estrés; a veces damos una limosna... Todo eso tiene que ver con el amor y la conciencia. Se trata de quitarse la máscara, es un camino de autodescubrimiento, no una búsqueda intelectual de sentido.

Requiere un cambio de actitud.
Y previamente conciencia. Cuando nos abrimos al significado, cuando nos detenemos el tiempo suficiente para apreciar a los demás, a nosotros mismos y al trabajo con todo su sentido, aumentamos inmediatamente la calidad de nuestra vida y la de las personas que nos rodean. El problema es que vamos por la vida con el piloto automático.

Somos animales de costumbres.
Confiamos en nuestras pautas de pensamiento aprendidas, sí. Creamos senderos mentales siguiendo el mismo procedimiento por el que se forman los caminos en el campo: mediante el uso repetido. Así nos encerramos en nuestra propia prisión mental y perdemos de vista nuestro potencial natural y también el de los demás. Debemos aprender a hacernos de manera positiva y habitual la pregunta de Victor Frankl: ¿qué me está pidiendo que haga la vida?, ¿qué me está pidiendo esta situación a mí?

La pregunta de las épocas de crisis.
Sí, la que suele seguir, con suerte, a los diagnósticos de cáncer, pérdida de seres queridos, de trabajo… Mi padre murió a los 56 años de un cáncer y vivió toda su vida entre paréntesis, con la idea de empezar a vivir cuando se jubilara. Era un hombre con éxito, pero nunca hizo lo que realmente quería hacer. La gente tiene que entender que hacerse esas preguntas es un síntoma de salud, no de enfermedad.

Reconozca que es una pregunta para filosofar…
Entonces se lo formularé con deberes, porque saber algo y no ponerlo en práctica es como no saberlo. Nuestra primera tarea es dejar de quejarnos. Si somos sinceros, reconoceremos que encontrar algo de lo que quejarnos, sobre todo en el trabajo, nos hace felices.

Cierto.
Pero lamentarnos de nuestros tristes empleos frente a la máquina de café no nos aporta significado. En vez de emplear nuestro tiempo en encontrarle sentido, lo invertimos en centrarnos en la carencia de sentido. Pregúntese por qué se queja, o mejor, qué beneficio obtiene de esa queja.

De acuerdo, ninguno.
Nuestras quejas trivializan nuestra experiencia en el trabajo y en nuestra vida personal. Cuando nos quejamos, desconectamos; ponemos el hecho o a las personas de las que nos quejamos como escudos y nos apartamos de ellos. Perpetuamos un estilo de vida victimista que nos convierte en seres indefensos. Pero cuando dedicamos el tiempo necesario a comunicar nuestros miedos e inseguridades, conectamos a un nivel más auténtico y profundo. Esa es la vida real.

Menudo desafío…
Estamos siendo continuamente desafiados. Frankl decía que entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio se hallan nuestra libertad y nuestro poder de escoger la respuesta. En nuestra respuesta descansan nuestro crecimiento y nuestra felicidad. Lo que recibimos es siempre lo que damos. Se trata de no vivir la vida con el piloto automático, hay que preguntarse con más frecuencia por qué hago lo que hago o para qué lo hago, cómo me hace sentir, qué aprendo y cómo voy a crecer y desarrollarme como resultado de esa situación.

… Esa es demasiada responsabilidad.
Veo que empieza a entenderme. Si cada persona hiciera esto de forma individual, comenzaríamos una transformación colectiva, ya que es obvio que no tenemos control sobre nadie más que sobre nosotros mismos. Todos hemos experimentado y sabemos que cuando cambiamos nuestra percepción del otro, la relación cambia.

Dénos herramientas para recuperar esos valores esenciales que perdimos por el camino.
Deténgase a pensar cuáles son las personas que en su vida más han significado para usted, qué aprendió de ellas, cuál es el denominador común de la gente que admira…
Y luego pregúntese si usted
responde a él.

Uno puede admirar a Gandhi, pero Gandhi está muy lejos de una persona corriente.
Gandhi nunca diría eso. Es un tema de elección de cómo vives lo que te sucede. Nuestra vida es un continuo, no es un problema que deba resolverse, sino un camino hacia el sentido. Si nos consideramos responsables de encontrar en cada momento ese sentido, viviremos más despiertos y veremos cómo todo conecta, veremos patrones.

¿Patrones de comportamiento, respuestas que repetimos?
Todos conocemos a personas que saltan de una relación a otra y nunca aprenden de las experiencias, es decir, nunca asumen la responsabilidad por entender el sentido inherente a cada relación, y como consecuencia siguen repitiendo el mismo patrón. Así que la idea del sentido es encontrar lo positivo incluso en lo negativo, y así podemos tomar la responsabilidad de crecer, de tener relaciones con más sentido. Y cuanto mas relaciones con sentido tengamos, más significado tendremos en nuestra vida y empezaremos a llenar el vacío existencial. Triunfamos sobre los fracasos cuando los convertimos en cosas útiles.

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de: Vicente C. Alvira | 28/02/2008
La relación con los demás y el trato íntimo de cada uno son fundamentales para conocer y dar sentido a nuestra vida. Además, yo añadiría que cada persona debe de cultivar y tratar de rodearse, siempre que sea posible, en todos los entornos donde se desenvuelve, de un buen ambiente que facilite la concordia y el entendimiento, en definitva la convivencia. En la línea del artículo (entrevista) se comienza por estar bien consigo mismo, comprederse, y después darle sentido a cada momento vital. Gracias por esta entrevista a Álex Pattakos.
de: Carlos Turmo Pérez | 25/02/2008
Qué decir más de la entrevista, sólo remarcar lo beneficiosa y clarificadora que ha sido para mi. Gracias a por publicar este tipo de entrevistas.
de: Pere Manel Olcina i Collado | 24/02/2008
Gran entrevista, grandísimo entrevistado, leer estos reportajes inspira un sentimiento o ...un sentido, como dice Alez Pattakos
de: José Martínez-Romero | 24/02/2008
Enhorabuena por la publicación de la entrevista a Pattakos. Contamos en España con varios discípulos de Frankl que nos dedicamos a la Psicología en su aplicación en los diversos campos en los que la Analítica Existencial y la Logoterapia tienen éxito probado: la atención de enfermos terminales, la asistencia a víctimas de violencia doméstica, la formación de grupos de padres que han perdido hijos, etc. En todos estos casos y otros, la asistencia "oficial" es nula porque no se espera ayudar al otro en la búsqueda del sentido, AUN EN LAS PEORES CIRCUNSTANCIAS, tal como predicaba Frankl, sino la "eficiencia" probada según metodologías de dudosa validez científica o por lo menos, humanista.
31 de agosto
31 de agosto
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