Yasmina Reza
"Me interesa el mecanismo del poder en un hombre"

Se presenta desdibujada, como su literatura. Nos han advertido de su rechazo a las entrevistas. En su estancia en España acepta sólo esta y con dificultad. A Yasmina le disgusta la curiosidad reciente de quienes se acercan a ella sólo para preguntarle por la personalidad de Sarkozy que ha perfilado en El alba la tarde o la noche (Anagrama/Empúries). Reza siguió durante toda campaña al candidato, le observó, apuntó y, finalmente, le diseccionó. “La política es un oficio de imbéciles practicado por gente inteligente”, concluye. Y Sarkozy, “un hombre convencido de que el peor riesgo en esta vida es no correr ninguno”.
Así que Reza, que prohíbe que la fotografíen en casi todas sus apariciones, se sienta ante un café americano (“que siempre alargo con la esperanza de que se convierta casi en un té”) con cara de resignación. Otra entrevista. Con antelación se preocupa en insistir en que no hablará de su vida privada ni de Sarkozy. Acabamos hablando de todo eso y más. Y riendo.
Estoy algo asustada. Dicen que usted puede ser más cruel con un periodista que con sus propios personajes.
Pregunte, pregunte… que yo ya le iré cortando.
¿Sabe qué significa en castellano su apellido, Reza?
No.
Ora.
¿Eso significa? ¿De veras?
¿Usted dejó de orar hace mucho?
¡Uy! ¡Esa es una pregunta muy indiscreta!
¿Ya?
Bueno, se lo diré: no, ya no rezo a nadie.
Dice que Bach le ha salvado la vida varias veces. Y que no pudo continuar su carrera de actriz por no ser “ni demasiado rubia ni demasiado guapa”. Nació hace 49 años, hija de padre judío de origen ruso y madre judía húngara. Él tocaba el piano; ella, el violín. Sus ancestros, judíos españoles expulsados por los Reyes Católicos. Se casó con el director de cine Didier Martiny, de quien tiene dos hijos, de 20 y 15 años.
Su libro sobre Sarkozy me ha parecido un cuadro impresionista.
Me alegra. Eso es, exactamente: pinceladas, la suma de puntos, los trazos.
¿Cómo son los cuadros de las paredes de su casa?
Muy distintos. Pintura contemporánea. Amo el color. Yo intenté pintar, pero lo hago muy mal, horrible.
Nathalie Sarraute me comentó una vez que lo más importante en la literatura son los puntos suspensivos. Porque encierran lo que no puedes explicar.
Estoy totalmente de acuerdo. La escritura es el silencio. Alguien más me ha dicho que me parezco a Sarraute y sus tropismos. Pero aunque fue una mujer muy inteligente, a la que respeto muchísimo, no me reconozco en ella. Nos une una cosa: estamos convencidas de la importancia de los gestos cotidianos, casi invisibles. Pero la encuentro demasiado intelectual, como escritora.
Puestos a buscarle influencias…
Me acerco más a la escritura de Marguerite Duras.







