09/03/2008
Teresa Pàmies
Memoria del último adiós al compañero de toda la vida
Texto de José Martí Gómez
Foto de Roger Velázquez
La escritora Teresa Pàmies publica Informe a un difunt, que dirige a su marido, el histórico dirigente comunista Gregorio López Raimundo, en el que le explica todo cuanto ocurrió en el último periodo de su vida, cuando él era un enfermo dependiente. El libro rebobina el pasado con cariño y sin autocompasión

En la ciudad leridana de Balaguer en la que Teresa Pàmies cruzaba la frontera de la adolescencia, entrar en el cine costaba diez céntimos. Las películas todavía eran mudas, y las sesiones en el Principal se anunciaban haciendo sonar un timbre en la plaza del Mercadal. En la sala oscura, con los ojos fascinados por la historia que mostraba la pantalla, empezó a forjarse lo que esta mujer, octogenaria de baja estatura, mejillas sonrosadas y fuerte personalidad, define como una parte importante de su educación política y sentimental.
Militante comunista desde su juventud, el final de la guerra la llevó al exilio del que regresó a principios de la década de los setenta. Unos años antes había ganado el premio Josep Pla con Testament a Praga, una hermosa crónica hilvanada a partir de sus recuerdos y de la correspondencia mantenida con su padre, el jardinero fiel de los parques de Praga y del comunismo, un hombre decente que siempre le repetía “no te dejes domesticar”.
Escritora prolífica, Teresa Pàmies tiene una personalidad aparentemente contradictoria tanto en el aspecto ideológico como en el humano. Mujer de sólidas convicciones comunistas, ha escrito las páginas más bellas que una no creyente puede dedicar a Santa Teresa de Jesús, “que deseaba para las mujeres, no sólo para las monjas, un gozo interior, el ‘castillo’ donde hallar sosiego y compañía y no vigilancia; deleites para el cuerpo y el espíritu, a salvo de las rutinas embrutecedoras y de las leyes inventadas por y para el servicio de los hombres”.
Mujer de aspecto hosco, de trato en principio difícil, Teresa Pàmies conecta con sus lectoras precisamente por su humanidad. Recuerda cartas, llamadas telefónicas, muchas de ellas de mujeres de la burguesía, pidiéndole consejo. Y se preguntaba, de eso hace ya muchos años, por qué las tardes de los domingos la gente parece que se pone más triste. A ella la llamó por teléfono, una tarde de domingo, una mujer que le explicó que iba a suicidarse junto con su hija. “Su hija, ¿por qué?”, le preguntó. Fueron cuarenta minutos de conversación que recordaba como un tiempo angustioso. La convenció de que no debía suicidarse. Había olvidado la historia cuando recibió una maceta con una planta en flor y una nota que decía “Gracias”.
Unida sentimentalmente a Grego-rio López Raimundo, el regreso de ambos a Cataluña en los años finales de la dictadura fue difícil. Secretario general del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), él vivía en la clandestinidad, y ella tuvo que criar a sus cuatro hijos sin apenas verlo salvo en furtivas reuniones clandestinas que años después recogió en un libro, Amor clandestí, que, como todos los suyos, tiene como argumento una historia de vida.
Ahora, ha escrito otro: Informe a un difunt (informe a un difunto, editado por La Campana). Cuenta que se le ocurrió mientras miraba el cadáver de su esposo en el ataúd. Rebobinar el pasado de sus vidas a partir del tiempo desasosegante de la enfermedad, pensó mirándole. Sin autocompasión y con el cariño de siempre, vino a decirle. A Teresa Pàmies le gusta llorar en los cines. A su esposo rara vez se le escaparon las lágrimas. Cosa del condenado pudor masculino. No sé si lloró al escribir Informe a un difunt, pero hay emoción en sus palabras cuando recuerda lo que cuenta en su libro.
Esta entrevista, para respetar el espíritu del Informe, se ha transcrito en forma de monólogo, para que la autora sea la única dueña de las palabras.
Militante comunista desde su juventud, el final de la guerra la llevó al exilio del que regresó a principios de la década de los setenta. Unos años antes había ganado el premio Josep Pla con Testament a Praga, una hermosa crónica hilvanada a partir de sus recuerdos y de la correspondencia mantenida con su padre, el jardinero fiel de los parques de Praga y del comunismo, un hombre decente que siempre le repetía “no te dejes domesticar”.
Escritora prolífica, Teresa Pàmies tiene una personalidad aparentemente contradictoria tanto en el aspecto ideológico como en el humano. Mujer de sólidas convicciones comunistas, ha escrito las páginas más bellas que una no creyente puede dedicar a Santa Teresa de Jesús, “que deseaba para las mujeres, no sólo para las monjas, un gozo interior, el ‘castillo’ donde hallar sosiego y compañía y no vigilancia; deleites para el cuerpo y el espíritu, a salvo de las rutinas embrutecedoras y de las leyes inventadas por y para el servicio de los hombres”.
Mujer de aspecto hosco, de trato en principio difícil, Teresa Pàmies conecta con sus lectoras precisamente por su humanidad. Recuerda cartas, llamadas telefónicas, muchas de ellas de mujeres de la burguesía, pidiéndole consejo. Y se preguntaba, de eso hace ya muchos años, por qué las tardes de los domingos la gente parece que se pone más triste. A ella la llamó por teléfono, una tarde de domingo, una mujer que le explicó que iba a suicidarse junto con su hija. “Su hija, ¿por qué?”, le preguntó. Fueron cuarenta minutos de conversación que recordaba como un tiempo angustioso. La convenció de que no debía suicidarse. Había olvidado la historia cuando recibió una maceta con una planta en flor y una nota que decía “Gracias”.
Unida sentimentalmente a Grego-rio López Raimundo, el regreso de ambos a Cataluña en los años finales de la dictadura fue difícil. Secretario general del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), él vivía en la clandestinidad, y ella tuvo que criar a sus cuatro hijos sin apenas verlo salvo en furtivas reuniones clandestinas que años después recogió en un libro, Amor clandestí, que, como todos los suyos, tiene como argumento una historia de vida.
Ahora, ha escrito otro: Informe a un difunt (informe a un difunto, editado por La Campana). Cuenta que se le ocurrió mientras miraba el cadáver de su esposo en el ataúd. Rebobinar el pasado de sus vidas a partir del tiempo desasosegante de la enfermedad, pensó mirándole. Sin autocompasión y con el cariño de siempre, vino a decirle. A Teresa Pàmies le gusta llorar en los cines. A su esposo rara vez se le escaparon las lágrimas. Cosa del condenado pudor masculino. No sé si lloró al escribir Informe a un difunt, pero hay emoción en sus palabras cuando recuerda lo que cuenta en su libro.
Esta entrevista, para respetar el espíritu del Informe, se ha transcrito en forma de monólogo, para que la autora sea la única dueña de las palabras.
de: Restaurant La Taula/Barcelona | 07/05/2008
Benvolguda Sra. Pàmies: "Felicitari pentru cartea care ati publicat, despre sotu Dv. Gregorio". Si vol recordar la vostra epoca de Bucuresti i La Pirenaica, us recomano que vingueu a tastar els nostres "Sarmale cu Varza la Cuptor", farcellets de col romanesos fets al forn, una de les nostres especialitat de la Cuina d' Europa del restaurant La Taula, des de 1994, l'únic de Barcelona amb les especialitats més tipiques de România. Pot visitar la nostra web: www.lataula.com. Fins aviat! Angi i Francesc.
de: Joan Vendrell i Campmany | 22/04/2008
Demà, Diada de Sant Jordi, penso comprar-ne més d'un exemplar, per llegir-lo amb deteniment i atenció, incorporar-lo al meu fons documental i, la resta, obsequiar-lo a famílies que estan passant per situacions també delicades, i que ho agraïran.







