09/03/2008

Teresa Pàmies

Memoria del último adiós al compañero de toda la vida

Texto de José Martí Gómez
Foto de Roger Velázquez
La escritora  Teresa Pàmies publica Informe a un difunt, que dirige a su marido, el histórico dirigente comunista Gregorio López Raimundo, en el que le explica todo cuanto ocurrió en el último periodo de su vida, cuando él era un enfermo dependiente. El libro rebobina el pasado con cariño y sin autocompasión
"Algunos camaradas se quedaban perplejos cuando yo impugnaba tesis del partido. ‘Eso es estar en contra del secretario general’, me decían, porque sabían que era mi marido”

LA MANO DEL HIJO
“Un Informe en el que hablo con él, le recuerdo que murió con una de sus manos enfriándose entre las manos de Antonio, su primer hijo, y recordando eso recupero la carta que él me envió el 5 de febrero de 1956, cuando nació Antonio, y acompaño esa carta con un texto del propio Antonio explicando cómo murió su padre. El capítulo dedicado a recordar al difunto, lo que pasó tras su muerte, se cierra con un texto de Tomás, uno de los dos hijos que tuve en el exilio antes de unirme sentimentalmente a Gregorio. En ese texto, Tomás le llama padre por primera vez. Es un testimonio que revela los valores en los que se ha educado la familia. Con muchos problemas, pero también con mucha solidaridad y el recuerdo de meses de verano en los que siempre quisimos estar juntos, cosa que podíamos hacer porque nos invitaban organizaciones de países comunistas que ayudaban a los hijos de perseguidos dirigentes comunistas españoles y de otros países. No hemos de avergonzarnos por recordar la solidaridad de la URSS, Rumanía, Checoslovaquia, Yugoslavia... Nos ayudaron y ayudaron a la formación de nuestros hijos. Ahí está la historia de la Casa Internacional que se abrió en Rusia para acoger a hijos de comunistas en prisión o exiliados.”

EL CAMBIO DE PERSONALIDAD
“Sí, le recuerdo en el Informe. Tú me llamabas Mi Pequeña y yo te llamaba López. Ya sé que López no es un nombre cariñoso, pero a ti te hacia gracia oírlo en mi boca. ‘¿Recuerdas cuando nos conocimos?’, le pregunto. Claro que lo recordaba. Él y yo. ¿Cómo íbamos a olvidarlo? Nos hicimos novios y, sin apenas tener tiempo de conocernos mejor, nos separamos en la diáspora de la derrota. ‘Es el destino, qué le vamos a hacer’, le dijo mi madre a la suya en el momento de quedarse sola. Él y yo nos reencontramos de nuevo en México al cabo de varios años. Yo ya tenía dos hijos, y decidimos vivir juntos al coincidir en Praga. El Informe recoge nuestra historia en común. Se la explico a él, que ya la conoce, para que a través de mis recuerdos la conozcan los que lean el libro. Pero el Informe recoge algo más: lo que le fui explicando estando enfermo, cómo su enfermedad le transformó en un hombre agresivo, desconsiderado, y cómo ese cambio afectó a nuestros hijos, que se dieron cuenta de que era la salud de la madre la que también peligraba y por eso hicieron todo lo posible para espaciar mis visitas al hospital, ya en la fase final de su vida. Yo seguí yendo siempre que pude aunque sabía que él, arrastrado por la vorágine de la enfermedad, me iba a recibir mal. No me importaba. Por encima de todo estaba el cariño, que es algo más sólido que el amor. Cuando ya necesitaba ir en silla de ruedas, yo le decía que no me gustaba que asistiese a actos públicos en esa situación. ‘No haces bien yendo a esos actos’, le repetía. Él me respondía: ‘Es mi decisión’. En el Informe recojo cómo volvía a casa. Agotado. Con fiebre. Con los pantalones mojados. Siempre estuve en contra de esas salidas, pero los hijos y los nietos estaban a su lado. ‘Lo necesita’, me decían. ‘La gente le quiere, y recibir muestras de cariño le hacen bien’, me repetían. En el Informe le digo a Gregorio que en esas discusiones familiares yo fui la mala.”

DE LA IRONÍA AL SARCASMO
“Siempre traté de evitarle la humillación de que le tuviesen que limpiar gentes extrañas. Me arreglaba con unas jofainas listas para limpiarle cuando me lo devolvían a casa. Un día, mientras le limpiaba, me dijo: ‘La verdad es que no tienes suerte, Pequeña’. Yo le respondí: ‘Tú tampoco, López’, porque si a mí me tocaba el trabajo desagradable de limpiarle, a él le tocaba pasar por el duro trance de asumir que ya no controlaba su cuerpo. Eran momentos en los que todavía existía comunicación entre ambos. Tensa y fugaz, pero se daba. En un momento dado, acordamos que no hablaríamos de nuestros achaques y que, de hacerlo, lo haríamos con ironía. Un día nos pusimos a discutir en plan irónico y de la ironía pasamos a un sarcasmo tan cruel que nos dimos cuenta de que debíamos parar porque podíamos acabar perdiéndonos el respeto. No volvimos a discutir más sobre ese aspecto. No sé si lo evitamos conscientemente o simplemente se debió a que las relaciones fueron perdiendo vida. Y eso fue muy triste.”

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de: Restaurant La Taula/Barcelona | 07/05/2008
Benvolguda Sra. Pàmies: "Felicitari pentru cartea care ati publicat, despre sotu Dv. Gregorio". Si vol recordar la vostra epoca de Bucuresti i La Pirenaica, us recomano que vingueu a tastar els nostres "Sarmale cu Varza la Cuptor", farcellets de col romanesos fets al forn, una de les nostres especialitat de la Cuina d' Europa del restaurant La Taula, des de 1994, l'únic de Barcelona amb les especialitats més tipiques de România. Pot visitar la nostra web: www.lataula.com. Fins aviat! Angi i Francesc.
de: Joan Vendrell i Campmany | 22/04/2008
Demà, Diada de Sant Jordi, penso comprar-ne més d'un exemplar, per llegir-lo amb deteniment i atenció, incorporar-lo al meu fons documental i, la resta, obsequiar-lo a famílies que estan passant per situacions també delicades, i que ho agraïran.
23 de noviembre
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