Teresa Pàmies
Memoria del último adiós al compañero de toda la vida
El Informe a un difunt ha terminado. Teresa Pàmies me enseña unas fotos familiares. La del nicho que recibió las cenizas de su esposo, entre ellas. La lápida, cumpliendo los deseos de López Raimundo, se actualizó para reunir los restos de Gregorio junto a los de su hermano Antonio, muerto durante la Guerra Civil. Me explica que cuando su esposo murió, el novelista Francisco Candel ya estaba muy grave y no pudo enviarle ninguna carta de condolencia, pero su biógrafo ha explicado que al saber de la noticia, tumbado en la cama del hospital, Candel, el que abrió los ojos hacia el mundo de la inmigración con el libro Los otros catalanes, estrujó la sábana en un gesto de impotencia.
Sentada a la mesa en el pequeño comedor del que ha sido su hogar desde que regresó a Barcelona, Teresa Pàmies lanza una mirada fugaz al sillón en el que reposó su esposo antes de ingresar en el hospital. Escribir el Informe le ha permitido superar el vacío de la ausencia, dice.
Como todas las mañanas, Teresa extiende sobre la mesa las páginas de los periódicos que lee cada día y ante una noticia que le llama la atención levanta los ojos hacia la butaca o gira la vista hacia la habitación en la que él dormía y siente el impulso de exclamar: “Mira qué dicen, Gregorio”, que eso era lo que también le decía cuando al regresar del mercado le traía el último rumor de la calle. Pero Teresa frena el impulso y vuelve a leer, porque él ya no está ni estará nunca. Pero, pese a ser muy consciente de eso, a veces le habla.
UN POLÍTICO DE RESIDENTES
Gregorio López Raimundo (Tauste, Zaragoza, 1914-Barcelona, 2007) vivió en la clandestinidad una veintena de años, pues tras haber sido expulsado de España en 1954 volvió de inmediato para dirigir el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). Años después, en 1965, fue elegido secretario general del partido, siempre en la clandestinidad. Defensor de la corriente eurocomunista de Santiago Carrillo, fue diputado en tres ocasiones. El cantante Raimon le dedicó en 1973, sin citar su nombre, una canción T’he conegut sempre igual, que arranca con la frase: “T’he conegut sempre igual com ara, els cabells blancs, la bondat a la cara” (Te he conocido siempre igual que ahora, los cabellos blancos, la bondad en la cara). Uno de sus hijos es el escritor Sergi Pàmies.







