16/03/2008

Thomas Buergenthal

El peor crimen de los nazis fue borrar la memoria de las víctimas

Texto de José Martí Gómez
Fotos de Llibert Teixidó
Las memorias de Thomas Buergenthal reavivan los relatos de quienes pasaron por los campos de exterminio nazi. Pero añaden el punto de vista singular del niño que era entonces: un crío que logró sobrevivir  al horror más inhumano. Tras una vida profesional como juez en Estados Unidos y en organismos internacionales de justicia, dejó fluir sus recuerdos en el libro Un niño afortunado.
“La memoria tiene un papel crucial en mi relato. Sólo hice una investigación: fue para conocer la fecha de mi llegada a Auschwitz”
En la pared del barracón de Auschwitz, uno de los presos dejó escrito su último mensaje:
“Cuando tu cuerpo
ya no exista, tu
espíritu estará aún más
vivo en el recuerdo de
quienes se quedan. Haz que pueda servir siempre
como ejemplo”.
Los versos se los recitó a Joan Pagés, deportado en el campo de Mathausen, uno de los prisioneros españoles evacuados por las tropas alemanas cuando Auschwitz fue desmantelado. Aquel hombre, en el que Pagés se vio reflejado en su imagen famélica, le explicó que su columna de presos había tardado veintiséis días en cubrir el trayecto entre Auschwitz y Mathausen.
Pagés me contó esa historia al cumplirse en 1975 los treinta años del fin de Auschwitz, un campo de exterminio que ocupaba cuarenta kilómetros cuadrados de superficie, tenía seiscientas barracas y treinta y nueve campos anexos. Millones de personas perecieron en cámaras de gas tras las alambradas electrificadas que cercaban el campo, y miles de personas más perdieron la vida en la marcha de la muerte que se inició una madrugada de enero con miles de presos evacuando Auschwitz para dirigirse hacia otros campos caminando sobre la nieve, viajando en descubiertos vagones de tren, durmiendo a la intemperie.
Thomas Buergenthal era uno de los que formaban en la larga fila de prisioneros, y su recuerdo de la marcha de la muerte lo recoge en su libro: “No bien empezamos a marchar volví la vista atrás hacia la inmensa extensión de tierra con sus cientos de barracones, edificios administrativos, torres de guardia y cercas de alambre electrificadas. Más lejos, en la distancia, vi los restos parcialmente destruidos de los crematorios que las SS habían intentado demoler. Me costaba creer que estaba marchándome con vida de ese terrible lugar”.
Existe una amplia bibliografía sobre la experiencia personal de los años pasados en campos de exterminio nazi. Todas vienen a contar lo mismo porque idéntico es el horror de los testimonios, pero uno cualquiera de esos libros, que literariamente cada autor modula según su estilo, vuelve a conmoverte pese a que hace ya tiempo que supiste de historias de gentes que en su mayoría murieron y otras salvaron la vida porque fueron afortunadas.
Thomas Buergenthal fue de estas últimas. Por eso el título de su libro: Un niño afortunado (editado por Plataforma). Era un niño cuando empezó su largo itinerario por guetos y campos de internamiento primero y de exterminio más tarde. Sobrevivió y, tras emigrar a Estados Unidos al finalizar la guerra mundial, estudio Derecho, ejerció la docencia e hizo carrera como juez en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y en la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya.
Lo que impresiona al hablar con supervivientes de Treblinka, Auschwitz, Mathausen... es el proceso de su memoria: la mayoría de ellos tiene dificultades para recordar lo que hicieron ayer, pero retienen con precisión de secuencia cinematográfica su vida en aquellos campos. Dirías, hablando con ellos, que sobreviven solamente para recordar. Thomas Buergenthal también ha sido afortunado en esto: recuerda el ayer, pero vive el presente.
Es un hombre de rostro bondadoso y gesto tranquilo. ¿Hay en su sonrisa tímida algo del niño que aprendió a sobrevivir en unas condiciones adversas? Mientras le oyes hablar y le miras, te formulas muchas preguntas sobre su personalidad pero lees cómo fue su infancia y las únicas respuestas que puedes darte son las que te da él.
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