15/06/2008

"Hay maneras de amar que pueden hundir al otro”

Texto de Ima Sanchís
Foto de Pedro Madueño
Walter Riso es un experto en relaciones de pareja y como tal advierte de sus manifestaciones enfermizas, que pueden llegar a ser un problema de salud pública.
En Amores altamente peligrosos, (Planeta/Zenith), Riso analiza los estilos afectivos de los cuales sería mejor no enamorarse. No se trata, dice, de modelos aislados, sino que suman, en su caso extremo, entre un 20 y un 30% de la población. El autor concluye que el mal amor es un tema de salud pública y que urge enseñar a los niños maneras saludables de amar.
“Hay una pregunta esencial que uno se debe hacer, aunque parezca políticamente incorrecta: ¿me merece o no me merece?”

¿Por qué resulta tan difícil ­abandonarlos?
Junto a un esquizoide, las mujeres entran en depresión; junto a un narcisista, desaparece su autoestima, y junto a un sociópata, acaban siendo maltratadas físicamente. A un paranoide es muy difícil dejarlo, no hay por dónde entrarle porque rompe algo fundamental que es la confianza básica. La única certeza que puedes tener en amor es que tu pareja nunca va a hacerte daño intencionadamente.

¿Qué estilo afectivo disfuncional suelen padecer las mujeres?
Los amores caóticos (no sé quién soy ni qué quiero) y los subversivos (tu proximidad afectiva me aprisiona, tu lejanía me genera inseguridad) son más frecuentes en mujeres. Y en el estilo histriónico/teatral ambos sexos compiten por el primer puesto. En el resto de los estilos afectivos los hombres son los primeros. Desde tiempos de Freud, el histeriquismo es cosa de mujeres. En el estilo histriónico, el hostigante, exhibicionista y seductor, era territorio femenino, pero ya no. Se trata de personas que viven insatisfechas porque necesitan tanto ser aprobadas y seducir, que si ven que el otro se distrae un poco pierden el control. Yo diría que el amor enfermizo en todas sus manifestaciones es un problema de salud pública al que hay que poner coto.

¿Cómo se hace eso?
Con prevención, debemos empezar en los colegios.

¿Qué hay que decir a los niños?
Que son dignos, que su autorrealización es fundamental, que el amor no lo justifica todo, que hay cosas que se hacen por amor que son estúpidas y que su autonomía es importante. Hay que crear nuevos cuentos que expliquen que el amor universal es un valor central, pero que ese amor no se puede llevar a la relación de pareja. El amor se ha enseñado mal, se ha sobrevalorado en nuestra cultura, y creo que hay que pellizcarle la nalga, traerlo a la realidad y cuestionarlo.

Los solteros quieren pareja; los casados, soledad…Lo compruebo a diario. Deberíamos hablar del buen amor y del mal amor. La primera condición de un buen amor es sentirse correspondido, es decir: que te quieran de acuerdo con lo que tú necesitas, sentirse retribuido en la medida de la reciprocidad, y eso no es negociable. La segunda condición es que tu autorrealización personal no se vea obstaculizada. En nuestra cultura se ha asociado el amor al sacrificio y al sufrimiento, pero yo creo que ese sacrificio tiene límites. Si mi pareja me pide que abandone mi carrera para cuidar de la familia, no sólo hay que dudar de su amor, sino tener en cuenta que la autorrealización es algo fundamental para el ser humano. Y la tercera condición sería la dignidad, que no violen mis principios y mis valores; si yo soy testigo de Jehová y mi marido me pide que abandone, o si yo pienso que no debo practicar el intercambio de parejas y él insiste… Hay principios que no son negociables. Y hay amores que no son democráticos.

¿…?
De igual a igual. Yo no creo en las almas gemelas ni en la fusión. El amor es una decisión política, estamos sindicalizados en el amor, juntos lo hacemos mejor. La mejor definición de amor la da Spinoza: “Me alegro de que existas”. Se trata de un individualismo responsable, lo que el Dalai Lama llama un egoísmo sabio: te quiero y me quiero.

Los matrimonios felices se pueden contar con los dedos de una mano.
En Estados Unidos el número de separados supera al de casados. Pero yo diría que hay un 25% de matrimonios que logra construir una relación que merece la pena. No son parejas perfectas, pero están involucrados en un proceso de crecimiento. En el amor no hay que usar ni el pasado (“yo te he amado siempre mucho”) ni el futuro (“te querré siempre”), hay que usar el gerundio: “Te estoy amando”. Eso significa que todos los días estoy construyendo la pareja y revisándola.

Quizá el mayor problema sea saber hasta cuándo y hasta dónde...
La primera pregunta esencial es saber si tu dignidad y tus valores se ven afectados. El segundo paso es comunicarte, poner claro qué necesitas. El tercer paso es ver si lo lleva a cabo o no. Pero hay otra pregunta esencial que uno se debe hacer y que aparentemente es políticamente incorrecta: “¿Me merece o no me merece?”.

Hay otro capítulo importante en el mundo de la relación de pareja y es el de compartir la presencia con los hijos.
Yo creo que a un hombre no hay que educarlo emocionalmente, es obvio que cuando el niño hace su función de teatro el papá tiene que estar ahí, y eso entra dentro del saco de las cosas no negociables. Mi padre era un emigrante y nunca estuvo en ninguno de mis momentos importantes porque estaba peleando por la supervivencia. Como hijo se lo perdono, pero no sé si como pareja se lo hubiera perdonado. Le diré algo sorprendente, la mayoría de los que hacen pedagogía sexual con los varones son las mujeres, no los hombres. Y le diré también que la relación de un padre con una hija es básica para ella. Los hombres no pueden descuidar el papel de educadores por el papel de proveedores, me parece muy primitivo. El hombre tiene que entender que en una sociedad moderna debe realizar distintos papeles y, si no, ¿para qué se casa? Clínicamente hablando, uno no puede tener un hijo si el hijo no es profundamente deseado, un hijo no debería improvisarse o ser el fruto de un despiste. Y el hecho de que le ocurra a la mayoría no lo justifica.

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