“Maestro es el que es capaz de tener discípulos mejores que uno mismo”

El doctor Rozman saluda a un colega en los pasillos del hospital Clínic de Barcelon
Se levanta con inesperada agilidad, le bailan los ojos tras esa montura ligera que recuerda a Indro Montanelli. Brillante, curioso, acerado, se acerca a la estantería y escoge la última edición de esta joya, todavía en proceso de filtrado y perfeccionamiento, que es el libro de medicina interna, español, más conocido de todos los tiempos. Coloquialmente, el Farreras-Rozman, presente en tantas mesas de despacho de profesionales de la medicina. “Ahora andamos preparando la versión digital.”
Referente internacional en hematología, Rozman es considerado maestro por excelencia para varias generaciones de médicos. En cuanto al libro homenaje que ha puesto de acuerdo a setenta profesionales para loar su figura, Rozman prefiere llamarle, cariñosamente, “proyecto pre-póstum”: Ciril Rozman. El reto asumido (Ed. Fundación Medicina y Humanidades Médicas). Madrugador por naturaleza, es de los primeros que llega al hospital Clínic de Barcelona –“mi pequeña patria”– puntual, cada mañana. Dicen que, tozudo, Rozman es un ejemplo de constancia y excelencia.
Usted ha estudiado más de diez lenguas en su vida.
Trece, entre las muertas y las vivas. Pero es una pérdida de tiempo.
¿Por qué?
Porque eso que dicen de que el saber no ocupa lugar no es cierto. Con esto ocurre como con la capacidad de los CD. Cuando no cabe más, no cabe más. Yo mantengo una idea romántica respecto a las lenguas. Creo que todos funcionaríamos mejor con dos lenguas: una sería la materna, la de los sentimientos nacionales, y la otra, una lengua franca, el esperanto.
Que fracasó.
Se ha perdido. En 1955, la mejor revista hematológica del mundo ofrecía resúmenes en inglés, francés y esperanto. Así, todos los investigadores del mundo podíamos tener acceso a la información. El esperanto de hoy es el inglés, dentro de unos años será el chino. Es injusto. Porque en una discusión los nativos te ganan, no porque tengan razón sino porque hablan mejor que tú.
Usted aprendió el castellano en un tiempo récord.
Yo me fui de Eslovenia en 1945, todavía no tenía quince años. Y pasé varios años en campos de concentración. Llegué aquí en 1948 y empecé la carrera.
Por azar. Cree mucho en el azar.
Totalmente. La vida no se puede programar.
Y “un médico sólo llega a ser completo si ha sido internista”, escribió usted.
Lo creo. He hecho docencia y mucha investigación en hematología. Así que me definiría como “un universitario que ha intentado cumplir con todo”. No sólo me preocupé de publicar trabajos sino de pensar en el futuro. Recientemente me he visto obligado a inaugurar mi espacio electrónico, ¡estamos en esa era! Es el blog de Rozman (http://blogderozman.wordpress.com/) y allí acabo de publicar un artículo sobre la sostenibilidad del sistema sanitario. A mí esto me preocupa mucho.
¿No es sostenible el sistema sanitario?
¡No se aguanta! Cuando se discutía tanto sobre la cuestión del copago, me vino a la cabeza la cita del doctor López Casasnovas, académico y economista de la salud: “Hay que acabar con dos viejos tabús: todo para todos e inmediatamente”. La sanidad española, de los países occidentales, ha avanzado. Que sea de acceso universal es buena cosa, pero hay que añadir sentido común porque, del modo que funciona la medicina, eso ya no es sostenible.
¿El usuario del sistema sanitario está mal acostumbrado?
A reclamar derechos y no cumplir algunos deberes.
Como la prevención.
Exacto. No nos hacen ni caso. Si usted revisa la legislatura anterior, en la lista de derechos y deberes del usuario sanitario catalán hay un 90% de derechos y un 10% de deberes.
¿De dónde saca usted tanta vitalidad?
Duermo poco. Aún tengo proyectos y muchas ilusiones. Supongo que todo se resume en eso: me levanto cada día a las seis de la mañana.
El doctor Voltas relata las sesiones maratonianas de estudio que se imponían ustedes de jóvenes. Empezaban a las diez y media de la noche, receso a la una y más estudio hasta las seis de la mañana.
Esto no era muy sano, lo reconozco. Lo hacíamos antes de los exámenes. Somos cuñados, nos casamos el mismo día con dos hermanas. Pero, aparte de esos excesos, siempre he intentado llevar una vida de horario europeo. Leyendo me enteré, por casualidad, de que en España, entre los años 1930 y 1936, el horario era europeo, la gente comía a la una del mediodía y cenaba a las siete.
¿Por qué cambiamos los horarios?
Porque tras la Guerra Civil había tanto pluriempleo que los hombres llegaban muy tarde a sus casas para comer. Pero yo, por mi procedencia, sigo siendo de los que se levantan temprano y se acuestan temprano. A veces, en plena cena social, me levanto, pido excusas y me voy a la cama.
Usted salió de su país huyendo de una dictadura estalinista para llegar aquí y encontrarse una dictadura franquista. ¿Cómo se digiere eso?
Pues no muy cómodamente, al principio. Yo hui, como muchos civiles, porque esa parte de Yugoslavia llamada Eslovenia vivía una situación trágica. No era una dictadura estalinista impuesta, había una ocupación doble –alemanes e italianos– y además una guerra civil. A mí me mataron a un hermano, mis padres querían quedarse, pero unos vecinos les recomendaron que se fueran. Mi familia era católica convencida. Se separó trágicamente.
Usted acabó en un campo de refugiados en Nápoles.
Y en un tren con 800 personas, dirección Hamburgo, para embarcar hacia Argentina. Ese era mi destino. Pero paró el tren. Alguien se acercó y me ofreció la posibilidad de estudiar una carrera en Barcelona. Decidí lo que sería mi vida en tres segundos. Y empecé a estudiar medicina simulando que no tenía el bachillerato. Lo tenía, pero dije que no porque aquí se aplicaba una protección especial para los estudiantes que llegaban de detrás del telón de acero.
¿Quién pagó su carrera?
Había una organización americana, Europa Libre, que me ayudó durante la carrera. Empezamos a vivir en Barcelona de cualquier manera. No pensaba mucho en la política, era muy jovencito, pero muchas cosas de la política que me rodeaba no me gustaban, obviamente. Estuve muy contento cuando aquí se estableció el sistema democrático y más todavía cuando se estableció en Eslovenia.
¿Es cierto que en su diploma de Medicina figura apátrida?
Sí, a mí me robaron la condición de esloveno. La he recuperado, y ahora ¡incluso me han dado una condecoración: Embajador de la Ciencia en la República Eslovena! He tenido mucha amistad con el señor Jordi Pujol y con él he hablado muchas veces de la analogía entre Eslovenia y Cataluña. El sentimiento nacional es muy similar. Pujol dice que tiene una parte de mérito personal en la independencia eslovena. Porque el president de la Generalitat albergó en la Casa dels Canonges al que sería primer presidente de Eslovenia independiente, jefe del partido comunista de allí. Le preguntó a Pujol: “¿Qué debemos hacer en nuestro país?”, y Pujol le contestó: “Lo que tengáis que hacer… ¡hacedlo rápido!”. Bromea Pujol diciendo que se merece una estatua al lado de la del poeta esloveno por excelencia.







