Sol León
"Odio las emociones porque las tengo muy fuertes"

Muy pocos espectadores saben que detrás de los éxitos de la renombrada Nederlands Dans Theater está también el talento de la cordobesa Sol León. Desde La Haya, se ha convertido en uno de los nombres de referencia de la danza contemporánea después de que durante años de trabajo junto al coreógrafo británico Paul Lightfoot, en la misma compañía, no se hiciera énfasis en su persona. Este liderazgo bicéfalo de Lightfoot y León ha asumido la responsabilidad de llevar adelante una compañía hasta ahora vinculada al prestigio del mítico Jirí Kylián, recientemente entrevistado por este Magazine. “Sería un placer que mi país pudiera ver lo que hago ahora que he llegado a mi madurez expresiva”, comenta León en un camerino del Liceu barcelonés. “Es ahora cuando surge la raíz.”
Su lenguaje es heredero del sello que tantos éxitos reporta al Nederlands Dans Theater (NDT): cosmopolita en la inspiración y riguroso en la técnica. ¿Cuánto pesa la influencia del coreógrafo Jirí Kylián, ese orfebre de las emociones?
No pesa tanto. Ha sido mi director y mi coreógrafo, pero también bailé para Hans Van Manen y Ohad Naharin. Lo de la influencia es un dame y toma. Es normal que trabajando juntos durante años las influencias bailen juntas en el estudio. Kylián es un artista muy inteligente que ha sabido rodearse de gente creativa y artística, ha sabido llamar a otros coreógrafos que complementaran su trabajo. Todos nos enriquecíamos.
Entonces, ¿no fue su padrino?
Mi padrino como bailarina ha sido Van Manen, que desde el primer momento se sintió atraído por el temperamento español. Al tener un estilo más simple, más holandés, claro y clásico, lo que buscaba eran personalidades. A más simpleza coreográfica, más podía aflorar el bailarín. Eso me enriqueció. Con Jirí era otra cosa: le respetaba por la calidad que conseguía, pero era más crítica. “¿Por qué no hace eso o lo otro?”, pensaba yo. Como nos invitó pronto a Paul y a mí a coreografiar, lo que yo sentía que me faltaba en su trabajo lo ponía en el mío.
¿Qué ha aprendido de él?
Con los años y la diferencia generacional le he ido comprendiendo como persona. Jirí ha sufrido mucho. Es un gran filósofo de la vida y está en el agua como nosotros, aunque más lejos. Miro sus pasos y pienso: ¿por qué hay que ser tan intenso?, ¿cuál es el precio de la intensidad de mi vida? Y luego está el conflicto personal que vives al convertirte en artista y de pronto tener una compañía. Afloran cuestiones políticas: es la confrontación arte-negocio. Das toda tu vida a ese arte y de repente llega alguien de fuera a financiar… Eso duele, rompe la capa de inocencia del artista.
¿Le pesa la administración en el Nederlands Dans Theater?
Ha habido un cambio generacional y hay menos gente artística. Eso me preocupa. Esa compañía nació de bailarines rebeldes y de gente a la que lo único que le interesaba era crear y bailar, pero con el tiempo se convirtió en una enorme institución, un imperio. Paul y yo somos de los pocos que quedamos. Quienes lo llevan no son conscientes de la esencia. Se llegó muy alto en la evolución artística, tan alto que desde arriba no se ven los cimientos.
Pero ustedes prefirieron no sustituir a Kylián en la dirección artística.
Lo desaconsejó. Él se fue porque no podía seguir siendo director y crear a la vez. Sin embargo, tampoco puedes crear si quien dirige no te entiende.
¿Le echan de menos?
Era un director increíble. Era un artista puro, lo que es perfecto para dirigir: lo demuestra el hecho de que conviviera con otros artistas, de que pudieran vivir en la casa todos juntos. Luego vino Anders Hellström, que también es un artista, pero no pudo soportar el peso. Y ahora, bueno…
¿Y qué dice de otras grandes compañías del mundo?
Hay que tener cuidado porque la NDT es una compañía modelo en la que se miran muchas otras.
¿Le parece que la danza se va a resentir de la crisis?
Afortunadamente, a más crisis, más aflora el artista. Lo que se tendrá en cuenta al final es el discurso del artista, porque es el que tiene la ventaja de poder decir la verdad, de interpretar una emoción. Como Goya. Me apasiona Goya. Puede tener ideales, pero la esencia del artista auténtico es universal, y queda. Ahora quieren convertir el NDT en un museo, contenerlo, agarrarlo, y el artista se resiste a ser atrapado. Como mujer, como madre, como artista…, tengo una gran responsabilidad, porque, aunque me confunda, he de decir esas cosas que muchas mujeres sienten, cosas fuertes.
¿Ser mujer le ha causado sufrimientos en su faceta creativa?
Fue muy duro. Había mucho ruido a mi alrededor: yo era una nueva fuerza creativa, algo diferente, innovador, y además estaba al lado de Kylián. Mucha gente quería eso. Aunque él no nos ayudó ni nos dejó de ayudar. Su lema es: “Naces, te tiras, ¿vuelas? Bien. ¿Caes? Fuera”. Esa es la fuerza masculina que he tenido yo en mi vida.
Pero su trabajo quedó durante años a la sombra del de Lightfoot.
Sí, pero nadie tiene culpa de nada. Los condicionamientos vienen de tu propio ser. Yo no estaba fuerte entonces como mujer. Me sentía cohibida. La gente pedía un nombre: el masculino, claro, el de Paul, y decían: “Tú eres la inspiración”.
Pero… ¡oiga! ¡La relegaron a musa! ¿Cómo lo sobrellevó?
Eso me inspiró aún más. Paul y yo empezamos juntos como coreógrafos, pero si yo me hubiera empeñado en dar a conocer mi nombre, no habría podido soportar la presión ni hacer lo que he hecho. El instinto me dio una fuerza femenina que me otorgó poder. Y Paul siempre respetó eso en mí y se inspiró también.
¿Está diciendo que la fuerza femenina funciona mejor a la sombra?
No. Simplemente, tiene que encontrar su propia manera de respirar.







