02/08/2009

"Obama nos ha quitado el miedo”

Texto de Xavi Ayén
Fotos de Kim Manresa
Toni Morrison, el único Nobel de literatura vivo de Estados Unidos, es la principal testigo literaria de los grandes cambios que se están produciendo en su país. Mujer y negra, cronista de la epopeya de una etnia castigada, su obra habla de esclavitud, de la historia de las retaguardias familiares de los pioneros, de sufrir por no tener los ojos azules. Está convencida de que Obama representa una nueva actitud que lo invade todo, el inicio de algo nuevo.

Toni Morrison posa en una de las dependencias de la Universidad de Princeton, donde da clases

Unas antiguas dependencias de la policía de Nueva York, reconvertidas en imponente edificio de apartamentos de lujo, acogen en la Gran Manzana el dúplex que la escritora Toni Morrison llama modestamente “mi estudio”. Allí recibe al Magazine para una entrevista que se prolongará, unos días después, en el cercano campus de Princeton, en el que da clases y tiene otra casa, en la avenida principal. Morrison es un auténtico ídolo en EE.UU., la gente la detiene por la calle, la abraza y le comenta sus inquietudes más personales, como si la conocieran de toda la vida (“a mi marido ya no le hago tanta ilusión, ¿sabes?”). Antes de llegar a su piso, en el quiosco de la esquina, encontramos varias revistas negras, escritas por periodistas negros y que hablan de famosos negros (deportistas, presentadores, actores, políticos…), como si existiera un mundo sólo de negros, al igual que, al lado, hay revistas que se diría sólo de blancos. Estados Unidos tiene un problema racial aunque, con la llegada de Barack Obama a la presidencia, las cosas estén cambiando a marchas forzadas. La novela favorita de Obama es, precisamente, La canción de Salomón, que Toni Morrison (Lorain, Ohio, 1931) escribió en 1977, una saga familiar ambientada en los guetos raciales de los años 60. Morrison es el único premio Nobel vivo de literatura con nacionalidad estadounidense, y la principal testigo literaria de todos esos cambios que se están produciendo. Cronista de la epopeya de una raza castigada, de personajes que sufren, viven y aman con intensidad, ha publicado recientemente la novela Una bendición (Lumen en castellano, Àmsterdam en catalán). Su voz y sus gestos derrochan tanta autoconfianza como feminidad (“¡no, no me hagan fotos ahora! –comenta–, espérense a la fiesta de fin de curso en la universidad, por favor, que me habré arreglado y puesto guapa”).

¿Por qué vuelve a tratar el tema de la esclavitud en su nueva novela? ¿Qué le quedaba por decir?
No escribía sobre la esclavitud desde 1987, cuando publiqué Beloved. Entonces quise mostrar cómo aquel sistema nos convirtió en infrahumanos a todos. Ahora he querido cuestionar la mitología de este país, ese cuento de hadas nacional sobre cómo era EE.UU. en sus inicios. En los siglos XVII y XVIII, este fue el punto de encuentro de todo el mundo, vino gente de todos los lugares del planeta. Y la esclavitud todavía no se había asociado a una raza, la negra.

Muchos lectores van a descubrir eso, gracias a esta novela, que había esclavos de raza blanca
Sí, así es. Los esclavos eran los parias, los más pobres, miserables y desafortunados, fueran del color que fueran. Más tarde, el racismo separó a los pobres blancos de los pobres negros y se creó una subclase nueva, incluso por debajo de los peores.

En los años en que se desarrolla su novela, ni siquiera existía Estados Unidos...
Había colonias y una recepción constante de gente, un movimiento de población humana enorme, ciudades que cambiaban de nombre, otras que se creaban de la nada, pugnas por pertenecer a una o a otra comunidad, holandeses, italianos, suizos, qué sé yo, un aluvión de gente de todo el mundo que venía aquí atraída por los recursos naturales, por el oro, por la vegetación…

En ese contexto, la religión, las religiones, fueron muy importantes…
Lo relaciono con esa idea tan americana del individualismo: el mito de vivir solo, sin familia o abandonándola para irse a vivir aventuras, es algo que forma parte del imaginario de la nación americana, con la figura del cowboy, un tipo duro, como su máximo exponente. Pero a mí me importa saber qué sucede cuando el hombre se va. ¿Qué tipo de familia y de personas genera eso? La mujer se queda sin ningún apoyo, sola con los niños, y entonces llama a las puertas de la iglesia, que le ofrece ayuda e integración en una comunidad, una socialización. También he querido transmitir la experiencia que supone llegar a un país desconocido, solo, empezando desde cero, sin nada en los bolsillos… pero eludiendo todas esas mentiras del sueño americano.

Aquí, como en otros libros suyos, vemos la aparición repentina de un hombre que transforma a la mujer.
No quise darle un nombre propio, lo llamo el herrero. Libre, africano, negro… Para él, la esclavitud es una cuestión de mentalidad. La esclavitud fue algo universal, se dio en todos los países y regiones. La aportación de mi país fue asociar la raza negra a la falta de libertad, eso fue algo premeditado, construido, legalizado por diferentes procedimientos especiales, con el fin de proteger los privilegios de los más ricos, creando un sistema político, económico y social a gran escala que descansaba sobre la base del trabajo no pagado. Y el racismo todavía sigue operando hoy en día, mostrando su eficacia como instrumento para perpetuar las divisiones en contra de lo que debería ser una verdadera democracia.

¿El racismo no ha desaparecido?
No. Ni tampoco la esclavitud, que ya no es una institución formal, pero sí existe la absoluta falta de libertad, que es lo mismo.

Entrevistas 1 | 2 | 3 | siguiente
de: Koala | 06/08/2009
Qué tía más cínica, ella que se oponía a Obama y decía que no era un verdadero afroamericano, porque no era descendientes de esclavos, ahora va y se apunta a apoyarle. Buá...

Por seguridad copia en la casilla de texto el código que aparece en la imagen inferior antes de enviar el formulario con tus datos.

captcha Escribe el código que aparece en la imagen
29 de agosto
29 de agosto
Publicidad
Buscar en